sábado, 22 de septiembre de 2012

El Te Maeva Nui de noche


Avarua, rarotonga, Islas CookSi durante el día la población de Avarua se vuelca en ferias con sus productos tradicionales y organiza competiciones deportivas con motivo de la celebración del Te Maeva Nui, es por la noche cuando tiene lugar el espectáculo más esperado: el concurso de danzas en el auditorio Sir Geoffrey Henry.

Ilusionado con poder asistir por primera vez a un festival de baile cookiano, compro la entrada el día antes, no sea que se acaben. Una vez dentro, busco un buen lugar para captar las mejores imágenes con mi cámara. 

Tras la obligada plegaria a media luz, resuenan los tambores, se encienden los focos y aparece un escenario lleno de bailarines con sus atuendos de colores moviendo el cuerpo desenfrenadamente. La gente estalla en un griterío colectivo, contagiados por una excitación totalmente desconocida para mí. La piel de gallina. Contagiado también por esa borrachera, comienzo mi serie fotográfica. Pero al cuarto o quinto click se me acerca un encargado y me dice que no se pueden hacer fotos.

¿Cómo? ¿What? -exclamo sorprendido e indignado. No. Se necesita un permiso. El tipo regresa a su torre de vigilancia desde donde escanea el auditorio con la vista como si siguiera un partido de tenis, amonestando a cualquier persona que intente sacar tímidamente su cámara, mientras yo me quedo totalmente decepcionado. Ostras, realmente la influencia anglosajona ha calado fondo en esta sociedad: todo está prohibido. Qué diferencia con la parte francesa -pienso enrabiado. ¿Qué hacer? ¿resignación o revelación?


Ah no, yo no me voy sin material del festival. Planeé estar aquí por estas fechas precisamente para esas fotos, o sea que...REVELACION. Así que tras el primer descanso me cambio de lugar, y me coloco en la misma fila que el vigía pero alejado de él, de modo que el público me tape, con lo que puedo sacar de vez en cuando la cámara para tomar alguna instantánea. 

Aún así, el temido encargado me pesca un par de veces. La última pensaba que me sacaba de la sala, pero por suerte no era yo el único que "intentaba" tomar fotos con lo que el tipo tenía mucho trabajo.

Para que os hagáis una idea de la belleza y dimensión de esta fiesta, os cuelgo dos vídeos de muy buena calidad que he sacado de YouTube del Te Maeva Nui del 2011 en esta misma sala. Fijaos en el griterío del público:





En cuanto a las fotos...bueno, al final me salí con la mía. Os dejo aquí una selección de las que pude tomar entre amonestación y amonestación.






viernes, 21 de septiembre de 2012

El Te Maeva Nui de día


Avarua, Rarotonga, Islas Cook
La población de Avarua se dispone a celebrar sus fiestas, el Te Maeva Nui, con bailes, deportes, ferias y actividades en la calle. Ayer era 4 de Agosto, día nacional en el que el país conmemora la declaración de la Constitución del Gobierno, hace ahora 45 años. Todo estaba cerrado y no había nadie por la calle. Hoy en cambio, Avarua es una algarabía: tenderetes, música, altavoces, garetes, charlas...La gente viste sus atuendos tradicionales y los grupos de danza actúan en el parque bajo un sol de justicia.



En el parque se venden flores, frutos, aceites, jugos, y productos de la tierra en general.


La gente aprovecha para charlar y pasear. Sin duda una buen día para coger la cámara y hacer algún que otro retrato.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Avarua, Rarotonga


Avarua, Rarotonga, Islas Cook. Me encuentro en Rarotonga, la isla principal de las Cook. El viaje desde Papeete se me ha hecho un poco largo (2.5 h) y el avión iba prácticamente vacío. Creo que existe poco tráfico entre estos dos países: el turista o va a Tahiti o va a las Cook, pero eso de ir a las dos debe ser muy raro.

Sólo aterrizar en Rarotonga me percato que esta especie de "Polinesia inglesa" es diferente de la Polinesia Francesa. Para empezar, se me hace muy raro dirigirme al polinesio en inglés. Pero bueno, eso es pura anécdota. 


Lo curioso es que enseguida noto también que el carácter del cooqueño es diferente al del tahitiano: menos natural, más serio, más estricto, vamos, un contraste cuando vienes de un territorio donde todo es espontaneidad, alegría y risa.

En el aeropuerto debía haber una persona de Tapani Tours para llevarme al hotel. Aquí no hay nadie. Y nadie sabe nada de nada. Tras mucho insistir a un encargado de una oficina de turismo, finalmente llama por teléfono y al cabo de un buen rato aparece un joven de la agencia con toda la información. 

