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viernes, 11 de mayo de 2012

Zambullidas

Stone Town, Zanzibar. Si hay una imagen que se repite en todos los puertos, muelles y malecones de las ciudades tropicales de este planeta es la de niños zambulléndose una y otra vez. Y Stone Town no podía ser una excepción.

La diferencia entre ciudades es que en las culturas musulmanas sólo los niños disfrutan de esa actividad. A ellas únicamente les queda mirar.

jueves, 10 de mayo de 2012

Atardecer en Mercury's, Stone Town

Mercury's, Stone Town, Zanzibar. Uno de los lugares de moda en Stone Town es el restaurante Mercury's, en primera línea de mar. El lugar debe su nombre al cantante Freddy Mercury, sorprendentemente hijo de esta isla. Con un ambiente al más puro estilo Café del Mar ibicenco, los occidentales acuden durante la puesta de sol para disfrutar de un plácido atardecer, frente a un mar calmado, con música chill-out de fondo y niños jugando en la orilla.


El día acaba con unos buenos pinchos de carne en los jardines Forodhani, frente al famoso Old Fort, donde un regimiento de roulottes ofrecen toda clase de especialidades zanzibarís, como pescado a la parrilla acompañado de mandioca o boniato.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Los esclavos

Stone Town, Zanzibar. En Stone Town se encuentra una gran iglesia anglicana, la Catedral de Cristo, construida con piedra coralina en 1873, y emplazada en lo que fue el mercado de esclavos más grande de Zanzíbar. De hecho, la catedral conmemora el final de este nefasto negocio. El altar se erigió en el mismísimo lugar donde tenían lugar los latigazos. Afuera, un monumento representa a 5 esclavos de piedra, encadenados, saliendo de una fosa (foto de arriba). Creo que es el monumento que más me ha impresionado en la vida.


El comercio de esclavos entre la costa este africana y el mundo musulmán se remonta al siglo XII. La conquista de Zanzíbar por parte del sultán de Omán condujo a un intenso tráfico de esclavos desde la isla a los países del golfo Pérsico y la India. Se calcula que a lo largo de la historia, entre 11 y 18 millones de esclavos fueron enviados a realizar trabajos forzados en Asia. Muchos se vendieron aquí, en este mercado.

Todos creemos que la humanidad ha evolucionado mucho y que, por suerte, la esclavitud es algo que pertenece ya a nuestro turbio pasado. Desgraciadamente, esto no es así. Es más, es todo lo contrario: hoy en día hay más esclavos en el mundo que en cualquier otra época de la historia de la humanidad.

Aunque tengamos que pellizcarnos para creerlo, se calcula que en la actualidad todavía hay entre 12 y 27 millones de personas en estado de esclavitud en este planeta, aunque la práctica se haya abolido oficialmente en todos los países. El último, Mauritania...en 1981. Dicho de otro modo, en Mauritania era legal tener esclavos en 1980, hace tan sólo 30 años. En países como Niger, Nigeria, los dos Congos, Costa de Marfil, Sudán, Haití, Nepal, Myanmar, India...y muchos más, sigue existiendo ilegalmente la esclavitud, es decir, "personas tratadas como propiedad, que se venden y compran, y que son forzadas a trabajar". 
A veces uno siente vergüenza de pertenecer a esta especie animal que se autodenomina "sapiens".

martes, 8 de mayo de 2012

Por las calles de Stone Town


Stone Town, Zanzíbar. Stone Town es la ciudad perfecta para dejar volar la imaginación y la fantasía. Sus edificios y palacios, construidos en su mayor parte entre 1830 y 1930, muestran ese aspecto colonial, antiguo, poco cuidado, tan característico de los lugares exóticos.

En Stown Town se mezclan las medinas árabes con los bazares indios, los edificios portugueses, con los británicos, los hombres y mujeres africanos con los asiáticos y los europeos, los vestidos exóticos con los atuendos elegantes. Fueron los portugueses, en el año 1503, los primeros occidentales en llegar y en comercializar con la gente local. Decidieron instalarse y construir una ciudad con puerto.

