sábado, 18 de agosto de 2012

La passe de Avatoru, Rangiroa



Rangiroa, Polinesia Francesa

El motu donde se encuentra el hotel donde me alojo mide 12 km de largo y está delimitado por las dos únicas passes de Rangiroa: Tiputa al este y Avatoru al oeste. Ayer fui a Tiputa, hoy toca Avatoru.



Como siempre, comienzo mi día temprano, andando por la carretera y haciendo auto-stop. Hoy domingo no pasa casi nadie. Al cabo de un buen rato se para una pareja de Avatoru: Tonui y Noemí. Sólo subir en el coche ya noto que va a haber buen rollo.

De camino a Avatoru me proponen enseñarme su pueblo: el cementerio, la escuela, la iglesia, el ayuntamiento...Al cabo de un rato vamos a ver la zona de surf, en la entrada de la passe, donde unos jóvenes están practicando. Tonui me comenta que aquí se celebra un gran campeonato, el Rangiroa Pro Junior, en abril cada dos años.



Cuando hemos acabado nuestro paseo, Tonui me pregunta si me apetece ir a hacer snorkling en la passe mientras él pesca al fusil. Acepto contento pues todavía no me he sumergido en estas aguas. Me acompañan al hotel, que está a 6 km, para buscar mis bártulos y ponerme el traje de baño. De vuelta a la passe, la corriente hacia afuera es realmente fuerte. La cosa consiste en meterse en el agua y dejarse arrastrar. Una vez en el agua sigo a Tonui, atento a los peces de colores y a posibles tiburones, pues es un poco más hacia el centro donde habitan. Tonui alcanza tres piezas en total.



Al subir al coche me propone ir a su casa y hacerlos a la parrilla. Esta gente es de lo más servicial que hay en el mundo. Llegamos a su humilde morada, destartalada como todas las de las islas, con bártulos y objetos por todas partes, tanto dentro como fuera. Nos reciben sus tres perros y el gato. Sus hijos están de vacaciones en otro atolón, Ahe, con los abuelos. Nos sentamos fuera, en el suelo. Tonui rasca un coco, lo mezcla con su agua, añade algo de azúcar y harina, y lo cuece a la brasa junto con el pescado: será pan y cubierto a la vez. Mientras, Noemí elabora los platos con hojas de palmera. Todo aquí es eco.





Tonui enciende un fuego, y una vez transformado en brasa coloca el pan de coco y el pescado sobre una malla. Pero, ¿y vosotros? ¿no vais a comer? -pregunto sorprendido. No, nosotros hemos “hecho el café” esta mañana en el hotel y estamos llenos. Y es que los tahitianos practican eso de faire le café algún que otro domingo, lo cual consiste en ir a un buen hotel y por unos 20€ por persona ponerse morado con el buffet del desayuno. Es increíble lo que llegan a ingerir. Como me comenta Tonui orgulloso, hemos vaciado todo lo que había.

Total, dos personas que no me conocían de nada se han molestado en pasearme en su coche, ir varias veces hasta el hotel, llevarme a pescar, invitarme a su casa y prepararme un pescado buenísimo con un riquísimo acompañamiento, todo por simple y llana simpatía. ¡Ayyy...si todo el mundo fiera así, qué diferente sería todo!

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