Pregunto por un banco, y me dice que no hay ninguno en el aeropuerto ni cerca de él. Cuando le señalo por un edificio vecino que tenía pinta de banco, me contesta altivo "yo soy de aquí y sé dónde están los bancos, no tú"...mal rollito.
La conductora del bus tampoco demuestra grandes dotes de simpatía y la de la recepción del hotel no me cae bien de entrada. ¡Ay que esto pinta mal!

Trato de pensar que todo debe ser fruto de la mala pata, y cojo el bus para despejarme, sentido "clockwise" (aquí el tráfico es o clockwise o bien counterclockwise). Me apeo en Avarua, la capital del país y única población de la isla. Hace mucho calor. En el muelle se respira actividad. Muchos practican el remo y otros tantos la bebida. Al menos aquí hay un poco de animación, pero son todos australianos y neozelandeses que le dan a la cerveza que da gusto.



Durante el trayecto en bus puedo apreciar que el aspecto de la isla es parecido al de Tahiti Iti, es decir, montaña escarpada con picos y circos de caldera totalmente revestidos de verde, y con el arrecife cercano a la costa, sin lagon ni motus.

Pero aquí se acaban los posibles parecidos: una carretera circundante muy transitada y repleta de anuncios en inglés para turistas, tipo "tonite, BBQ party", o "happy hour at 7 pm"...como en Benidorm. La carretera es un sinfín de hotelitos y "villas". Luego me entero que Islas Cook es el 6º país con el Indice de Saturación Turística más alto del mundo.

Algo me dice que esta no es mi isla.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Islas Cook


Avarua, Rarotonga, Islas Cook. 
Son las 4:29 h de la madrugada. Fuera lloviznea y se oye ya algún gallo, junto con el eterno y continuo trueno de la , esa ola que azota sin cesar el arrecife tahitiano.

La razón del madrugón es que a las 6:30 h debo estar en el aeropuerto de Papeete para coger el avión que me llevará a las Isla Cook. Otra razón es que llevo durmiendo desde las 19h de ayer.

Geográficamente, las Islas Cook son una prolongación hacia el oeste de la Polinesia Francesa. Mirad el mapa (zona blanqueada) y veréis que se encuentran justo al oeste de la zona gala.

El archipiélago de las Cook consta de 15 islas divididas en dos grupos: el Grupo Norte, formado por atolones tipo Tuamotu, y el Grupo Sur, que geológicamente son una elongación de las Australes de la Polinesia Francesa. 

Colonia neozelandesa hasta 1965, hoy en día Islas Cook es un país semi-independiente. En lo que respecta a asuntos internos disfruta de total autonomía, mientras que en algunos asuntos externos, como por ejemplo defensa, depende de Nueva Zelanda. Su principal fuente de ingresos es el turismo, mayormente australiano y neozelandés. Aquí la gente habla en inglés, algo que me resulta enormemente extraño acostumbrado al francés que siempre he asociado a este pueblo.

En lo demográfico, el país tiene una población de 21.000 habitantes, de los cuales 2/3 viven en la isla principal, Rarotonga. La mayoría de cooquianos, sin embargo, residen en Nueva Zelanda. Se calcula que allí hay unos 60.000 entre emigrantes y descendientes.

Air Tahiti ofrece dos vuelos semanales que unen Rarotonga con Tahiti. Aprovechando que en Avarua, la capital, esta primera semana de Agosto tiene lugar las fiestas del Te Maeva Nui, el equivalente en Cook al Heiva de Tahiti, decido visitar el país durante esta semana. Me acercaré únicamente a dos islas, Rarotonga y Aitutaki. Os iré contando...

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tahiti Iti


Teahupoo, Tahiti, Polinesia Francesa. Aparte de su fama surfera, Teahupoo es un pueblecito costero la mar de tranquilo y acogedor del sur de Tahiti. Hoy es domingo. En Tahiti es el único lugar donde voy regularmente a misa los domingos, no porque me sienta espontáneamente reconvertido, sino porque los oficios aquí son un verdadero espectáculo.

La iglesia protestante de Teahupoo está en la carretera. A eso de las 8:30 h comienzan a llegar las señoras con sus sombreros de paja y sus trajes tradicionales. Fuera se reparten besos.

Una vez dentro comienzan los himenés (canciones) al poco de empezar la misa. En esta ocasión me he colocado arriba, en medio del coro, para tener una perspectiva mejor.

