martes, 23 de abril de 2013

Manaus, probablemente la ciudad más fea del mundo



Manaus, Brasil

Un trayecto de casi 3 horas de coche separa el archipiélago de Anavilhanas de la urbe de Manaus, río abajo, desde donde esta tarde sale mi vuelo a Sao Paulo y, desde allí, el regreso a Barcelona. El conductor del transfer nos ofrece "rellenar" la mañana con una visita a la ciudad y una excursión en barco a la confluencia del Río Negro con el Amazonas. Un matrimonio americano y yo aceptamos la propuesta pensando que la ciudad merecía un tour.

Pronto nos percatamos de nuestro error. Normalmente uno espera de un city tour ...pues eso... monumentos y edificios interesantes, pasear por calles y barrios típicos, admirar catedrales, ayuntamientos, plazas, parques, estatuas... Nada de todo eso hay en Manaus, solo edificios y calles caóticas, sin ningún plan urbanístico, casas con las paredes que se caen, millones de cables eléctricos, y grafitties que todo lo embrutecen. Hay, sin embargo, un edificio del que están orgullosos los ciudadanos y que es visita absolutamente obligada (¡cómo no!): es el Teatro Amazonas (o de la ópera), con su techo de Alsacia, muebles de París, mármoles de Carrara, cristales de Murano, y aceros de Inglaterra. Todo un lujo fruto de lo que fue una época próspera.



Manaus, la capital de Amazonia, es hoy una una gran urbe, cuyo radio metropolitano alberga a 2,2 millones de habitantes. En la actualidad pobre y decadente, a principios de siglo XX era una de las ciudades más prósperas del mundo por la denominada Fiebre del Caucho.

La explosiva demanda del látex extraído de ciertos árboles de esta zona para la producción de neumáticos y otros productos derivados de la vulcanización provocó la venida de miles de personas, atrayendo riqueza y cultura.

Manaus fue la primera ciudad de Brasil en disponer de luz eléctrica y alcantarillado. Por sus teatros, palacios y mercados, llegó a ser conocida como el París de los trópicos (cuesta creerlo). Tuvo hasta 15 km de vía de tranvía eléctrico cuando en Boston o Nueva York los tranvías todavía eran tirados por caballos.

Pero eso eran otras épocas. Aparte de explicarnos un poco de historia, se nota en el aire que nuestro guía-conductor no sabe qué más enseñar de una ciudad que realmente no da para un tour turístico. Como punto final nos propone un paseo en barco hasta la confluencia de los dos grandes ríos de este país: el Amazonas con el Río Negro, y palpar con nuestros propios ojos (y manos) lo que allí ocurre.



Resulta que las aguas de esos dos ríos tienen propiedades muy diferentes: las del Río Negro son negras, ácidas, frías, densas y lentas, mientras que las del Amazonas son marrones, neutras, calientes, fluídas y rápidas. Tan marcadas son esas diferencias que las aguas de los dos ríos no se mezclan al encontrarse, sino que prosiguen río abajo durante 6 km, "juntas pero no revueltas". Ello constituye lo que seguramente es la principal atracción turística de la ciudad. 


Bueno, algo es algo.

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