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domingo, 25 de marzo de 2012

Faial

Horta, Faial, Azores. Lo de hoy no se puede llamar estrictamente una visita a la isla, sino que se trata simplemente de una escala de 6 horas del vuelo Flores-Ponta Delgada. Aprovecho el “desfavorable enlace” aéreo para dar un paseo por Horta y su variopinto puerto deportivo, repleto a rebosar de grafitis. En pleno Atlántico, a menudo las tempestades juegan malas pasadas y, por eso, cada vez que los marineros ponían pie en tierra estampaban su firma en un muro situado junto a los amarres dando gracias a Dios. Quien no lo hacía, tenía los días contados. Una superstición a la que siguen temiendo las tripulaciones de hoy en día, con lo que no hay un palmo de pared libre, ni un trozo de suelo, ni una roca sin su correspondiente grafiti multicolor. 

El enorme volcán de la vecina isla de Pico, cumbre de Portugal con 2.352 m de altura, es el telón de fondo en todas las vistas al puerto.

Uno de los lugares más concurridos y famosos de Horta es sin duda el café Peter’s, original de 1918. Navegantes de todo el mundo, celebridades, famosos, o simples turistas, todos se dejan caer en este lugar mítico para tomar un refresco en un momento u otro de la visita a la isla. Con casi 100 años de vida, sus paredes esconden las historias y leyendas marineras más apasionantes que uno pueda imaginar. Tras una puerta, al fondo del local, se encuentra un pequeño museo de huesos y dientes de cachalote con grabados de escenas de la vida de la isla.

Un último tramo aéreo me devuelve a Ponta Delgada, donde pernocto. Al día siguiente toca regreso a Barcelona.

Con las Azores se acaba este largo periplo por la Macaronesia. Pero esto no termina aquí: mañana daremos un gran salto a otra isla del Atlántico...mucho más al norte. Stay tuned.

sábado, 24 de marzo de 2012

Un paseo por Flores

Aldeia da Cuada, Flores, Azores. Esta isla es deliciosamente bella. Hoy lo dedico a recorrerla entera en coche.
Desde Cuada, la carretera asciende primero hacia los lagos volcánicos del interior: caldeira branca y caldeira funda. Las vistas y la tranquilidad que se respira aquí arriba parecen sacadas de otro mundo. Es viernes santo de 2009 y no veo ni un solo turista.

Atravesando la reserva natura forestal de Morro Alto se llega a la localidad de Ponta Delgada, en la costa. A lo lejos, la pequeña y todavía más aislada isla de Corvo muestra su perfil rodeado de misterio.


Un poco más al este, en la mismísima punta y en medio de prados verdes y vacas, se encuentra el faro de Albamaz.

Una vez en la parte sur, me acerco hasta la villa costera de Lajes das Flores, pequeña y rural. Luego prosigo por Lajedo y Mosteiros, al oeste, donde las formaciones volcánicas surgen de repente de entre la vegetación en forma de altas y prismáticas columnas basálticas. Es la Rocha dos Bordoes, una impresionante formación geológica única en las Azores.


Desde Mosteiros hay un par de miradores hacia la costa oeste de la isla con amplias vistas que invitan a la meditación.

Al atardecer, me acerco hasta la costa para presenciar una última puesta de sol atlántica: esta vez en Faja Grande.

Una vez de noche, se oyen maullidos... muchos maullidos. Provienen de las rocas. No son los gatos, son las pardelas cenicientas o cagarros como las llaman aquí, que acuden a tierra para alimentar a sus crías tras de un largo día pelágico.

viernes, 23 de marzo de 2012

Flores

Aldeia da Cuada, Flores, Azores. Ya estoy en Flores, la alejada y apartada Flores, al oeste del archipiélago de las Azores.
Eine Azoren Karte
Me alojo en una casa de un conjunto rural en plena naturaleza. Se trata de Aldeia da Cuada, un grupo de 14 casas de piedra, al oeste de la isla, que han sido cuidadosamente restauradas para el turismo. La mía se llama Casa do Jose Maria. Tiene 3 dormitorios, sala de estar, cocina y baño. Vamos...que no me la acabo. Aquí no hay restaurante, o sea que deberé ir al colmado; al menos, para lo del desayuno.

El patrón me dice que hay 5 casas ocupadas, pero no se ve ni se oye a nadie. Y fuera está nublado. Son pasadas las 6 de la tarde y me siento muy solo.

A veces buscamos la soledad y la tranquilidad a toda costa, y cuando la encontramos, como en esta isla-apartada-del-mundo que es Flores, no sabemos muy bien cómo gestionarla.

Para no caer en depresión profunda, decido ir a Fajãzinha, el pueblecito de arriba, a cenar a un restaurante frente al mar que se llama Pôrt-do-Sol. Por suerte el local está animado: a mi lado una mesa ocupada por una familia, y un poco más allá, un grupo grande de jóvenes, todos de Flores. Me dedico a observarlos, uno de mis pasatiempos preferidos cuando viajo...¿qué cómo es el floresino? Pues sólo tengo buenas palabras: gente muy educada, hablan bajo, visten bien, con un cierto look italiano, conversan sobre temas interesantes...vamos, "igualito que el español"...

