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miércoles, 15 de agosto de 2012

Ua Pou: último contacto con las Marquesas


Ua Pou, Islas Marquesas, Polinesia Francesa. Dos horas después de zarpar de Nuku Hiva el Aranui atraca en el muelle de Hakahau, en la vecina isla de Ua Pou. Como es costumbre, los niños aprovechan para colgarse de los cabos durante las horas que permanecemos en tierra.

Catherine Kervella vive con su marido Didier (uno de nuestros guías) en un valle perdido en el interior de Ua Pou. Catherine ha subido al barco para mostrarnos los bambúes tatuados que viene elaborando desde hace algunos años. Esta ciudadana francesa ha investigado profundamente acerca de esta tradición consistente en representar y salvaguardar los motivos principales del tatuaje marquesano en cañas de bambú. El resultado es una auténtica obra de arte que rebosa belleza, misterio e información.

Nos despedimos de Didier y Catherine, que se retiran a su casa de la isla hasta dentro de dos semanas cuando el Aranui regrese con nuevos turistas y nueva mercancía.

Acto seguido, el Aranui suelta amarras, zarpa de la bahía de Hakahau y pone rumbo SW, dirección a Rangiroa, donde llegaremos tras dos días de navegación oceánica. Una última imagen de los pináculos de Ua Pou pone fin a este periplo por las Marquesas.

En el trayecto, una tormenta descarga con furia en el horizonte.


Por la noche, el Aranui Band, integrado por personal del barco, nos ofrece una vez más una animada velada. ¡Increíble el contrabajo improvisado con un cubo de basura, un palo de madera y una cuerda tensada a discreción!

martes, 14 de agosto de 2012

El parque Temehea de Taiohae, Nuku Hiva


Nuku Hiva, Islas Marquesas, Polinesia Francesa. El viaje del Aranui está llegando a su fin. El navío vuelve a visitar Nuku Hiva y Ua Pou, en esta ocasión para embarcar los contenedores que dejamos vacíos al principio del trayecto, ahora repletos de frutas y verduras que se venderán en Rangiroa y Papeete.

En Taiohae, Nuku Hiva, aprovechamos el par de horas que el Aranui precisa para sus quehaceres para visitar el tohua (parque) de Temehea, adornado con tikis marquesanos y moais pascuenses que los escultores locales Uki Haiti y Kahe'e Taupotini esculpieron con motivo del segundo Festival des Marquises en 1989, una feria que se celebra cada dos años en diferentes islas del archipiélago.

La bahía de Taiohae, en plena marea baja, muestra sus arenas rojizas.

Al rato nos embarcamos rumbo a la vecina Ua Pou, la que será nuestra última escala en las Marquesas.

Durante el trayecto aprovecho para visitar el puente y hablar un rato con el capitán, Jean-Paul Fa Shin Chong, que viste un gorro de palma, T-shirt azul celeste, y playeras: más casual imposible. Pronto llegaremos a Ua Pou.

lunes, 13 de agosto de 2012

Ua Huka, la isla de los caballos


Ua Huka, Islas Marquesas, Polinesia Francesa. El Aranui pone rumbo al grupo norte de las Marquesas. En esta ocasión, a la isla de Ua Huka, la más seca de las Marquesas. Su vegetación rasa y dorada le confiere un aspecto que recuerda a la isla de Pascua.

Hua Huka es la isla de los caballos y de la artesanía de la madera. Nuestra primera parada es en Vaipee, un pueblo situada al fondo de una angosta bahía conocida como Bahía Invisible por la dificultad que tenían los marinos en encontrarla. Una vez en el interior, y rodeados de impresionantes paredes, el Aranui se dispone a ejecutar una peligrosa y famosa maniobra que consta en un giro de 180º y el posterior amarre del barco a unos pilones que los marineros tienen que alcanzar con sus cabos.

El oleaje es fuerte y la bajada a las lanchas que nos llevan a tierra, complicada. El “efecto ascensor” hace que el nivel del último peldaño de la escalera del navío y el de la barcaza a veces llegue a los 2 m de diferencia, con lo que resulta complicado que todos los pasajeros lleguen “secos” al puerto.

