martes, 26 de febrero de 2013

Wanaka, el reino de las actividades acabadas en -ing



Wanaka, South Island, Nueva Zelanda

Amanece despejado en Franz Josef. Las primeras luces de la mañana iluminan suavemente las cimas de los Alpes Neozelandeses llenos de glaciares.



Tras un fantástico desayuno en el lodge donde me alojo, pongo rumbo hacia el Sur. Mes esperan casi 300 km de carretera hasta Wanaka. Por el camino, una parada en Knights Point Point, y en algún que otro río:




Lago Wanaka:



Lago Hawea:



Al cabo de 5 horas llego a Wanaka, una población esparcida por el extremo sur del lago que lleva su nombre, y que vive enteramente del turismo. Después de Queenstown (más al sur) éste es el centro más importante de actividades de aventura de la isla, donde se ofrece todo lo acabado en -ing: kayaking, hiking, mountain biking, mountaineering, fishing, paragliding, rafting, jetboating, trekking, y vueling en helicóptering. Una de las atracciones principales es sin duda el Monte Aspiring (que también acaba en -ing, pero que no tiene nada que ver con la actividad de tomarse aspirinas...) que con sus 3.033 m de altura es el segundo pico más alto de NZ.




Para compensar los exce$O$ de ayer en el lodge, hoy me albergo en un YHA (Youth Hostel Association), un hostal para jóvenes (y para los no tan jóvenes). El ambiente no tiene nada que ver con el de un lodge. Aquí la media de edad raya los 25, y se oyen lenguas de mochileros de todo el mundo que viajan con un presupuesto muy bajo. Hay habitaciones compartidas de hasta 6 camas, y una gran cocina de uso común, pues los precios de los restaurantes están por la nubes.

Debe de hacer bastantes años desde la última vez que estuve en uno de estos hostales, y he notado una única gran y remarcable diferencia: todo el mundo está conectados con su smartphone o su ordenador a todas horas. Y cuando digo todos es todos. Incluso los que viajan en pareja o en grupo. Esto parece una clase de prácticas de informática. Es una pena que no pueda hacer una foto porque es realmente alucinante.

A la mañana siguiente madrugo (me espera otra larga etapa hasta Te Manau). Todavía es oscuro y el lago Wanaka está iluminado por una luna casi llena.



A las 6:30 de la mañana, en Wanaka está todo cerrado excepto un café que indica open con un neon rojo.



Entro. Hay una chica detrás de la barra con guantes de cirujía que al verme entrar me pregunta qué quiero. Mmmm...eso de la foto de ahí por 6$, scrambled eggs with cheese and bacon, please. Ah, and a coffee with milk. Acto seguido la chiquilla, que tiene pinta de no haber pasado la mejor noche de su vida, pone en marcha una especie de cadena de producción parecida a la de la seat pero de una sola persona: agarra el bocadillo, lo parte por la mitad y lo coloca en un microondas, coge una cazuelita de cartón y la rocía con aceite en spray, introduce un par de cucharadas de un huevo que ya estaba pre-revuelto y lo mete en otro microondas. Cuando suena el ring, extiende el pan y pone dos trocitos de queso pre-cortado y cuando le iba a poner el bacon me sale de dentro del alma un noooo.... mmm... without bacon please (tan horrendo era el aspecto de aquel trozo de carne lleno de colesterol). Lo envuelve todo en un papel, y en un vaso de cartón con tapón y un agujerito para beber, me pone el café. It will be 10.50$ please.

Me siento en la mesa y con cara de asco aparto el papel de aquella joya del fast-food neozelandés. Doy un mordisco y, aparte de quemarme la boca una primera vez, no le encuentro el sabor ni al queso, que ya es decir. Decido compensarlo con un sorbo de café por el agujerito. Y me pego tal quemada en todo el aparato orofaringeal que debo esprayar ipso-facto en la mesa todo lo sorbido, cual capitán Haddock cuando bebía agua pensando que era whisky. Suerte que era tan pronto que no había nadie. Al cabo de dos segundos leo en la tapita del vaso: caution, hot. No te...justo después del quemazo. Todavía en estos momentos, 10 horas después, mientras escribo esto en Te Anau, me duele la lengua.

Total que Nueva Zelanda será una preciosidad en sus paisajes y en su naturaleza, pero en lo que respecta al trato personal, a la comida, a los precios (y al café caliente) deja mucho que desear. ¡Ayyy, cómo se echa de menos aquella agradable señora de una de nuestras casas rurales que por la mañana, todavía en bata, te prepara un desayuno a base de pan con tomate y aceite de oliva, acompañado de un buen salchichón y un café con leche hecho con cariño!

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