sábado, 2 de marzo de 2013

Isla Stewart o Rakiura



Oban, Stewart Island, Nueva Zelanda

La tercera isla en tamaño de Nueva Zelanda se llama Stewart y se encuentra en el extremo sur de la isla Sur. No se trata de un islote o una roca, sino de toda una isla del tamaño de la mitad de Mallorca. Eso sí, solo tiene 400 habitantes y viven todos en una única población: Oban. El resto de la isla es parque nacional y reúne una riqueza faunística y botánica excepcional.



Mi día comienza en Curio Bay, con el cielo encapotado. Sí, después de dos semanas de días soleados, el buen tiempo tenía que llegar a su fin. Cojo el coche y tranquilamente me dirijo a Bluff, en la punta septentrional de la isla Sur, desde donde a las 17h sale un ferry para Stewart Island, a 30 km y 1 h de trayecto. El mar está movido y los albatros andan locos con el viento y el oleaje: es lo que más les gusta, subir y bajar a ras de agua empujados por el viento.



La Isla Stewart (Rakiura) fue en su día el alma de la mitología maorí. Según la leyenda Rakiura era el ancla de la gran canoa (la isla Sur) del dios Maui. Rakiura significa "cielos brillantes" quizás por sus magníficas puestas de sol o por las auroras autrales que aquí se ven a menudo por un fenómeno geomagnético excepcional.

La mayoría de los habitantes viven hoy del turismo, que aunque escaso, visita esta isla buscando unas excursiones inolvidables por bosques milenarios, o viene a ver las aves más raras de Nueva Zelanda en el islote vecino de Ulva, libre de depredadores (donde iré mañana).
Esta tarde me doy un corto paseo por la calmada y apacible villa de Oban y pronto me percato de que este es el paraíso de los kakas (Nestor meridionalis), un loro parecido al kea que vi hace una semana en las montañas. Aquí los hay por todas partes. De repente me percato de que muchos se dirigen a una casa concreta. Me acerco y veo a una señora que les está dando cacahuetes en su terraza. Me paro y le pregunto si puedo entrar. Sure, come in! Y allí están, una docena de kakas silvestres como si fueran de la casa. Ella los conoce personalmente uno a uno, y hasta les ha puesto nombre.



Es increíble la delicadeza con la que cogen los cacahuetes, se los llevan a la baranda, los agarran con la pata y los mordisquean suavemente. Cuando finalizan vuelven al plato, cogen otro, y se van de nuevo a la baranda. No hay peleas entre ellos. Si hay cola, se esperan.





La señora de la casa debe seguir preparando la cena. A su relevo sale su marido, que también parece encantado con los inquilinos.



El kaka es endémico de Nueva Zelanda. A pesar de que en Stewart haya muchos, la especie está amenazada de extinción, con una población global de tan solo entre 1.700 y 5.000 individuos. Esperemos que al menos en Stewart sigan conviviendo plácidamente con sus habitantes y perduren muchos años.

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