En el pequeño muelle de Vaipeé nos esperan los 4x4 y los caballos. El lugar, de aspecto tranquilísimo, se ve repentinamente invadido por los pasajeros del Aranui.

De ahí nos dirigimos al ayuntamiento y al museo, en el que se pueden observar viejas piezas de la historia marquesana.




Afuera, los conductores de los 4x4 no paran de cantar al son del ukelele: lo llevan dentro.


Tras la visita al enorme jardín botánico guiada por su creador Leon Litchlé, ministro y alcalde del pueblo, nos dirigimos a la pequeña población de Hane, bordeando una preciosa costa de aguas esmeralda.

Una vez allí, vemos que el Aranui ya ha llegado a la bahía de Hane.

En el pueblo, la gente mata el tiempo jugando al bingo, siempre, cada día, a todas horas, a todas las edades.

Tras la comida y una vez todos a bordo, el Aranui pone rumbo a la isla vecina de Nuku Hiva y se prepara para la soirée polinesienne de esta noche, que tendrá lugar en el barco amarrado al muelle de Taiohae. Manarii, el líder y animador, ha organizado un baile con varios de los turistas, y nos quedamos todos pasmados del nivel alcanzado en tan poco tiempo.

domingo, 12 de agosto de 2012

Tahuata 1595, primer encuentro español-polinésico


Tahuata, Islas Marquesas, Polinesia Francesa. Tahuata es una pequeña isla vecina a Hiva Oa. Fue aquí, en la pequeña población de Vaitahu, donde en 1595 un occidental, el español Alvaro de Mendaña, ponía pie por primera vez en Polinesia. La expedición española, que creía haber llegado a las Islas Salomón, comenzó teniendo una buena relación con los indígenas que los consideraron dioses. 


Todo fue bien hasta que los españoles decidieron abandonar el archipiélago para continuar con su viaje. En ese momento los indígenas les siguieron con sus canoas, subieron al barco y comenzaron a apropiarse de objetos de navegación y otras herramientas, cosa que no gustó nada a nuestros paisanos. Por desgracia no hubo manera de disuadirlos y tuvieron que abrir fuego matando a 200 isleños. Fue un triste final para este descubrimiento fortuito. Una placa, por cierto muy poco vistosa, conmemora la llegada de nuestra gente al archipiélago en el ayuntamiento de Vaitahu.

Hablando con uno de los lugareños, Joseph Barsinas, me comentaba hoy que nadie siente ninguna clase de rencor contra los españoles por lo ocurrido. Es más, el tipo consideraba normal lo acontecido puesto que sus antepasados querían saquear el barco. Desde luego, hay que ser buena fe para perdonar así una intrusión de tal calibre -me quedo pensando yo.

Curiosamente, en Tahuata media población se llama Barsinas, un apellido de descendencia española que nada tiene que ver con la expedición de Alvaro de Mendaña, sino con comerciantes de la península que dejaron descendencia en esta isla hace unas cuantas décadas. 

Tahuata tiene fama de tener los mejores escultores de hueso, cuerno y nácar de las Marquesas. Entre ellos, Teiki y Marc, de apellido...Barsinas (cómo no). Sus piezas son de una calidad exquisita y se exponen en los museos del mundo entero. En el mercado junto a la plaza, Teiki tiene a la venta hoy un diente de cachalote esculpido que le ha llevado un mes de trabajo y que es una auténtica joya. Por desgracia su precio también es de joya: 1800 euros.

Su primo Marc Barsinas, en la mesa de al lado, exhibe una preciosa pipa en hueso y un tiki en piedra.

Vendedores aparte, hoy es domingo, y los tahuatenses católicos se disponen a ir a misa de 8. Aún sin entender ni una palabra de marquesano, algún que otro pasajero se apunta al oficio.


