jueves, 20 de diciembre de 2012

Darwin no se fijó en los pinzones



Gardner Bay, Isla Española (Hood), Galápagos

Isla Española (Hood) es nuestra primera parada (los nombres de las islas Galápagos se acompañan casi siempre de su antiguo nombre en inglés). Hemos navegado toda la noche y amanecemos con un sol espléndido delante una playa desierta que parece sacada de otro planeta.


Nuestra primera toma de tierra no puede ser más espectacular. Estamos en Gardner Bay, al norte de Española, en una playa de arena blanca donde reposan plácidamente varios leones marinos de las Galápagos (Zalophus wollebaeki). No hay nadie. George, el guía ecuatoriano que viaja con nosotros en el Beluga, nos ha sugerido madrugar para ser los primeros en la isla. ¡Bien por George!

Una vez en tierra, la sensación de naturaleza virgen no puede ser mayor. Me acerco a uno de los leones marinos y me percato por primera vez en la vida que estoy siendo visto y tratado como otro animal, uno de la especie Homo sapiens, una especie que aquí no es depredadora. El animal ni se inmuta con mi presencia, me mira un segundo y prosigue con su siesta.



Un poco más allá una hembra amamanta a su cría. De nuevo me acerco tanto que huelo la leche que resbala por la piel de la madre. Ni un síntoma de alerta o de peligro. Tranquilidad total pues Homo sapiens no va a hacer nada malo.




Los osos marinos no son los únicos habitantes de Española. Un precioso lacértido de cabeza ensangrentada, la lagartija de lava de Española (Microlophus delanonis), hace acto de presencia, se detiene en su paseo playero, y me mira curiosa.



En un matorral, una reineta de manglar (Dendroica petechia), dorada como un canario, pone la nota de color entre la vegetación.



Y también aparecen los curiosos sinsontes, uno de las 4 especies que habitan el archipiélago. A pesar de todo lo que se ha escrito, no fueron los famosos pinzones ni el tamaño de sus picos lo que inspiró a Darwin en su teoría de la evolución durante su visita en 1835 a las Galápagos. Eso es un falso mito. Darwin pensaba incluso que eran mirlos, chochines y picogordos, es decir, miembros de familias diferentes. Ni siquiera los llegó a clasificar. Se limitaba a cazarlos y a enviarlos a su amigo John Henslow de Cambridge (el que le propuso como naturalista del Beagle). Es más, incluso olvidó de anotar la isla donde habían sido recolectados, con lo cual no podía concluir aquello de "cada isla una especie". Fue el ornitólogo John Gould quien, meses después del regreso del Beagle a Inglaterra, anunció junto con Darwin que todos esos pájaros eran miembros de una misma familia: los pinzones de las Galápagos.


En cambio, Darwin sí se fijó en otro pájaro, el sinsonte, y en las sutiles diferencias que había entre los especímenes recolectados en las diferentes islas. En su primera escala, Isla Cristóbal (Chatham), se percató que los sinsontes eran ligeramente diferentes a los que había visto en Chile. Pero la "alarma" saltó cuando en Isla Floreana (Charles) Darwin vio de nuevo diferencias. Unos días más tarde, en Isla Isabela (Albemarle)  capturó otro sinsonte y de nuevo notó diferencias. Cuando los estaba empaquetando para mandarlos a Henslow cayó en la cuenta que no eran "variedades" sino que se trataba de especies diferentes, especies que podrían proceder de un miembro común y que se habrían diferenciado con el tiempo por el aislamiento geográfico. ¡Bingo!

El que tengo delante, el sinsonte de Española (Nesomimus macdonaldi) es más grande y tiene el pico más largo y curvado que los de las otras islas. Yo añadiría que es también el más descarado, persiguiéndote todo el rato para que le des agua o algo de comer. Y si no le das nada (no está permitido), se te sube al trípode para otear mejor.




Más curiosidades sobre Darwin: no fue en las Galápagos donde al biólogo del Beagle se le encendió la chispa de la evolución. La primera pista que condujo a Darwin a su teoría se había producido unos meses antes en Argentina donde recolectó fósiles de megaterios, unos mamíferos con corazas en formas de placa parecidos a los armadillos, que Darwin también había visto en Sudamérica. Considerando estas formas extinguidas y vivas juntas, Darwin teorizó que los megaterios y armadillos podían estar relacionados. Pensó que podían ser parte de un grupo más grande de mamíferos sudamericanos que habían evolucionado su coraza corporal como parte de una adaptación con el objetivo de protegerse. Darwin especuló que un antiguo “primo” de los megaterios podía ser el ancestro del armadillo. Comenzaba a gestarse una teoría que sugería que las especies cambiaban con el tiempo, que EVOLUCIONABAN.

Uf...ha llegado otro barco y, con él, más turistas. Es hora de subir al dingui y escapar a nuestra segunda escala en Española: Punta Suárez.

1 comentario:

  1. Los mamíferos con corazas en formas de placa parecidos a los armadillos no son los megaterios!! son los Gliptodontes, de quienes también recolectó fósiles en las costas de Punta Alta, cercana a Bahía Blanca.

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