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lunes, 23 de abril de 2012

Hadibu, la capital de Socotra

Hadibu, Socotra. La población más importante de Socotra es Hadibu. Desde que la isla se abrió al turismo, Hadibu ha experimentado un boom demográfico, y se calcula que actualmente la pueblan 15.000 habitantes, el doble que en 2004.

Nuestra estancia en la isla toca a su fin. Llegamos al hotel cansados y sucios, procedentes del interior. Tras una merecida ducha, esa tarde la dedicamos a pasear tranquilamente por las calles del pueblo.

La gente de Hadibu desprende una mirada especial. La de los niños es especialmente penetrante.


Las mujeres visten todas con burka. Solo muestran sus intrigantes ojos a través de una mirilla. Algunas, las más modernas, se dejan fotografiar, pero en general son reticentes al retrato. Una de mis compañeras de viaje congenia con una vendedora que la invita a tomar té a su casa. Yo, evidentemente, tengo la entrada vetada. Al salir me explica que dentro del hogar, las chicas se sacan el burka para lucir unos modernos pantalones tejanos y bambas último grito.

Fuera, el aspecto del pueblo es muy tranquilo. Prácticamente no hay alumbrado eléctrico y las calles están sin asfaltar. Muchas casas están a medio acabar. La polvorienta Hadibu desprende un misterioso aroma a lugar del fin del mundo que quedará grabado en mi memoria.


viernes, 20 de abril de 2012

Diksam, el interior de Socotra

Diksam, Socotra. Nuestra expedición se dirige hoy hacia el plató de Diksam, en el interior de la isla. En nuestro camino atravesamos bosques de dragos, árboles botella, agujas de piedra que recuerdan a nuestra Montserrat...en fin, un continuo de paisajes fuera de lo habitual, mientras en el 4x4 suena la música local. Los guías bromean entre ellos en socotrí, una lengua antiquísima emparentada a la que hablaba la reina de Saba.

En un momento determinado nos detenemos para examinar un árbol de la mirra, esa resina gomosa que se utilizaba antiguamente como ofrenda en los rituales paganos y también para momificar faraones.

Tras unas cuantas horas de marcha, de repente la tierra parece haberse desgarrado y nos muestra un cañón profundo. Tras descender lentamente por caminos pedregosos, finalmente llegamos abajo. Como si se tratase de un oasis sacado de los cuentos de aventuras, un río de aguas cristalinas fluye plácidamente entre las palmeras. Plantamos las tiendas y nos pegamos un baño en una de sus bañeras naturales.

En las laderas abundan los árboles botella que parecen brotar de las mismísimas piedras. No creo que exista un árbol más grotesco que éste sobre la faz de la Tierra.


Al anochecer, los alimoches permanecen atentos a nuestro alrededor, esperando poder dar con algún trozo de comida abandonada.

jueves, 19 de abril de 2012

Acampada en Qalansiyah

Detwah Qalansiyah, Socotra. Hoy nos dirigimos hacia el oeste de la isla. Concretamente al pueblo pescador de Qalansiyah y su vecina laguna Detwah. Durante el trayecto disfrutamos de la originalidad del paisaje.


La mayoría de los habitantes de Socotra viven de la pesca o del pastoreo. La agricultura es prácticamente inexistente y los recursos escasos. Por ello la isla es mucho más pobre que el Yemen continental. Hoy, muchos de sus habitantes han tenido que emigrar a Emiratos Arabes Unidos, desde donde envían dinero a sus familias. Pero durante siglos tuvieron que subsistir por sí solos, apartados del resto del mundo. Para ello, desarrollaron leyes estrictas que garantizaban la continuidad y protección de sus recursos naturales: castigos a los que cortasen árboles vivos sin el permiso del consejo, creación de santuarios marinos, etc...

La modernización llegó en 1999, con la apertura del aeropuerto y la llegada de turistas tras siglos de aislamiento. También se asfaltaron algunas carreteras, se inauguró un puerto deportivo, se abrieron gasolineras, escuelas, y pequeños hoteles. Y tras la modernización, el riesgo: o bien Socotra se puede convertir en un santuario natural, un destino eco-turístico de primera clase mundial, o puede atraer a especuladores oportunistas que destrocen su encanto construyendo resorts y hoteles de lujo. Por suerte, la UNDP (United Nations Development Programme) trabaja estrechamente con el gobierno del Yemen desde 1996 para que prevalezca la primera opción.

