viernes, 8 de febrero de 2013

Tangata Manu, el culto al hombre-pájaro



Hanga Roa, Isla de Pascua

Uno de los enclaves más emblemáticos de Isla de Pascua es el pequeño conjunto arquitectónico y ceremonial de Orongo, en el volcán de Rano Kau.

Hoy amanece despejado en Hanga Roa, capital y única población de la isla. Hugo me lleva en su taxi hasta la cima del volcán. 
Me acompaña una chica francesa que conocí ayer en Ahu Tongariki. Mientras subimos por la ladera del volcán dejamos a un lado la enorme pista de aterrizaje, de más de 3 km de largo, que la NASA construyó aquí como pista de emergencia para los transbordadores espaciales. 

Al llegar arriba, aparcamos el coche, andamos unos metros, nos asomamos y ....¡oooh! se nos aparece una de las vistas más espectaculares que recuerdo en toda mi vida: el circo del volcán, de más de 300 m de ancho, tapizado de incontables lagunas bordeadas de totora, con la inmensidad del océano Pacífico de fondo:




Tras disfrutar durante un largo rato de este espectáculo, seguimos la visita hasta el complejo ceremonial de Orongo donde se reunían una vez al año las diferentes tribus de la isla para celebrar la competición del hombre-pájaro o Tangata Manu. El concurso consistía en ser el primero en recolectar un huevo de charrán (manu tara) en el Motu Nui, el más lejano de los tres islotes que desde aquí en lo alto se divisan:



En Orongo los hombres más poderosos de cada tribu esperaban la llegada migratoria de los charranes en unas casas de piedra semi-subterráneas como ésta:



Cada tribu elegía a su hopu u hombre-pájaro, para participar en el concurso. Tras la llegada de los primeros charranes, desde aquí arriba los hopus descendían a pelo por el acantilado, nadaban hasta el islote ayudados de un flotador (pora) hecho de totora, sorteando hambrientos tiburones, buscaban un huevo de charrán y lo traían entero de regreso hasta Orongo. El primero que lo lograba era elegido Tangata Manu y se le concedía el gobierno de la isla durante un año. Se transformaba en una especie de deidad, le afeitaban y pintaban de rojo la cabeza y lo conducían a una cabaña sagrada en el volcán Rano Raku (ver post de ayer) si era de clanes orientales, o a la playa de Anakena (ver el de mañana) si era de clanes occidentales. Allí permanecía durante un año, alimentado por sirvientes. Además, al clan al que pertenecía se le concedía los derechos de recolecta de todos los huevos de Motu Nui.

En 1994 Kevin Reynolds y Kevin Costner llevaron al cine esta gesta en su película Rapa Nui. 



La película está muy bien realizada y documentada salvo que, por razones de guión, se mezclan el culto a los moáis con el del hombre-pájaro, cultos que no fueron coetáneos...pero bueno.

Resulta impresionante observar desde aquí arriba los tres islotes a lo lejos y pensar cuántos jóvenes perdieron la vida en este concurso, despeñados o devorados por los tiburones. En las piedras del lugar se pueden apreciar todavía los petroglifos originales que escenificaban estas gestas. En la primera foto de abajo el dios Makemake (creador de la humanidad y dios del culto al Tangata Manu) con dos hombres-pájaro:




Entre petroglifo y petroglifo, una lagartija me mira con cara de curiosidad: 




La cultura del hombre-pájaro perduró en Rapa Nui hasta la llegada de los misioneros en 1860, cuando quedó prohibida. Los petroglifos y pinturas de este culto abundan por toda la isla, como éstas en el techo de la cueva de los caníbales:


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