Unas horas más tarde abandonamos esta bahía cuyas aguas se vieron teñidas de rojo tras el primer contacto entre los españoles y el pueblo polinésico, ahora hace 417 años, no sin un cierto sentimiento de culpa heredada.

viernes, 10 de agosto de 2012

El sitio arqueológico de Puamau en Hiva Oa


Puamau, Hiva Oa, Islas Marquesas, Polinesia Francesa. A su regreso de la isla sureña de Fatu Hiva, el Aranui hace de nuevo dos paradas en Hiva Oa, en esta ocasión en la costa norte.

La primera es en una preciosa bahía entorno a la pequeña población de Puamau. A un par de quilómetros, en el interior de la isla, existe un lugar sagrado que parece sacado de una historieta de Tintín. El marae, o paepae como se denominan aquí a estos templos, está escondido en medio de la maleza, flanqueado por una gran montaña, envuelto en misterio y magia. Aquí se encuentran los tikis más grandes de toda la Polinesia francesa.

El lugar fue descubierto por el arqueólogo alemán Karl von den Steinen a finales de siglo XIX. Cuando llegó, las figuras estaban tiradas por los suelos, algunas decapitadas, resultado de las terribles guerras tribales que a menudo se producían en estas tierras. Hay 5 figuras principales y varias secundarias. La más grande es el que representa al gran jefe Taka'i'i:

Al lado se encuentra otra figura, el Maki'i tau 'a Pepe, o muerte de la princesa Tau'a Pepe, que representa a la princesa muriendo mientras da a luz:

A un lado se alza una figura humana con una cabeza pequeña que se cree fue añadida más tarde, y que en la foto de abajo es el personaje de la derecha, a no confundir con el de la izquierda:

Por último, en el centro se encuentra una figura muy particular, horizontal, que representa un perro.

Por desgracia todas esas figuras están siendo invadidas por los líquenes y se están literalmente deshaciendo con el paso de los años. Desde mi última visita al templo hace 6 años, yo mismo he notado la diferencia. O se hace algo pronto o estos tikis tienen los días contados. Comparad la foto de 2006 (arriba), en la que domina la piedra roja original, con la de 2012 (abajo), totalmente invadida por liquen corrosivo blanco:
En el camino de descenso a la playa, se encuentra la tumba del último rey Nike, en medio de una granja de nonis, ese fruto que el archipiélago exporta principalmente a Utah, donde los mormones tienen costumbre de tomarlo por sus aparentes propiedades curativas.

Fatu Hiva, la Marquesa más virgen


Fatu Hiva, Islas Marquesas, Polinesia Francesa. Fatu Hiva es la isla más auténtica de las Marquesas, y quizás de toda Polinesia. Sin aeropuerto (ni tampoco heliopuerto desde hace unos años) sus apenas 600 habitantes viven prácticamente aislados del resto del mundo.

La isla conserva intacta su vegetación autóctona, verde, frondosa y variada. La invasora acacia, cuyos estragos ecológicos son bien patentes en otras islas de este archipiélago, no ha llegado hasta aquí. El Aranui es prácticamente el único medio de unión con el exterior, aparte del Taporo (otro carguero) que llega una vez al mes, y algún que otro velero. Aún así, no estamos hablando de un lugar inhóspito donde sus habitantes vistan con harapos y lleven un hueso en la nariz: que nadie se lleve engaño. La gente de Fatu Hiva es como la del resto de Polinesia, gente educada a lo occidental, que visten a lo occidental, que llevan su móvil siempre consigo, y con los cuales puedes tener una conversación como la que tendrías con un conciudadano...salvo que quizás la de aquí sea más interesante. Lo único es que si les coge un ataque de apendicitis, deben esperar que venga una lancha de Hiva Oa para que los lleve a un hospital, y deben cruzar los dedos para llegar a tiempo, pero aparte de esto, no hay grandes diferencias con la gente de otras islas.