En Qalansiyah vive una pequeña comunidad de pescadores. El lugar se encuentra un poco sucio y dejado, pero conserva su encanto. Las barcas en la playa se alternan con los alimoches que buscan los deshechos. Un pescador nos lleva a dar una vuelta en barca para ver los delfines que habitan en la zona.

Pero lo mejor estaba por llegar. Nos dirigimos a la playa de Detwah Qalansiyah, un banco de arena blanca, solitario, magnífico, donde pasaremos la noche en tiendas de campaña.

Este es quizás uno de los lugares más bellos en donde jamás haya dormido. La calma es absoluta y total. Solo vemos arena blanca, agua verde y montañas escarpadas. No hay nadie, solo nosotros acampados en medio de la naturaleza más pura, rodeados de cangrejos.



Los socotrís que nos acompañan son la gente más sana y simpática que uno puede imaginar. Siempre ríen. Siempre están alegres. Todo son facilidades. ¡Qué gusto!


Si queréis adentraros en Socotra sin coger el avión, os recomiendo el reciente libro de Jordi Esteva sobre la isla. Aquí os dejo un link que lo resume:

miércoles, 18 de abril de 2012

Reserva marina de Ras Dihamri, Socotra

Ras Dihamri, Socotra. Al llegar al aeropuerto de Hadibu, sorprende la modernidad y equipamiento de sus instalaciones. Se nota que es de reciente construcción. De hecho, data de Julio de 1999.

Es semana santa del 2005. Somos un grupo de 15 aventureros dispuestos a pasar 4 noches en esta isla encantada. Nos movemos en 4x4. La primera noche dormimos en tiendas de campaña, en la reserva marina de Ras Dihamri, en la costa norte. Nos acompañan los dos promontorios rojizos que ponen el sello del lugar. Fuera, la Vía Láctea luce con todo su esplendor, libre de cualquier luz artificial que uno pudiera imaginar. Decido sacar mi saco y dormir al raso.


Al despertar, nos visitan los alimoches. Con lo que cuesta ver uno en España, y aquí abundan como palomas: están en todas partes, hasta en la playa.

martes, 17 de abril de 2012

Isla de Socotra

Hadibu, Socotra. Socotra es uno de esos escasos lugares que todavía permanecen intactos en este planeta. Se trata de una isla que políticamente pertenece a Yemen, pero que geográficamente es africana. Se encuentra frente a la costa de Somalia, en el Océano Indico, a 250 km del cuerno de Africa.
Socotra tiene el tamaño de Mallorca y una población de unos 42.000 habitantes. Consta de la isla principal, y tres islotes menores. Dado su aislamiento geológico del continente desde hace 30 millones de años, la vida en el archipiélago ha evolucionado a su aire. De ahí que haya sido apodada como las Galápagos del Indico. De las 825 especies de plantas presentes, 307 son endémicas. Se trata de un porcentaje muy elevado de especies, que los especialistas han calificado de altamente vulnerable. Desde 2008, la isla es Patrimonio Mundial Natural de la UNESCO.

Sin duda, una de las más curiosas y espectaculares de esas variedades vegetales es la dragonera de Socotra (Dracaena cinnabari). Se trata de un miembro de la familia de los dragos, ese curioso y ancestral árbol en forma de copa de paraguas, que puede alcanzar los 10 m de altura. Tuvimos ocasión de hablar de otros dragos anteriormente, cuando blogueamos por la Macaronesia.

Pero si la fauna y flora de la isla es apasionante, no lo es menos su historia. Dicen por aquí que el apóstol Tomás la visitó en el año 52 y la convirtió al cristianismo. En 1507, el portugués Tristao da Cunha visitó la isla y la anexó a Portugal. También desembarcó por aquí el jesuita san Francisco Javier, mi santo, camino de la India. En 1886 pasó a ser Protectorado Británico, y desde 1967 es parte del Yemen. Durante mucho tiempo estuvo cerrada al turismo, pero desde hace una década diversas compañías de viaje organizan estancias en la isla. Y también "organizan estancias" los piratas somalís, que recientemente la utilizan para repostar su flota.

Durante los próximos días os ilustraré mi estancia en este lugar, sin lugar, uno de los más extraños y fuera de este planeta de los que nunca he conocido. Así que, hasta pronto.