lunes, 29 de octubre de 2012

Manono, la isla fuera de este siglo



Isla Manono, Samoa

Esta mañana tomo el ferry de las 10 h que une Savai'i con Upolu. Va bastante lleno. Durante la hora escasa que dura el trayecto me dedico a observar a la gente y confirmo que Samoa es un país realmente pobre.

El ferry va cargado de escolares. Todos parecen protegerse del sol: toallas, sábanas, trapos...lo que sea para que no les toque ni un rayo. Curioso. También da la impresión de que se marean o están a punto de hacerlo. Cierran los ojos y se tapan la nariz y la boca con lo que encuentran.



Una vez en Upolu un taxi me lleva al muelle donde sale el barquito para Manono, una pequeña isla de solo 3km2 y 900 habitantes en medio de las dos islas principales Savai'i y Upolu. Manono conserva la vida tradicional polinésica en su forma más pura, sin ruidos, ni coches, ni perros (están prohibidos allí), ni evidencia alguna del siglo XX.

Al llegar, Tasi me indica mi fale en el Vao'tua Beach Resort. A pesar de lo fastuoso del nombre del hotel, mi "bungalow" es una cabaña abierta, sin paredes y sin electricidad, con un colchón  en el suelo y una almohada. Nada más. Pero...¿dónde dejo la maleta? ¿y el dinero? -le pregunto a Tasi. ¿Cómo?...pues, aquí...en el fale -me contesta sorprendido de mi estúpida pregunta.



La parte buena es que estoy justo sobre la playa, a la que se accede por una escalerita directamente desde mi fale. La vista desde la baranda, con Upolu al fondo, es impecable.



Por alguna razón, quizás por el calor inhumano que hace aquí o por lo rudimentario del lugar, por un momento me planteo irme esta misma tarde. Mira, no sé, una de aquellas tonterías occidentales. Por suerte, en el fale central hay una TV y aprovecho para tranquilizarme y mirar un poco los JJOO. Un niño la mar de simpático me trae unos bocadillos y un coco con una paja. Comienzo a ver la situación de otra manera.



A eso de las 4:40 h decido que hay que hacer algo, y me animo a dar la vuelta a la isla...¡a pie! Un sendero, que a veces atraviesa la jungla, otras la hierba, y otras un camino, rodea la isla, pasando por sus 4 pueblos.



Los pueblos están esparcidos, y los niños juegan descalzos por sus calles polvorientas. Se sorprenden al verme; creo que no están muy acostumbrados a ver occidentales por aquí.




El camino está adornado con flores y plantas. Algunas casas tienen su hierba muy bien cuidada, y los fales se suceden uno tras otro.





En el pueblo de Lepua'i, los habitantes se han reunido en el muelle para seguir los entrenamientos de las grandes piraguas a remo. Son larguísimas; nunca había visto nada igual.




Más adelante, un niño solitario escribe algo en su playa.



En la parte norte el sendero cruza la jungla y se hace estrecho. De repente aparece la vecina isla de Apolima entre las palmeras.



Las vistas son espectaculares, pero son las 6, el sol se va a poner en breve y no sé cuánto me queda de vuelta: no puedo quedarme a oscuras ¡aquí no hay farolas! Me entra un ataquillo de pánico y acelero la marcha. Se pone el sol y todavía no veo Upolu. Ay que me temo lo peor. Ni idea de cuánto me falta. Esto se complica. Acelero y atravieso otra jungla. Cada vez se ve menos. Paso por delante de una casa y le pregunto a dos chicas cuánto falta para el Vao'tua y me dicen que 15 minutos. Son las 6:30 y esta gente calcula fatal. Igual falta una hora. Ya casi no se ve nada y el islote que desde mi fale quedaba bastante a la izquierda desde aquí lo veo a la derecha. Ya no veo nada en el camino y tengo que amainar el paso porque no sé donde pongo el pie. Se ha hecho de noche muy rápidamente y ya no veo nada. Por fin diviso las luces del Vao'tua, a lo lejos. Es noche cerrada. El último tramo lo hago a "pasito de muñeca Famosa". Llego pasadas las 7 h.


Me encuentro con el resto de inquilinos del "resort" ya en la mesa, dispuestos a cenar. Un inglés me dice que estaba realmente preocupado por mi. Me siento y por fin me relajo. Juro que nunca más haré un paseo por la tarde sin linterna.

Esa noche, ya mucho más tranquilo y sosegado de mi susto, contemplo feliz desde la barandilla del fale las luces en la isla de Upolu, bajo las estrellas.

1 comentario:

  1. Eso pasa por practicar deportes de riesgo. :-)))
    Aparte de mi 100 Macro en mi mochila siempre va una linterna frontal y navaja. Ma he reído mucho con tu entrada....
    Chris

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