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jueves, 3 de septiembre de 2015

Parque Nacional de Isalo, Madagascar



Isalo, Madagascar

Hoy volamos en avioneta desde Morondava hasta Tuléar, en la costa SE del país.



En el aeropuerto de Tuléar nos espera un bus para recorrer un largo trayecto hasta el Parque Nacional de Isalo, 250 km al interior. A medio camino hacemos una parada/visita al Parque Nacional de Zombitse, donde avistamos algún que otro lémur, y yo doy con un tetraka de Appert's, un pajarillo 
endémico de este bosque. No lo consigo fotografiar, pero un tal Dubi Shapiro sí lo hizo alguna vez, a juzgar por su foto en google:

Appert's Tetraka (Xanthomixis apperti)

El viaje en bus dura toda la mañana. Hacia el final del trayecto comienzan a aparecer las impresionantes formaciones rocosas características del parque.



La provincia también es conocida por sus zafiros. En Ilakaka, un pueblo fantasma cercano al parque, los habitantes buscan afanados alguno de esos pedruscos que podría transformar sus vidas.






Al día siguiente,mientras el resto del grupo se va a hacer un largo trecking, yo me quedo disfrutando de la estupendas instalaciones y vistas del Isalo Rock Lodge, perfectamente integrado en el paisaje local. Ojalá los arquitectos españoles aprendieran de lugares como éste, en los que los edificios y el paisaje van al unísono.







Esa noche, sin luna y lejos de cualquier luz artificial, se presenta especialmente buena para la fotografía estelar. La Vía Láctea, nuestra galaxia, muestra su mejor cara.



lunes, 5 de agosto de 2013

La vida en un pontón


Raiatea, Polinesia Francesa. A eso de las 5 de la tarde, una hora antes de que se ponga el sol, me acerco al pontón de la pensión. Los pontones, esos muelles de madera que se adentran unos metros en el lagon para amarrar temporalmente las barcas, son uno de mis lugares preferidos.

Hoy, una familia local disfruta del atardecer con sus niños, que no paran de corretear. Les tiro unas fotos, luego le pido al padre que me dé una dirección e-mail para enviárselas. Está encantado.



A eso de las 6 se pone el sol. Ahí va la "postalita" de turno.

En bien conocido que en los trópicos anochece muy deprisa. Al cabo de pocos minutos de ponerse el sol ya puedo hacer exposiciones de larga duración. En ellas se alisa el mar como si hubiera pasado una plancha mágica, un efecto que siempre me ha gustado de la fotografía penumbral.

Al cabo de un rato aparecen unos jóvenes que prueban sin éxito de pescar algún pez despistado.

Pronto desisten del intento, justo cuando empieza a aparecer un fenómeno astronómico excepcional en Europa pero prácticamente cotidiano en los trópicos: la luz zodiacal. Hoy, además, el espectáculo viene acompañado por la presencia del planeta Venus, cuyo brillo es tan intenso que se refleja en el lagon como si fuera la luna.

Se trata de una luz difusa que se extiende en forma de lenteja a lo largo del zodíaco. Se produce por el reflejo de la luz solar de millones y millones de partículas de polvo, piedras y rocas que todavía pululan por el disco del sistema solar, entre los planetas.

Algo más tarde, se divisa ya la Vía Láctea en todo su esplendor, otro de los espectáculos del hemisferio Sur e ideal de ver desde los pontones, normalmente apartados de las luces de las casas y los coches. Un buen punto final para este plácido atardecer.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Una noche estrellada en Bokissa

Isla Bokissa, Espíritu Santo, Vanuatu. Espíritu Santo es la mayor isla de Vanuatu y una de las más extensas de las 30.000 islas que componen Oceanía. Aún así, su tamaño es solo un poco superior al de Mallorca. 

El avión proveniente de Port Vila aterriza en el aeropuerto de Luganville, la población más importante de Espíritu Santo y segunda ciudad en tamaño de Vanuatu. Aquí se la conoce abreviadamente como Santo.


Un taxi-boat me lleva hasta el Bokissa Resort, en la pequeña isla de Bokissa, a 10 km de Santo. La isla es pequeña y tranquila. De hecho, es propiedad del dueño del resort, Dave, un australiano que junto con su mujer lleva el hotel bajo principios ecológicos y sostenibles.
Es tarde y se ha hecho de noche, así que tras dejar mis bártulos en el bungalow, me acerco al restaurante para cenar.

