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sábado, 17 de agosto de 2013

Hasta luego Polinesia

Papeete, Tahiti, Polinesia Francesa. Como si de un regalo de despedida se tratase, el vuelo de retorno a Papeete desde Raiatea me obsequia con una de las vistas que más me gustan de esta tierra: el atardecer en el aeropuerto, con los aviones a hélice de Air Tahiti en primer plano y los rayos de sol de fondo buscando su camino hasta tierra por entre las montañas de Moorea. Me quedo un rato en la pista, hipnotizado, alargando ese momento, como queriéndolo retener en mi retina, hasta que un empleado de la compañía me indica amablemente que me vaya.

Este es mi último atardecer antes de tomar el vuelo de retorno a España esta noche. En Papeete, unos amigos me han venido a buscar al aeropuerto y se quedan conmigo hasta la hora de embarcar. Nos vamos al centro. Las últimas luces iluminan la catedral. Cenamos un atún crudo en las roulottes de la plaza delante el muelle.

Sé que volveré, pero en esta ocasión algo me dice que pasará un cierto tiempo. ¿Por qué? No lo sé, intuición. Quizás la repuesta se halle al otro lado del horizonte...

domingo, 21 de julio de 2013

Ferry Moorea-Papeete

Tahiti, Polinesia Francesa. Moorea y Tahiti distan solo 17 km entre sí, un pelo más que Africa de España. El canal que las separa, sin embargo, tiene más de 2.000 m de profundidad. Debe haber pocos lugares en el mundo donde en una distancia tan corta se abra una brecha tan honda.

Tres navíos, el Aremiti Ferry (55 min), el Aremiti 5 (30 min) y el Terevau (30 min), conectan de una forma continua las dos islas, de manera que los tahitianos se trasladan de una a otra como quien coge el metro.

En el muelle de Moorea, mientras espero al Aremiti 5, veo llegar y zarpar el Terevau, con su característico color rojo, en menos de 30 minutos.

Un poco más tarde, a las 15:20 llega el Aremiti 5, cargado de pasajeros que han finalizado su semana laboral en Papeete y vuelven a sus hogares en Moorea. 

Realmente el ajetreo de ferries que van y vienen por este canal es impresionante.

También se puede hacer en avión, que tarda 7 minutos, pero casi todos prefieren el ferry por su practicidad: sin esperas y desde Papeete directamente, no desde el aeropuerto de Faa'a. Realmente, no entiendo muy bien la existencia de ese vuelo.

Al llegar a Papeete, el sol ha comenzado a bajar y los edificios se tiñen de esa luz tan bonita de los atardeceres del Pacífico.


Una vez en Tahiti, el perfil de Moorea al atardecer es sobrecogedor. A esa hora, muchos jóvenes salen a practicar su deporte favorito, el remo (va'a).

Las últimas luces dan el toque final fotográfico del día.

martes, 9 de julio de 2013

De nuevo con Les Grands Ballets de Tahiti






Tahiti, Polinesia Francesa. No es casualidad que hoy sea sábado y me encuentre en el Hotel Intercontinental Beachcomber de Tahiti. Todo ha estado cuidadosamente planeado para que esta noche a las 20h esté sentado en una mesa de primera fila durante la cena-espectáculo de esta noche con Les Grands Ballets de Tahiti (GBT).

Todo empezó en 2010 cuando gracias a una tormenta que me impidió aterrizar en Raivavae, el avión tuvo que regresar a Papeete y la compañía me puso en este hotel dos días, todo pagado. Aquel día escribí esto.

Desde ese primer encuentro pensé "tienes que hacer algo con esta gente...mmm...seré su fotógrafo". Dit i fet: tres años después, el grupo utiliza asiduamente mis fotografías en su web y en sus campañas de publicidad, como ésta publicada este mes en la revista de Air Tahiti, con el correspondiente crédito.


Esta noche, Lorenzo, el coreógrafo de GBT, ha tenido la atención de reservar una mesa para mí e invitarme a cenar. Como siempre, el show ha sido espectacular y he aprovechado, cómo no, para tomar nuevas instantáneas.







