martes, 10 de julio de 2012

Las islas prohibidas de la Sociedad



Bora Bora, Polinesia Francesa

Llueve en Bora Bora. Tiempo para leer y disfrutar de la vida en familia en la pensión.

Las islas de la Sociedad "conectadas al mundo" son 7, de este a oeste: Tahiti, Moorea, Huahine, Raitaea, Taha, Bora Bora y Maupiti. Pero hay tres más, relativamente grandes, a las que no llega ningún ferry ni avión: son Tetiaroa, Maiao (ambas cerca de Tahiti) y Tupai (cerca de Bora Bora). 




Tetiaroa es el atolón que compró Marlon Brando en 1967 por 270.000$, y que hoy pertenece a sus herederos. Hace unos años existía un pequeño hotel muy básico, pero hoy está cerrado. Actualmente hay un macroproyecto en marcha, The Brando, que albergará un lujosísimo hotel en el futuro.

Tupai es otro atolón "prohibido", situado a 19 km al norte de Bora Bora. Aunque administrativamente depende de la comuna de Bora Bora, pertenece al gobierno. No vive nadie y no se puede visitar. Hay una pista de aterrizaje y facilities, que el gobierno local posee para uso de sus políticos.

Finalmente Maiao, a 100 km de Tahiti, depende de la comuna de Tahiti-Moorea. Sus 300 habitantes han decidido que no quieren saber nada de los occidentales, escarmentados porque 
a finales de los años 1920 un inglés fue adquiriendo tierra poco a poco, a base de créditos con los lugareños, hasta hacerse con el 80% de la isla. En 1934 el estado saldó la deuda de los habitantes y recuperó la tierra, que, mediante una cooperativa, fue re-vendiendo a los isleños. El escarmiento fue tal que todavía hoy nadie que no sea de la isla puede visitarla, a no ser que sea por una causa mayor (médicos, oficiales, etc...). No hay ni aeropuerto ni hoteles, y a duras penas llega un barco de aprovisionamiento una vez al mes. Eso sí, es una de las islas de Polinesia que menos ha cambiado en las últimas décadas.

Maiao.jpg


Le pregunto a papi Samuel de la pensión qué sabe de Maiao. No mucho, sólo una leyenda:

Hace muchos años, Hiro, el dios polinésico de los ladrones, se quiso hacer con Maiao. Allí habitaba una sola mujer que para protegerse del ladrón colocó hebras de palmera por todo su perímetro y les prendió fuego. Hiro, asustado, se volvió a Bora Bora, donde habitaba.

No es extraño, pues, que la gente de Maiao sea tan particular con los forasteros: primero uno de sus dioses intenta robarles la isla, y luego un inglés se hace con sus tierras. Oye, tú, por si las moscas...que no entre nadie más.

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