sábado, 22 de junio de 2013

Por la costa oeste de Córcega



Porto, Córcega

Mi segundo día en Córcega transcurre bordeando la costa NW de la isla, desde Saint Florent hasta Porto, en un trayecto que me empieza a advertir que este es el reino de las curvas. Son "solo" 135 km, pero llegar a destino ha sido toda una aventura. Entiendo por qué el rally de Córcega es tan famoso.

Al poco de salir de Saint Florent, y tras atravesar una zona de montañas blanquecinas tapizadas de maquis conocida como el desierto de los Agriates, me encuentro con la fantástica playa de Ostriconi, formada por la desembocadura del río del mismo nombre.



Un poco más al oeste está la población de L'ille Rousse, fundada en 1758 por el héroe nacional, Pascal Paoli. El hombre no solo fue un buen estratega militar, sino también una persona instruida, ilustrada y culta, cosa curiosa. Elaboró el proyecto de la única constitución que Córcega ha tenido nunca, creo el ejército corso y fundó la Universidad de Corte, población de la que hablaremos en posts posteriores. Gracias a él Córcega fue independiente 14 años, hasta que fue derrotado en 1769 por los franceses.



Siguiendo la ruta en dirección oeste, la siguiente gran población es Calvi, la hermosa ciudadela genovesa del siglo XV frente al mar. Un paseo a lo largo de sus murallas me carga las baterías. Me doy cuenta que esta isla requiere meses para conocerla y disfrutarla: cada ciudad, cada pueblo, cada río, cada playa, cada bosque...en una semana no hay tiempo para disfrutarlo todo.



A partir de Calvi comienza la ruta costera dirección sur que me llevará hasta Porto atravesando la maravillosa y espectacular Reserva Nacional de Scandola, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Aquí todavía anidan unas de las pocas parejas de águila pescadora que todavía sobreviven en el Mediterráneo.

Hago un alto en el camino y me apunto a la excursión en barco que me lleva por la costa hasta la pequeña aldea de pescadores de Girolata, inaccesible desde tierra y situada en una cala resguardada del viento. En lo alrededores, los fondos marinos y los rojos acantilados son espectaculares.




Al final de la tarde, tras una curva pronunciada, se me aparece de repente uno de los mayores prodigios de Córcega: la vista de bahía de Porto, con su impresionante torre genovesa que defendía el pequeño pueblo. Agotado de tanta carretera, busco un hotelito para pasar la noche. Es septiembre de 1989, o sea que no tengo excesivos problemas para encontrar uno con vacancy.

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