viernes, 1 de marzo de 2013

Curio Bay, la playa donde los delfines hacen surf




Curio Bay, South Island, Nueva Zelanda

Hoy aprovecho la fantástica estancia en el B&B Dunluce de Te Anau y alargo mi despertar hasta la 8. Desayuno junto con mis otros colegas del B&B: dos matrimonios ingleses, educadísimos y viajadores. Ya tenía ganas de un poco de sociedad tras tantos días en solitario.

El señor de la casa me pone al día de lo que “tengo que ver” en mi camino hacia The Catlins (que en neozelandés suena a "de cátalans" !!) en la costa sur de la isla: zonas húmedas, museos, playas, pueblos... uf... demasiadas cosas.

Me lo tomo con calma y salgo de Te Anau con destino a Curio Bay en lo que acaba siendo otro largo recorrido. La primera parada es en el Maccrackens Rest, mi primer contacto con la costa sur.



Luego, otro descanso en Gemstone Beach (playa de la gemas) vecina a Orepuki, en cuyas arenas se encuentran infinidad de piedras de colores semicristalinas, limadas por la erosión del mar.



Un poco más abajo, el islote Monkey, un promontorio con un mirador en una playa solitaria (de humanos).



Atravieso rápido la población sureña de Invercargill (he cogido tírria a las ciudades) pero me pierdo por su interior, al igual que me perdí en Christchurch (en NZ están muy bien señalados los senderos y puntos de interés, pero dentro de las ciudades es un desastre). Orientado por el sol norteño del medio día austral, doy por fin con una carretera que va hacia el este. Tarde o temprano toparé con la que me llevará a los Catlins, así que confío en mis conocimientos de mecánica celeste y prosigo perpendicular a las sombras de los postes.

Los Catlins comprenden toda la costa sur de la isla, desde Dunedin hasta Invercargill. Es una de las zonas menos visitadas por los turistas, y aún así, es rica en paisajes salvajes y naturales. 

Después de 70 km de carretera en parte no asfaltada, llego a Curio Bay, una gran bahía cuya particularidad especial es que vienen los delfines de Hector a surfear.





La noche anterior había reservado por internet una habitación frente a esta playa. Al llegar al punto indicado no encuentro a nadie, pero me dijeron por mail lo que tenía que hacer: ir a un colgador del garaje, buscar una llave con mi nombre, y seguir las indicaciones de dónde está mi “casa”. Sigo al pie de la letra lo que está escrito, abro la puerta, y me encuentro con esto (!)



Feliz, me doy un paseo por la playa. Enseguida veo una docena de delfines, pero hoy no surfean porque no hay olas. Simplemente acuden a curiosear y ver quién anda por ahí. Una turista se mete en el agua para verlos de cerca.







Un poco más allá veo un tronco en la arena, ideal para sentarme un rato. Me acerco, y no...resulta que no es un tronco sino un león marino haciendo una apacible siesta en la playa. Por suerte me doy cuenta a tiempo.




Tras el paseo por la playa, vuelvo a coger el coche y me acerco a la Slope Point, la punta más septentrional de la Isla Sur.





Esta es una zona fuertemente castigada por el viento. Todos los árboles de primera línea tienen un aspecto similar al de la melena de un león mirando al viento.



Finalmente regreso a mi casa, cansado de tanta carretera y, sí, también de tanta fotografía. Me espera un atardecer apacible frente a esta maravillosa bahía. A eso de las 10 aparece la luna por detrás del horizonte. Cierro la luz, me meto en la cama, y al cabo de 15 minutos oigo un jolgorio afuera que va en aumento: son los pingüinos ojigualdos u Hoihos que salen del agua, suben por la playa y vienen a dormir aquí, justo al lado de la cabaña. Focas, delfines, pingüinos...¡qué maravilla de lugar!

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