Al acabar el oficio, cojo el coche y me voy a curiosear por la península de Tahiti Iti. En las afueras del pueblo tiene lugar una competición de motocross. Una vez más, alucino con lo bien que vive esta gente.

Al cabo de un rato llego a un puente y veo dos chicos contemplando algo al otro lado de la baranda. Paro el coche y descubro que se están tirando al río desde aquí arriba. La altura es considerable y sus caras delatan la travesura. Los ríos no son tan profundos como para tirarse desde tan arriba, así que tomo rápidamente unas fotos, les digo que fais gaffe, y sigo mi excursión, no sea que vaya a presenciar un espectáculo desagradable.




Con el coche me dirijo al otro lado de Tahiti Iti, en la costa este, hasta el pueblo de Tautira donde acaba la carretera. Regreso un poco decepcionado del lugar: mucho pic-nic y casas de veraneo locales con poca gracia. En el trayecto hay gente haciendo surf en la playa. En este lado de la costa las olas son mucho más pequeñas.
En el camino de vuelta, me paro a comer en el restaurante del museo Gauguin, en Papeari. El pintor vivió 10 años aquí, en Tahiti, antes de migrar a las Marquesas. Durante un tiempo fue muy productivo, cuando conoció a su modelo y musa Tehura. Pinta numerosos lienzos y escribe su libro “Noa”. 

Pero finalmente la desgracia se apodera de él: en Francia muere su hija Aline, la herida de su pierna no se cura desde hace años, padece de sífilis y sucumbe al alcohol. Durante esta época traumática pinta su famoso cuadro D’OU VENONS NOUS QUE SOMMES NOUS OU ALLONS NOUS, que él escribió así, en mayúsculas y sin signos de interrogación ni separaciones. 

Juró que se suicidaría después de completarlo. Y lo intentó, con arsénico, pero la cosa se quedó en un buen susto, porque se despertó vivo al cabo de unas horas (no me imagino cómo se debe quedar un suicida fracasado, si medio contento o medio triste). Sea como fuera, él propio pintor afirmó lo siguiente: “Creo que este lienzo no sólo supera todos mis anteriores, sino que nunca haré nada mejor”

Finalmente, en 1901 decide probar suerte en Hiva Oa, en las Marquesas. Se fue porque buscaba l’homme sauvage, y en 1900, la sociedad de Tahiti no era sauvage, sino que ya estaba muy afrancesada. Sobre Gauguin en Hiva Oa os paso este otro post que
escribí hace unas semanas Gauguin en Hiva Oa

Mañana por la mañana dejo este país. Debo madrugar para estar en el aeropuerto Internacional de Papeete a las 6:30 h y coger el vuelo de Air Tahiti que conecta Polinesia Francesa con Rarotonga, en las Islas Cook. Allí estaré una semana. Para los que me seguís en el blog, tendréis que esperar 10 días para ver cómo me va: el tema wifi está complicado.

Teahupoo, la ola más grande


Teahupoo, Tahiti, Polinesia Francesa. 
En el mundo del surf la palabra Teahupoo despierta pasiones. Cada año, durante la segunda quincena del mes de Agosto, esta pequeña localidad del sur de la isla de Tahiti acoge una de las más esperadas e importantes pruebas del campeonato internacional de surf: el Bilabong Pro Teahupoo, del circuito ASP World Tour.

¿Y por qué genera tanta expectativa? Muy simple: en ningún otro lugar del planeta se registran regularmente olas tan altas y espesas como aquí, que pueden llegar a medir hasta 20 m. Pero no sólo es el tamaño, la ola de Teahupoo es también una de las más peligrosas y temidas por el poco profundo fondo coralino del lugar y la proximidad del arrecife del lugar.

Y qué mejor localidad que Polinesia para declararla catedral del surf. En la edad media la gente de estas tierras ya practicaban esta actividad. El Capitán Cook, en el siglo XVIII, fue el primer occidental en observarla. Y vaya Vd a saber si incluso no llegó a subirse a una tabla cuando nadie le veía para pillar un par de olas.

