martes, 13 de agosto de 2013

Huahine bajo la lluvia



Huahine, Polinesia Francesa

Día nublado y lluvioso para nuestra travesía de Raiatea a Huahine.



Viendo el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, la verdad es que las nubes y el mal tiempo ofrecen una perspectiva de la Polinesia a la vez diferente e interesante. 




Una vez en tierra, un local de nombre Joselito nos lleva en su van para hacer el tour-de-l'île. Yo me siento delante, para poder hablar un poco más con él. 

Llegamos al belvedère desde donde se divisa la bahía que separa las dos islas que forman Huahine, Huahine Nui y Huahine Iti.  



Un martín pescador nos da la bienvenida con su cháchara característica. Se lo comento a Joselito que acto seguido me afirma que aquí no hay martines pescadores.
¿Cómo que no? acabo de ver uno -le contradigo. Ah non, moi je sais eh? à Huahine il y a pas de martin pêcheurs. Me callo, pero os aseguro una cosa, si en algo no me equivoco es en eso de identificar aves: son muchos años. Con lo que saco la conclusión de que es un mito eso de que los locales saben de su naturaleza más que nadie. Es como el de la pensión de Bora, que soplase de donde soplase el viento siempre decía que era vent du sud.



A mitad de camino nuestro Joselito hace un alto para dar de comer a una colonia de anguilas gigantes que viven en la desembocadura de un riachuelo. Es curioso...piden como un perrito:




Más adelante nos detenemos delante las tumbas de los 20 marineros y soldados franceses del navío L'Uranie, muertos en 1846 en una batalla contra los habitantes de la isla. Por desgracia no sabemos cuántas bajas de mahoies hubo, pero seguro que fueron unas cuantas más. Es por eso que Joselito, fiel a sus tupuna (antepasados) ni siquiera lo menciona en sus explicaciones. Concluyo que más bien lo considera un insulto hacia los suyos.



Proseguimos hacia el norte. Allí se encuentra un importante complejo de maraes (templos polinésicos). Un gran fare (cabaña) hace las veces de museo.






La visita a la isla termina en el pueblo principal, Fare. Allí, en su muelle, los niños se zambullen una y otra vez en sus aguas azules y transparentes.



Fin de la journée. Regresamos viento en popa a Raiatea. Fuera llueve y el mar está movido. Me encierro en mi camarote, me pongo los cascos y escucho a las Mamzelles cantar aquello de que si tu vius al trote i jo visc al galope, doncs quina pena! De veritaat-a-a-á! Qué gran verdad.

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