     
Se respira en el aire que todo el público disfruta del espectáculo: la sensualidad de los bailarines, sus atuendos, el ritmo frenético de los tambores, el sonido exótico del ukelele, la cálida temperatura del exterior, todo junto es un regalo para los sentidos. También los más pequeños, que parecen hipnotizados a pie de escenario.

Y al acabar, foto de grupo:

domingo, 7 de julio de 2013

Amanece en Tahiti

Tahiti, Polinesia Francesa. Hoy amanece parcialmente nublado en Tahiti. El perfil de la vecina y picuda Moorea se va dibujando poco a poco en el horizonte, entre las nubes, iluminada por los tímidos rayos de este mi primer día. No hay nadie a mi alrededor. Solo se oye el rugido de fondo del océano rompiendo contra el arrecife acompañado del gorjeo de las tortolitas. Saboreo el momento y me pellizco para no caer dormido.

Llegar a destino de madrugada y con un desfase horario de 12 h en el cuerpo es muy mal asunto. Pero no puedo ponerme a dormir ahora. Debo aguantar hasta la noche sino quiero que el jetlag se acentúe más. Practico con mi nueva cámara. Juego con el blanco y negro. Es curioso, qué tiene el B&W que siempre inspira esa magia, este vintage, ese arte.

Por fin sale el sol, radiante. La vista desde la recepción del hotel es de lo más espectacular. Desde luego, este país no puede ser más bello.

sábado, 6 de julio de 2013

La maravillosa experiencia de los aeropuertos


Heathrow, UK. Hoy comienzo un nuevo viaje a la Polinesia. Por primera vez no lo hago con Air Tahiti Nui, vía París, sino con Air New Zealand. ¿La razón? El precio del billete. Por un extraño motivo, Air Tahiti Nui ha subido sensiblemente el precio del Paris-Papeete-Paris con respecto a los años anteriores. Air France también está por las nubes, así que busco y rebusco y encuentro un vuelo de Air New Zealand 25% más barato. ¡Fantástico! -pensé cuando lo compré...

¡Já! 
Tras completar el tramo Barcelona-Londres con British Airways, y soportar al niño del asiento trasero, que no ha parado de gritar, cantar, y llorar durante todo el trayecto, llego finalmente a la terminal 5 de Heathrow. 

Heathrow es un caos terrible. Para empezar está el tema de las 5 terminales. Uno no se libra de tener que coger un autobús para cambiar de terminal, lo cual por sí solo ya es un tocanarices importante. Pero es que además está todo patas arriba...obras y más obras, hasta donde alcanza la vista. Operarios, balizas, casetas, andamios....esto es un infierno. Los padres deberían decir a los niños como el de mi fila trasera, que si no se portan bien "irán a Heathrow". Seguro que callarían como vellacos.

Una vez en la Terminal 1, me dirijo a la oficina de Air New Zealand más próxima. Allí pido el asiento de ventana cuya reserva me ha sido denegada desde que compré el billete “porque no nos deja la compañía”. Y claro, tal como me temía, me encuentro con un I'm sorry Sir, no nos queda ninguna ventana libre. Y aquí ya me han subido los colores. Mire, "Sir", he comprado este billete hace más de dos meses y desde el primer día que llevo intentando reservar un asiento de ventana, y la compañía no me ha dejado...y ahora Vd me dice que están todos cogidos....me puede por decir por favor cómo diantres han reservado ventana los que sí que tienen ventana?” Evidentemente, el operario no me ha podido dar una respuesta. Resignado, acepto un asiento en el pasillo, pero...de nuevo otras sorpresa...only to LA. ¡Pero si yo voy a Papeete! Sorry Sir, el tramo Los Angeles-Papeete lo cubre otra compañía, Air Tahiti Nui, y no le podemos dar la tarjeta de embarque. Tendrá que sacarla en LA.

Después de mi segundo chasco, empiezo a comprender por qué este billete era el más barato.

Una vez pasado los controles por n-ésima vez (otra cosa que nunca he entendido: si no he podido salir al exterior, por qué te hacen pasar otra vez los controles?) me voy al interior y me pongo a escribir esto. Aún debo esperar 2h más hasta que despegue mi vuelo a LA (otro de los motivos del menor coste de este billete: escalas largas aquí y en LA, tanto a la ida como a la vuelta).