El bungalow queda cerca de la orilla y hoy es noche cerrada, libre de toda contaminación lumínica, sin luna y con un millón de estrellas ahí arriba. De hecho la claridad es tan alta que se aprecia un fenómeno astronómico visible en raras ocasiones: la luz zodiacal. Se trata de una débil banda luminosa observable unas horas después de la puesta del sol que se extiende a lo largo del plano de la eclíptica (el plano de nuestro sistema solar). Es la luz solar reflejada en el polvo y rocas más o menos pequeñas que pululan sueltas por el sistema solar. Esta es la primera y única fotografía que he podido sacar nunca de este fenómeno.

Más tarde, una vez ha desaparecido la luz zodiacal aprovecho la claridad de la noche para disparar alguna foto de la Vía Láctea que hoy está espléndida. Primero con el 50 mm f1.8 enfoco hacia la Cruz del Sur y el "saco de carbón" (la mancha negra que se ve en la parte superior de la foto de abajo) formada por polvo intergaláctico que tapa la luz de las estrellas. En la parte de abajo de esta misma foto se puede adivinar la rosada nebulosa de Carina. A la 1h de ella se encuentra el cúmulo abierto NGC 3532, y, a las 9h, las denominadas "Pléyades del sur". Increíble.

Cambio de lente y pruebo con el gran angular de 20mm. Ahora la Vía Láctea luce todo su esplendor, larguísima, sobre el horizonte. En la foto vertical, la Cruz del Sur y el Saco de Carbón quedan en la parte inferior de la imagen, casi en el horizonte. En la siguiente se aprecia el centro de nuestra galaxia, a 28.000 años luz de nosotros. 


Siempre me ha resultado curioso pensar que cuanto más lejos de nosotros están los objetos celestes, más jóvenes los vemos. La luz "tarda" en llegar a su destino, así que vemos los astros muy distantes como eran hace mucho tiempo, no como son ahora. Así que la foto de arriba es una foto del pasado, de hace 28.000 años. Es como recibir una foto de nuestro hijo que hoy tiene 20 años cuando tenía sólo 2. Fantástico.

lunes, 7 de noviembre de 2011

El cielo nocturno austral

Maupiti, Polinesia Francesa. Uno no da crédito de lo que ve cuando contempla un cielo nocturno sin luna en el hemisferio austral. Esa belleza infinita, nunca mejor dicho, tiene una causa doble: por un lado es consecuencia de la ausencia total de contaminación, tanto lumínica como de humos y partículas. Por otro, el cielo del hemisferio sur es per se más rico en objetos astronómicos que el del norte. 

Por de pronto el centro de la Vía Láctea, rico en estrellas, cúmulos estelares y nubes de gas y polvo, se encuentra en la constelación de Sagitario que aquí luce muy alta en el horizonte, casi en el cenit. A su lado, la silueta inconfundible del Escorpión, con su gigante roja Antares, acompaña la Vía Láctea con todo su esplendor.

También destaca la zona del Centauro, con sus dos luceros Alfa y Beta Centauri, y la vecina Cruz del Sur, símbolo por excelencia de estos mares y brújula amiga de los navegantes polinésicos durante sus periplos insulares. Por cierto, aquí no hay “estrella polar del sur”. Al contrario, la zona circumpolar austral pertenece a una constelación (Octans) muy despoblada de estrellas.

Otra de las maravillas de esta latitudes son las dos Nubes de Magallanes, inobservables desde Europa. Antonio Pigafetta, un escolar italiano que formó parte de la expedición de Fernando de Magallanes en la primera vuelta al mundo en 1522, y uno de los 18 de 240 que la sobrevivió, fue el primer occidental que describió las nubes, aunque las primeras notificaciones datan del 964 en el libro de las estrellas fijas del astrónomo persa Al Sufi.

Se trata de dos pequeñas galaxias, satélites de nuestra Vía Láctea. En esta época del año, aquí son visibles durante la madrugada. Mirad qué bonitas:





Resulta muy fácil hacer fotos astronómicas si uno dispone de una cámara réflex y una lente (o zoom) gran angular (35mm, o mejor 28mm, o 18mm). Probad con esto: trípode (o una piedra, o apoyar la cámara en el suelo boca arriba, o lo que sea para mantenerla absolutamente quieta); temporizador del disparo (a 5 segundos); modo en posición manual (“M”); velocidad en 30”; diafragma, el más abierto que permita la lente (recordad, los diafragmas más abiertos son los que tiene el número “f” menor, por ejemplo 5.4, o 4.5, o mejor 2.8); ISO alto (a mi me gusta 2000, pero si no os importa mucho el “ruido” lo podéis subir hasta el máximo que os permita la cámara); enfoque manual a infinito. Y a disparar. ¡Veréis qué fotos!

Os enseño algunas tomadas anoche, aquí en Maupiti. Las nubes reflejan la tenue luz de las casas de la isla, proporcionando esa tonalidad roja al cielo: