miércoles, 22 de agosto de 2012

Fakarava, reserva de la biosfera de la UNESCO



Fakarava, Polinesia Francesa


Los de la agencia Lardasquesí me mandan valorar Rangiroa frente a Fakarava para los turistas con presupuesto y tiempo para visitar sólo una Tuamotu. Yo lo tengo claro: Fakarava mil veces más. ¿Por qué? Os lo explico.

Fakarava es el segundo atolón más grande de la Polinesia Francesa, después de Rangiroa, lo cual es simplemente una curiosidad pues, en esto, "el tamaño no importa". Pero por alguna razón la UNESCO lo eligió Reserva de la Biosfera de entre un centenar de atolones. 


Sí, Fakarava es diferente. Aquí hay mucho menos turismo que en Rangiroa, adonde llegan varios vuelos al día desde Papeete y Bora Bora. Aquí se respira un aire más tranquilo y más auténtico. Aquí la biodiversidad es mayor. No sé bien bien por qué, pero desde que llegas se percibe que Fakarava es otra cosa.



Me alojo en el hotel White Sands, sin duda una buena elección, tanto por su ubicación como por el gusto en la decoración un punto asiática de sus instalaciones. Los bungalows son grandes y espaciosos, de madera, con ducha exterior. Ah, y frente al restaurante hay un larguísimo pontón, un elemento importante para mí porque paso mucho tiempo en ellos...¿que qué es un pontón? Es eso:



Y me gustan porque cojo mi mochila, mi cámara, mi trípode, mis prismáticos, mi música y me dedico a contemplar las puestas de sol, las tormentas, las estrellas, los pájaros. Todo en silencio y en solitario, en medio del mar, pero en seco. Son una maravilla.




Desde ellos, las puestas de sol son como si estuvieras en platea, "en primera fila".




Al llegar la tarde, me instalo en la punta del pontón y "dejo que pasen cosas". La primera es que oigo un "tiví, tiví, tiví", el reclamo de un pájaro nuevo para mí. Estaba lejos, pero claramente se acercaba. Finalmente, detecto tres pequeñas aves que pasan por encima mío, dirección al atolón. Del tamaño algo más grande que un gorrión, sus cortas alas redondeadas y la forma de aleteo me recordaba al de un lorito, pero claramente no lo era, ni por los colores ni por la voz. De repente se me ilumina una luz: se trataba del rarísimo Andarríos de las Tuamotu, (Prosobonia cancellata), ave endémica de esta parte del globo. Consulto Internet y compruebo que, efectivamente, de vez en cuando se ha avistado la especie en Fakarava. Sólo quedan 1.300 individuos, la mayoría en el aislado atolón de Morane, cerca de las Gambier. La especie está "gravemente amenazada de extinción". Sin duda, hoy ha sido un día ornitológicamente afortunado.


El día toca a su fin, y con el trípode y el temporizador, aprovecho para hacer fotos de larga exposición, y otros experimentos de iluminación.






Y no digamos las fotos de estrellas. Al estar un poco apartados de las instalaciones, en el extremo de los pontones acostumbra a reinar la oscuridad absoluta. Son el lugar ideal para hacer exposiciones del cielo nocturno austral y captar los detalles de la Vía Láctea.


Vamos, que ahí donde haya un pontón hay alegría.

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