Bueno...aprovecho para ensayar mi nueva compacta Sony CyberShot RX-100, mi alternativa "ligera". Sí...uno ya no puede cargar las 24 h la mochila con 10 kg de material fotográfico, así que en este viaje alternaré la réflex con ésta.

                       



LAX, USA. El vuelo de Air New Zealand ha estado mucho mejor de lo que me esperaba. Han puesto “reposapiernas” y “recogecabezas” extensibles en los asientos, lo que me ha permitido dar unas cuantas cabezadas. Y la comida, excelente. Además, la compañía ofrece multitud de películas para escoger, algunas también en “spanish castillian” (eso ponía allí). Elijo Hitchcock. Por cierto, cómo se parece su personaje a nuestro rey.

Pero una vez en LAX se acabó de nuevo la buena vida. Para empezar, he tenido que recoger la maleta y pasar la aduana: otra de las increíbles tonterías de la policía americana: ¿por qué mi maleta debe pasar por aduanas si solo estoy de paso? La otra tontería crónica es la preguntita 
en el cuestionario de entrada en USA de “si llevo caracoles”. ¡Caracoles! A ver...primero, no suelo viajar con caracoles como animal de compañía, y segundo, si un día viajase con uno, aparte de plantearme seriamente si me he vuelto loco, respondería “no” en el cuestionario y ya está. ¿cuántos más años va a durar este cuestionario absurdo? 

Para colmo aquí también he tenido que cambiar de terminal, sacar la tarjeta de embarque, y caminar otro km hasta la puerta 121. Suerte que tengo tiempo, que si no esto hubiera sido de infarto.

Ayy...qué ganas de llegar a mi Papeete querido y acabar con tanta normativa.

Papeete, Tahiti. ¡Ya! ¡Por fin! Son las 5:10 de la mañana y el avión toca suelo en la pista del aeropuerto de Faaa (sí, con 3 As). Hace 32 h que salí de casa. Al final el vuelo ha sido de Air Tahiti Nui. Iba un poco vacío y me he agenciado tres asientos libres en la última fila, con lo que he podido dormir las 8h que separan LA de Papeete. 


Afuera todavía es oscuro


Adentro, la esperada bienvenida con música. Iaorana, Tahiti!

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tahiti Iti


Teahupoo, Tahiti, Polinesia Francesa. Aparte de su fama surfera, Teahupoo es un pueblecito costero la mar de tranquilo y acogedor del sur de Tahiti. Hoy es domingo. En Tahiti es el único lugar donde voy regularmente a misa los domingos, no porque me sienta espontáneamente reconvertido, sino porque los oficios aquí son un verdadero espectáculo.

La iglesia protestante de Teahupoo está en la carretera. A eso de las 8:30 h comienzan a llegar las señoras con sus sombreros de paja y sus trajes tradicionales. Fuera se reparten besos.

Una vez dentro comienzan los himenés (canciones) al poco de empezar la misa. En esta ocasión me he colocado arriba, en medio del coro, para tener una perspectiva mejor.

Al acabar el oficio, cojo el coche y me voy a curiosear por la península de Tahiti Iti. En las afueras del pueblo tiene lugar una competición de motocross. Una vez más, alucino con lo bien que vive esta gente.

Al cabo de un rato llego a un puente y veo dos chicos contemplando algo al otro lado de la baranda. Paro el coche y descubro que se están tirando al río desde aquí arriba. La altura es considerable y sus caras delatan la travesura. Los ríos no son tan profundos como para tirarse desde tan arriba, así que tomo rápidamente unas fotos, les digo que fais gaffe, y sigo mi excursión, no sea que vaya a presenciar un espectáculo desagradable.




