lunes, 4 de marzo de 2013

Moeraki

Moeraki, South Island, Nueva Zelanda
El ferry de Stewart zarpa del muelle de Oban a las 8 am. Karin, la del Kaka Retreat, me ha venido a buscar con su van para llevarme hasta allí. El tiempo está revuelto y hace bastante viento.






En Bluff, donde llega el ferry, me invade un dilema al recuperar el coche: hay una especie de ave, la yerbera maorí (Megalurus punctatus, o Fernbird en inglés) que me está resultando imposible de ver. Hay pocas, nunca vuela y es muy escondediza. O sea, muy, muy difícil de avistarla. Pero...hay un lugar cerca de Invercargill, en Bushy Point, a 20 km de Bluff, donde un B&B está especializado en ese bicho (sí, la locura del birdwatching llega a esos extremos). Prácticamente garantizan que con ellos lo vas a ver.

Cansado de tanto buscar al pajarillo, decido hacer un giro en mi rumbo y acercarme hasta esa casa. Me recibe el dueño, Ian, y le digo directamente I'm desperately looking for a fernbird, a lo que me responde sin dudar ni un instante well, you're in the right place...vamos a hacer una cosa, el paseo cuesta 20$, si lo vemos me pagas, y si no, no, a lo que respondo rápido OK, sounds fair.

Convencido de que no la vería, o si así fuera, que sería desde lejos, ni siquiera cojo la cámara, y me adentro con Ian por un sendero que ya tiene optimizado. Al cabo de 5 min se oye uno, a lo que Ian responde "tch tch" (es lo que hay que hacer para que se te acerquen). Y efectivamente, el ave reacciona muy bien a esta señal, acercándose a curiosear. Y allí estaba, al alcance de la mano, todo un fernbird...¡y yo sin la cámara! Bueno, suerte que existe internet:



Contento y feliz, acepto su desayuno en la casa y charlamos un rato tomando café.

Me despido de Ian y su mujer y sigo por la carretera hasta muy lejos: Moeraki, a 445 km. Entre medio hago una parada en un par de sitios en los Catlins: Cannibay Bay (1ª foto) y Nugget's Point (2ª foto), ambos maravillosos.




Luego pongo rumbo hasta Dunedin, y me adentro en la península de Otago, salvaje por su naturaleza. Al final de la carretera hay una colonia nidificante de albatros real (Diomedea epomophora). Como siempre en este país hay que pagar para verla...pero en este caso digo que "enough is enough" y los veo desde fuera. Ese bicho es sencillamente enorme.



En Otago todos los negocios giran alrededor de la naturaleza: tours para ver albatros, para ver pingüinos, para ver focas...



El paisaje en la península es espectacular, especialmente por la carretera que la atraviesa, donde hay incluso un castillo. Las vistas de la bahía de Dunedin y la península dan vértigo.



Se hace tarde y no tengo reservado nada donde pasar la noche. Acelero y me llego hasta Moeraki, un pequeño pueblo de pescadores a 76 km al N de Dunedin. Encuentro un B&B con cartel de VACANCY, y sin dudar me hospedo en él. El hombre de la casa, muy amable, me indica que en el muelle hay un restaurante, Fleurs, muy recomendable. 

Y el hombre llevaba razón. Un lugar cuya entrada costaba de encontrar y que desde fuera incluso parecía cerrado.


Pero al entrar me encuentro con una explosión de actividad y animación. Justo lo que necesitaba después de tanta carretera en solitario. 



Fleur, la patrona, me coloca junto con un matrimonio de Auckland que está aquí por una boda en una localidad vecina. Ceno con ellos y disfruto de una agradable velada. Al acabar, Fleur me hace un mapa de la zona para que mañana vea lo más bonito. Así que mañana os explico.

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