Fuera hay un precioso drago, probablemente centenario. La savia de los dragos es la única de color rojo de todo el reino vegetal. Se la conocía antiguamente como “sangre de drago” y se utilizaba para elaborar tintes y barnices.

He leído en algún sitio que ésta es la punta más occidental de Europa, pero al final...¿qué es Europa? ¿Canarias es también parte de Europa? A nivel administrativo sí, pero es que entonces también lo son Martinica o la Guyana...o La Reunión, en medio del Indico. Ahí queda eso.

Hoy, el horizonte marino va subiendo poco a poco hasta ocultar el sol que permanece impávido en el espacio.

jueves, 22 de marzo de 2012

Terceira

Angra do Heroismo, Terceira, Azores.  Increíble: de nuevo no ha llegado mi maleta. Ya se retrasó dos días a mi llegada a las Azores. En este mi segundo vuelo, se ha vuelto a extraviar. Dos veces en tres días debe ser todo un récord.

Intentando calmar mi desespero, voy a recoger el coche de alquiler y me dirijo a mi hotel, la Pousada do Fuerte de São Sebastião, en Angra do Heroismo, la capital de Terceira. Se trata de un antiguo fuerte del siglo XVI convertido en pousada, ubicado en un lugar privilegiado, frente a la gran bahía de Angra, con vistas al mar y los Ilheus das Cabras.

La ciudad de Angra do Heroismo, patrimonio de la humanidad de la Unesco desde 1983, es la capital de la isla. Lo de “heorismo” viene de la reina Maria II de Portugal, que le puso ese calificativo por la bravura que demostró en las guerras del Liberalismo a principios del siglo XIX. En cuanto al nombre de la isla, "Terceira", la bautizaron así porque fue la tercera isla del archipiélago en descubrirse: bravo por la imaginación de los geógrafos.

La ciudad de Angra constituyó parada obligatoria en los viajes a América durante tres siglos. Entre otros, Darwin hizo escala aquí en 1836 cuando navegaba a bordo del Beagle. Tristemente, tras recorrer la isla, escribió en su cuaderno de notas: “nada interesante que reportar”. 


Por desgracia, durante los dos días que escojo para recorrer la isla hace un tiempo horrible: niebla, lluvia, frío...total, que me adhiero a Darwin: “nada interesante que reportar”. Además, está todo el interior patas arriba, con las carreteras en obras, levantadas de cuajo. Para colmo del yuyu que me estaba entrando sobre esta isla, descubro que fue aquí donde tuvo lugar la deplorable reunión de las Azores de 2003 entre Bush, Blair y Aznar, con Durao Barroso como anfitrión, en la que los tres dirigentes lanzaron un ultimatum a Saddam Husein para que se desarmase en 24h de unas armas de destrucción masiva que no tenía.
Pero bueno, Angra do Heroismo tenía encanto...y la maleta llegó al día siguiente.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Sete Cidades, como sacada de una postal

Sete cidades, São Miguel, Azores. Hoy es mi último día en São Miguel. Lo dedico a explorar la parte oeste, quizás la más conocida de la isla por su espectacular belleza y su vegetación exuberante. 

Sin duda el punto de atracción es Sete Cidades, un pueblo pequeño, tranquilo, encantador, rodeado de prados. Está situado en el fondo de un cráter, entre dos lagos. La vista desde arriba, en el Mirador do Rei, es la imagen icono de las Azores.

Una vez abajo, se respira una profunda tranquilidad. Unos jóvenes hacen kayac en el Lagoa Azul. Yo me estiro en el prado, rodeado de lirios, disfrutando de la calma.


Todo está verde, verdísimo. Hace un sol radiante y los canarios cantan con rabia. Por cierto, los canarios salvajes no son como los que estamos acostumbrados a ver en las jaulas, dorados o blancos, nada de eso, son verde-amarillentos, con motas en los flancos, parecidos a nuestros verdecillos. Eso sí, cantan igual de bien.

La carretera remonta las paredes del cráter para mostrarnos su vertiente atlántica, con sus pueblos, costas y peñascos. Abajo quedan el Faro de Punta Ferraria, y la población de Mosteiros, con sus farallones.




Resignado, debo despedirme de la isla: esta misma tarde vuelo a Terceira.

martes, 20 de marzo de 2012

El priolo

Serra da Tronqueira, São Miguel, Azores. Amanece sereno en el convento de São Francisco. Afuera, el campanario de Vila Franca do Campo repica con rabia.

