miércoles, 5 de septiembre de 2012

Naná Mangareva, iaorana Tahiti



Mangareva, Les Gambier, Polinesia Francesa

Mi estancia en las Gambier toca a su fin. Esta tarde parte el avión para Papeete.

Tras el desayuno aparece Achiles para llevarme a ver a su tío Tonio, el de la granja perlera, ya que le pedí si él podría venderme alguna perla. Pero llegamos a la granja y, mala pata... Tonio acaba de irse en barca. Achiles se disculpa por no haberle avisado ayer, pues de hecho me había prometido una cita con él. Le pido que vayamos a ver a otro amigo o conocido suyo que tenga perlas. Achiles parece reticente. Y es que está prohibido vender perlas a particulares porque los japoneses han comprado toda la producción de las Gambier y tienen la exclusividad total.



Al final, clandestinamente, me lleva a casa de un amigo suyo que había contactado previamente por el móvil. Al recibirme, el amigo me dice sotovoce que entre en la casa disimuladamente. Me siento como un criminal. Me guía a su cocina, y una vez allí me dice que me espere un momento. 


El sujeto aparece entonces con varias bolsas repletas de perlas. Aquello parecía el tesoro de Rackam el Rojo. Me dice que me tome mi tiempo, mientras él se va a hacer un recado. ¡Dios! ¡Pero cómo se puede ser tan buena fe! Dejar solo a una persona que no conoces de nada ante centenares, quizás millares de perlas, a cual más bella y más valiosa. Me podía haber agenciado un centenar repartidas entre zapatos, bolsillos, bajo la gorra, bajo la lengua, engullidas cual píldoras, o introducidas a lo supositorio...no sé... y no se hubiera dado ni cuenta.

Así que con paciencia, tiempo, e invadido por una ética apostólicoromana, separo las que más me gustan. Las hay de todas las tonalidades: verdes, azules, violetas, amarillas, hasta blancas...sí, ¡perlas negras blancas! 

Al cabo de 15 minutos regresa "el santo" y le enseño las elegidas. Pactamos un precio global, que resulta ser casi irrisorio, y me voy más contento que un fanboy en un Apple Store.

Achiles viene a recogerme y me lleva a la pensión: tengo 30 minutos escasos para hacer mi maleta. Por fin me acompaña al muelle donde la navette nos llevará hasta el motu Totegegie donde está ubicado el aeropuerto. La alcaldesa ha venido a despedirme ¡Qué detalle! Está a contraluz...suerte que LightRoom hace maravillas:



Tras una panorámica travesía por el lagon, llegamos al muelle del aeropuerto.

Una vez en el aeródromo me percato que el personal está formado por la gente que he conocido: Marie y su hermana hacen de azafata, Achiles conduce el tractor con las maletas, y el perlero también tiene su función. 

Pero cosa curiosa: nada de miramientos. Marie casi ni me saluda, Achiles simplemente levanta las cejas, y el perlero evita mirarme a toda costa. Cosas de la profesionalidad, me imagino. Aún así, al subir al avión, Marie rompe el protocolo y nos fundimos en un abrazo. Llego a adivinar una lágrima saliendo de sus negros ojazos.

2 comentarios:

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  2. "¡y ahora llegó el momento de decir que todo terminó bien!"
    Buen repor,
    Gracias desde Moulinsart...

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