jueves, 16 de agosto de 2012

Rangiroa



Rangiroa, Polinesia Francesa

Jueves 2 de agosto, 9 de la mañana: tras un día y medio de travesía marítima, el Aranui atraviesa la impresionante passe de Tiputa, la mayor de las dos que comunican el enorme lagon de Rangiroa con el océano. Como es de costumbre, un grupo de delfines se unen a la proa para jugar con las olas que produce nuestro buque.



Una vez dentro del inmenso lagon (tan grande que cabría la isla de Tahiti entera en su interior) los pasajeros descienden por turnos a las barcazas que les trasladarán a tierra para disfrutar de las diferentes actividades que ofrece la isla: buceo, visita de granja perlera, paseo en submarino, playa... Yo soy el único que me quedo a bordo. La razón: mi travesía acaba aquí, en Rangiroa, donde permaneceré los próximos 5 días.



Ello me permite disfrutar del barco vacío y a mis anchas durante unas cuantas horas, hablar tranquilamente con el personal, con Vai, la responsable de la parte turística, con las chicas del servicio, la de la tienda, etc...y acabar comiendo acompañado de dos marineros que me cuentan los chismes del buque.

Al acabar, el infatigable Tamarii me acompaña hasta el muelle, donde cojo un bus que me lleva al hotel. Al llegar salgo a la terraza del bungalow y veo como el Aranui desaparece por la estrecha y agitada passe de Tiputa. Ahí van mis compañeros de viaje, rumbo a Papeete, donde llegarán mañana por la mañana. A bientôt les amis!

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