Pero las riquezas que ofrecía la isla atrajeron a los vecinos sultanes de Omán que acabaron por sacar a los portugueses y hacerse dueños y señores del lugar a partir del siglo XVII. Uno de ellos, Seyyid Saïd incluso decidió instalar su gobierno aquí, en 1832. Fue durante su mandato cuando Zanzíbar se erigió como un lugar clave en el tráfico de las especias. La especialidad de la isla, todavía hoy en día, era el clavo o girofle. El sultán creo innumerables plantaciones de árboles del clavo por toda la isla, que eran explotadas por los esclavos. En 1859, Zanzíbar produjo dos millones y medio de toneladas de este fruto. Con tanto potencial, aumentó también el comercio de esclavos, que llegó a sumar en un siglo, más de un millón.

Más tarde, Zanzíbar, pasó a manos alemanas y finalmente, en 1890, a los ingleses, que la intercambiaron con los alemanes por la pequeña isla de Heligoland, en el mar del Norte. Los británicos derrocaron al sultán en 1896 y abolieron la esclavitud. Hasta el año 1964, la isla vivió en una especie de falta de identidad: los descendientes de los omanís conservaban aún puestos importantes en la vida política y comercial de la isla, los indios tenían el poder comercial, y los africanos descendientes de los esclavos, esperaban su hora. Al final de la segunda guerra mundial emergió un movimiento independentista, que culminó en 1963, y al que siguió un golpe de estado. 


Desde 1964 Zanzíbar forma parte de Tanzania. Ese año, su gobernador, Karume, condujo a la isla a la ruina económica. Ocho años más tarde fue asesinado y, desde entonces, sus sucesores han hecho todo lo posible por mejorar el país. Hoy sobrevive en gran parte gracias al turismo, con 60.000 visitantes al año que aportan un tercio de la economía. Aún así, el millón de habitantes que habitan esas tres islas vive en su mayoría en medio de la pobreza y en condiciones de higiene y salud muy precarias.

lunes, 7 de mayo de 2012

Siluetas

Zanzibar, Tanzania. Durante la marea baja, los habitantes de Matemwe acuden a la laguna para pescar y recolectar moluscos. Hace un sol de justicia y todo brilla cegadoramente. Abro varios diafragmas mi lente y comienzo a tirar fotos de sus siluetas. 


domingo, 6 de mayo de 2012

Retratos de Zanzíbar

Zanzibar, Tanzania. Paseando por la playa de Matemwe me encuentro con un grupo de jóvenes que regresan de recoger moluscos tras la marea baja, una de las principales actividades de la gente de este lugar.

Rápidamente percibo que los ojos de esos adolescentes desprenden una luz interior, de tono azulado, como no la había visto nunca antes en una mirada. Era el reflejo más puro de la naturalidad. Esa luz tenía que venir de muy adentro.


sábado, 5 de mayo de 2012

Zanzíbar

Zanzíbar, Tanzania. Con Zanzíbar acaba este pequeño periplo por las islas del oeste del Indico.

Zanzíbar, junto con Pemba y Mafia, forman un trío de islas situadas frente a la costa de Tanzania, país al cual pertenecen políticamente. Con una superficie aproximadamente la mitad de Mallorca, Zanzíbar (o Unguja, como se la denomina localmente) es la más poblada del archipiélago.

Hasta hace relativamente poco, Zanzíbar no figuraba como destino turístico frecuente. Hoy, en cambio, la isla constituye el punto final de muchos paquetes turísticos que incluyen un safari en Tanzania. “Agotado” de ver tantos animales salvajes, el turista estándar sucumbe ante la tentación del vendedor de viajes que le ofrece “pasar tranquilamente las tres últimas noches de su safari en una playa del Indico”.

Pero Zanzíbar es mucho más que esa playa de postal. Detrás le acompaña una historia apasionante de tráfico de especias, de marfil y, por desgracia, también de esclavos. Su ciudad principal, Stone Town, es una maravilla de la arquitectura y del ambiente oriental. Tanto es así que en el año 2000 fue declarada patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco. Pero reservo hablar de esa joya para otro día.

Me hospedo en un hotelito en Matemwe, en la costa norte. A medida que el taxi se acerca al lugar, la desolación y pobreza de los alrededores van en aumento. Al final, el vehículo atraviesa el pueblo. Las casas están abiertas y puede verse un poco sus interiores. La miseria resulta evidente. Me invade una sensación de culpabilidad occidental al pensar que detrás de toda esta pobreza hay un hotel con toda clase de comodidades. Es una sensación que se repite en muchos viajes y que da mucho que pensar.