Fatu Hiva fue la isla elegida por el arqueólogo noruego Thor Eyerdahl, autor de la Kon Tiki, para vivir un año (1936) con su novia y dedicarse a la arqueología a sus anchas. Tanto interés le puso que se pasó un poco al desenterrar los muertos de las tumbas para medir sus cráneos en un intento de establecer el origen de esta raza. En cuanto la gente de aquí se enteró de lo que estaba haciendo con sus antepasados enfurecieron, lo persiguieron y lo echaron. ¡Faltaría más! No quiero ni imaginarme cómo hubiera reaccionado yo ante un extranjero yendo al cementerio de Barcelona y desenterrando a mis parientes para medirles el cráneo. ¡Pero qué se ha creído la gente!

Antiguamente, antes que Tahiti tuviera aeropuerto, la isla contaba con 10.000 habitantes y constituía un punto de parada para los navíos que conectaban América con Tahiti. Al ver que había un tráfico importante de extranjeros, los nativos comenzaron a elaborar tapa dibujadas con motivos tradicionales para vender a los comerciantes y funcionarios que iban y venían de Tahiti (los tapa son una especie de pergamino elaborado con corteza de árbol, antiguamente utilizados como ropa y más modernamente como adorno). Tanto fue así que Fatu Hiva conserva la fama de elaborar los tapa más bonitos y auténticos de todo el Pacífico.

El Aranui desembarca en el pueblecito de Omoa, donde una señora, de nombre Mareva, nos hace una demostración de la elaboración del tapa. Fuera, en un hangar, las mujeres (que son las encargadas de hacerlos y pintarlos) exponen sus trabajos. Sin ser un experto, puedo apreciar que algunos tapa son de mucha mejor calidad que otros. Yo me enamoro de uno con motivos tradicionales marquesanos y lo acabo comprando. Son de esas cosas únicas en el mundo que a veces conviene ceder ante el capricho de adquirirlas. Va bien para la salud.
A continuación tiene lugar la excursión a pie más larga de todo el crucero: 16,5 km de una pista que une los dos pueblos de la isla, Omoa y Hanavave. Como los colegas de aquí ya me conocen de otros años, consigo una plaza en el jeep de avituallamiento, el que lleva la comida de los atrevidos turistas dispuesto a hacer la dura excursión, con pendientes fuertes, firme resbaladizo, 35ºC o más de temperatura y una humedad del 100%. Es sorprendente como la gente, algunos de avanzada edad, resiste estos tutes. El paisaje es realmente impresionante. Nunca he visto una vegetación tan exuberante.

Al comenzar el descenso, se va divisando poco a poco la maravillosa bahía de Hanavave con el Aranui pacientemente atendiendo nuestra llegada.

Al llegar a Hanavave tomo asiento en el muelle, entre los lugareños que esperan pacientemente la mercancía de Aranui, y hablo con una chica del pueblo, de apellido Gilmore. Aquí muchos se llaman Gilmore, un apellido de descendencia española según ella. Yo le digo que Gilmore no es especialmente un nombre muy español, con lo que se queda un poco despistada. Ah, pues será filipino -me responde sin que parezca que le importe lo más mínimo. Me pide que le haga alguna foto con su bebé. Le prometo que se la enviaré.

La visita periódica del Aranui da vidilla cada tres semanas a esta isla apartada. Su gente aprovecha para posar ante los turistas. Se nota que aunque no se muevan de la isla, las telenovelas sí llegan a sus casas, sino ¿de dónde sale tanto desparpajo occidental?

Finalmente llega el momento esperado en la bahía de Hanavave, conocida con el nombre de Baie des Vierges: la puesta de sol. Dicen que son de las más bonitas de todo el Pacífico sur. En cuanto al nombre de esta bahía, originalmente era el de Baie des Verges (Bahía de los Penes, por decirlo de alguna manera) por la forma de sus formaciones rocosas. Pero cuando llegaron los misioneros franceses, ese nombre no les hizo ni pizca de gracia y le añadieron una “i”, con lo que la bahía pasó a denominarse Baie des Vierges (Bahía de las Vírgenes), ahora sí, mucho más “apostólico”.