A pesar de que practico el bodyboarding desde los 8 años, las olas de aquí me dan un enorme respeto. Ahora no es época de campeonato, entre otras cosas porque para estar aquí durante la competición tendría que haber reservado cama desde hace años. Ni tampoco veo grandes olas desde el famoso kilómetro 0 (foto portada) donde comienza la carretera. Aunque hay que decir que aquí, una ola "normal" como la de la foto tomada desde la playa, enseguida se va a los 3-5 metros de altura:

Las grandes olas tienen lugar a unos kilómetros de aquí, más al sur, y para disfrutarlas hay que ir en embarcación. Ya os podéis imaginar, también, lo difícil y caro que debe ser agenciarse un lugar en una de esas barcas durante el campeonato. Allí sólo van los VIPS: fotógrafos de élite, cadenas de TV, representantes de grandes marcas surferas como Bilabong, Quicksilver, Oakley, Oneill, Rip Curl, Vans... vamos, todos esos nombres asociados a ese mundo tan curioso de personajes rubios, barba de dos días, gorra de béisbol, gafas de sol megafashion, y look desenfadado...bueno, gente con aspecto surfero, sin ir más lejos.

Como no tengo ninguna foto mía del campeonato, os dejo aquí un par bajadas de la red, todas tomadas en este lugar. Como podréis comprobar, el tamaño de la ola es tan descomunal que algunas parecen trucadas.

jueves, 6 de septiembre de 2012

La isla de Tahiti, la gran olvidada


Teahupoo, Tahiti, Polinesia Francesa. 
Es muy curioso que la isla de Tahiti, la mayor de toda Polinesia Francesa y sede de la capital Papeete, produzca una especie de fobia a los turistas. Todos llegan a esta tierra a través de ella, y tan pronto como pueden, cogen un vuelo interno y huyen a Bora Bora, Rangiroa o Moorea, evitando a toda costa pasar más de una noche aquí. Y realmente es una pena, pues la isla ofrece rincones espectaculares, especialmente en su interior y en el sur. Ah, eso sí: sus playas son de arena negra...ahí está la razón de la fobia.

Vista desde el espacio, un astronauta dijo que Tahiti le recordaba a un espejo de mano ribeteado de diamantes. Y es que la isla, rodeada en su totalidad de arrecife coralino, se divide claramente en dos partes estranguladas por un angosto istmo: Tahiti Nui (la gran Tahiti) y Tahiti Iti (la pequeña Tahiti). Las dos son muy montañosas. De hecho, el monte Orohena situado en Tahiti Nui, con sus 2.241 m de altura es el más alto de toda las islas del Pacífico después de los volcanes Mauna Kea y Haleakala, en Hawai. Las vistas del sistema montañoso de la isla desde el avión son maravillosas.

Aterrizo en el aeropuerto de Papeete procedente de las Gambier y alquilo un coche. Mi destino: Teahupoo, la meca mundial del surf, donde se produce la ola más alta del planeta.

Los ocasos en los trópicos duran un plis-plás. Poco después de salir del aeropuerto de Faaa (creo que nunca he visto otra palabra con tres A seguidas) y traspasar la comuna de Punaanuia, resulta que ya ha oscurecido. Lo que no me imaginaba es que tardaría tanto en llegar a Teahupoo, en Tahiti Iti, la localidad más sureña de la isla. 3 horas. Al principio el tráfico es intenso. Luego se normaliza, pero entonces comienza a llover. A todo eso, el estómago me obliga a parar para cenar algo. No sé...algo rapidito y típico tahitiano: un cheeseburguer.

A eso de las 21 h llego a Teahupoo, lloviendo, oscuro y medio perdido. La pensión, el Vanira Lodge, se encuentra al final de una pista enfangada. Me acerco a recepción, y no veo a nadie, está muy oscuro. Enfoco la casa oscura con los faros del coche mientras el limpiaparabrisas va loco de lado a lado. Me viene a la mente una escena de película de Hitchcock. 


¿Y ahora qué? Toco el claxon y al cabo de un rato aparece un niño, francés, que no tiene ninguna pinta de quererme acompañar a mi bungalow. Desde el porche me da indicaciones de dónde tengo que ir, le pregunto a qué distancia queda del parking, me dice que no lo sabe, le digo que lo averigüe, hace mala cara, se va, vuelve al cabo de un minuto. A 40 mètres -me dice con cara de haberle fastidiado sus dibujos animados preferidos. 

Tras maldecir a sus padres, que ni siquiera han tenido el detalle de salir a saludar, aparco el coche y comienzo mi escalada bajo la lluvia con la maleta, linterna a lo minero, por un camino tortuoso, con pendiente pronunciada y alternada de escalones. Por cierto, no hay cosa más ridícula que arrastrar una maleta con ruedas por un camino lleno de barro. Mi bungalow es el último, y el que está más arriba. Se llama Ofai.

Por fin llego. ¡Hombre!...original sí es: todo hecho de paja, bambú y madera, con dos niveles, muy "africano", muy "eco", sin puertas, con mosquiteras. Este es su aspecto (valía la pena).