Hoy es mi segundo intento de avistar al priolo. El objetivo no es fácil: quedan tan solo 775 ejemplares en libertad, y ayer no vi ni un atisbo. Se trata de la segunda especie de ave más rara de Europa, y está clasificada como críticamente amenazada de extinción. Pero antes me doy un paseo por la vertiginosa y aislada Faial da Terra:

Abajo en la costa, sobre los guijarros, un precioso macho de lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) en plumaje estival salvaguarda su territorio.

Pero me espera el priolo o Camachuelo de las Azores (Pyrrhula murina) y no me quiero distraer demasiado. Sigo la indicación de mis notas bajadas de internet: en la carretera que va de Povoaçao a Nordeste, tomar un camino a mano izquierda, en el km 7, que indica “Serra da Tronqueira, área del priolo”. A 2,8 km, a la derecha, hay una especie de claro en el bosque. Mirar y buscar por los árboles de tamaño mediano. Este es el lugar más probable para ver al ave.

Al llegar al claro se me enciende una luz al ver un coche parado, con la ventanilla bajada y...un potente teleobjetivo apuntando hacia el exterior. Quienquiera que fuera, sólo podía estar haciendo una cosa: fotografiar al priolo. Dirijo los prismáticos hacia donde apuntaba su lente, y, dicho y hecho, allí estaba, una media docena de priolos alimentándose tranquilamente de bayas. Lo primero que me sorprende es su menor tamaño comparado con el de su primo continental, nuestro camachuelo común. Lo segundo (aunque eso ya lo sabía) los machos carecen del vientre rosa tan característico de nuestras aves. No logré ninguna foto digna de poner aquí, pero había conseguido mi objetivo.

Cargado de optimismo y satisfacción, sigo por el camino y desciendo hasta Nordeste, una población costera con carácter fuerte, rebosante de azaleas y hortensias.

El pico de Vara, el más alto de la isla (1.100 m) queda cerca, y las vistas desde él son espectaculares. Es curioso, Madeira, Azores, Santo Antao de Cabo Verde... en todas las tierras lusas abundan los miradores vertiginosos. Quizás es por esto que se ven tantos recordatorios en las carreteras.

Prosigo mi tour por la costa norte de la isla, hasta llegar a Maia y Porto Fermoso. Aquí el mar es más bravo, hace más viento y el ambiente es menos acogedor. Solo Maia conserva un cierto encanto, con sus calles que dan al océano y sus casas encaladas.

Camino de vuelta a mi celda en Vila Franca do Campo, cojo la carretera del interior que sube hasta Lagoa de Fogo, una preciosa laguna en medio de un cráter, rodeada de vegetación exuberante. La verdad es que toda la isla rebosa verdura.

Al llegar a mi pueblo base, me acerco un momento a la playa para contemplar el atardecer. Los guijarros están cubiertos de una densa capa verde, como si la naturaleza los hubiera forrado minuciosamente.

lunes, 19 de marzo de 2012

São Miguel, Azores

Vila Franca do Campo, São Miguel, Azores. São Miguel es la principal y más visitada isla de las Azores. En la mayoría de los archipiélagos, la isla principal no acostumbra a ser la más atractiva. Aquí ocurre lo contrario: realmente São Miguel es una belleza y ella sola vale la pena el viaje. Es más, si por presupuesto o por tiempo decidís visitar sólo esta isla, ¡adelante! no os arrepentiréis.

Me despierto en mi celda, con una vista fantástica del Ilheu (islote). Aunque no se ve desde tierra, el Ilheu alberga una preciosa bahía circular, una especie de atolón, con playas paradisíacas. Yo lo contemplo por fuera, tomando un copioso desayuno en el que, como en todas partes que los portugueses han dejado huella, no falta el queixo fresco.

Es domingo de ramos y se nota movimiento en Vila Franca do Campo. Los jóvenes organizan desfiles callejeros, tocan la pandereta y cubren las calles de flores.

Hoy decido visitar la parte oriental de la isla. Dirección a la población de Furnas, la carretera, cuidadosamente adornada de flores y árboles, bordea una preciosa laguna (foto de entrada), la Lagoa das Furnas.

En Furnas vale la pena visitar su parque botánico, la piscina de agua sulfurosa y caliente, y sus numerosas caldeiras donde emana agua hirviendo saturada de derivados sulfurosos. Al cabo de un rato, tuve que abandonar el lugar porque el hedor era demasiado fuerte.

Pero mi destino era la Sierra da Tronqueira, lo confieso, donde vive el camachuelo de las Azores o priôlo (Pyrrhula murina) el último hábitat de esta especie endémica del archipiélago. Voy y vengo por el camino que cruza la sierra, llego hasta Nordeste, me subo al pico Bartolomé, bajo, miro, escucho, y...nada de nada. El lugar es una maravilla, pero el priôlo no se ha dejado ver.


Resignado, me vuelvo a mi convento. En el trayecto de vuelta, Vila Franca do Campo y su Ilheu parecen prepararse tranquilamente para la noche. Desde lo alto lucen preciosas.

Pero la historia del priôlo no podía acabar así: ¡mañana lo vuelvo a intentar!