Con el coche me dirijo al otro lado de Tahiti Iti, en la costa este, hasta el pueblo de Tautira donde acaba la carretera. Regreso un poco decepcionado del lugar: mucho pic-nic y casas de veraneo locales con poca gracia. En el trayecto hay gente haciendo surf en la playa. En este lado de la costa las olas son mucho más pequeñas.
En el camino de vuelta, me paro a comer en el restaurante del museo Gauguin, en Papeari. El pintor vivió 10 años aquí, en Tahiti, antes de migrar a las Marquesas. Durante un tiempo fue muy productivo, cuando conoció a su modelo y musa Tehura. Pinta numerosos lienzos y escribe su libro “Noa”. 

Pero finalmente la desgracia se apodera de él: en Francia muere su hija Aline, la herida de su pierna no se cura desde hace años, padece de sífilis y sucumbe al alcohol. Durante esta época traumática pinta su famoso cuadro D’OU VENONS NOUS QUE SOMMES NOUS OU ALLONS NOUS, que él escribió así, en mayúsculas y sin signos de interrogación ni separaciones. 

Juró que se suicidaría después de completarlo. Y lo intentó, con arsénico, pero la cosa se quedó en un buen susto, porque se despertó vivo al cabo de unas horas (no me imagino cómo se debe quedar un suicida fracasado, si medio contento o medio triste). Sea como fuera, él propio pintor afirmó lo siguiente: “Creo que este lienzo no sólo supera todos mis anteriores, sino que nunca haré nada mejor”

Finalmente, en 1901 decide probar suerte en Hiva Oa, en las Marquesas. Se fue porque buscaba l’homme sauvage, y en 1900, la sociedad de Tahiti no era sauvage, sino que ya estaba muy afrancesada. Sobre Gauguin en Hiva Oa os paso este otro post que
escribí hace unas semanas Gauguin en Hiva Oa

Mañana por la mañana dejo este país. Debo madrugar para estar en el aeropuerto Internacional de Papeete a las 6:30 h y coger el vuelo de Air Tahiti que conecta Polinesia Francesa con Rarotonga, en las Islas Cook. Allí estaré una semana. Para los que me seguís en el blog, tendréis que esperar 10 días para ver cómo me va: el tema wifi está complicado.

Teahupoo, la ola más grande


Teahupoo, Tahiti, Polinesia Francesa. 
En el mundo del surf la palabra Teahupoo despierta pasiones. Cada año, durante la segunda quincena del mes de Agosto, esta pequeña localidad del sur de la isla de Tahiti acoge una de las más esperadas e importantes pruebas del campeonato internacional de surf: el Bilabong Pro Teahupoo, del circuito ASP World Tour.

¿Y por qué genera tanta expectativa? Muy simple: en ningún otro lugar del planeta se registran regularmente olas tan altas y espesas como aquí, que pueden llegar a medir hasta 20 m. Pero no sólo es el tamaño, la ola de Teahupoo es también una de las más peligrosas y temidas por el poco profundo fondo coralino del lugar y la proximidad del arrecife del lugar.

Y qué mejor localidad que Polinesia para declararla catedral del surf. En la edad media la gente de estas tierras ya practicaban esta actividad. El Capitán Cook, en el siglo XVIII, fue el primer occidental en observarla. Y vaya Vd a saber si incluso no llegó a subirse a una tabla cuando nadie le veía para pillar un par de olas.

A pesar de que practico el bodyboarding desde los 8 años, las olas de aquí me dan un enorme respeto. Ahora no es época de campeonato, entre otras cosas porque para estar aquí durante la competición tendría que haber reservado cama desde hace años. Ni tampoco veo grandes olas desde el famoso kilómetro 0 (foto portada) donde comienza la carretera. Aunque hay que decir que aquí, una ola "normal" como la de la foto tomada desde la playa, enseguida se va a los 3-5 metros de altura:

Las grandes olas tienen lugar a unos kilómetros de aquí, más al sur, y para disfrutarlas hay que ir en embarcación. Ya os podéis imaginar, también, lo difícil y caro que debe ser agenciarse un lugar en una de esas barcas durante el campeonato. Allí sólo van los VIPS: fotógrafos de élite, cadenas de TV, representantes de grandes marcas surferas como Bilabong, Quicksilver, Oakley, Oneill, Rip Curl, Vans... vamos, todos esos nombres asociados a ese mundo tan curioso de personajes rubios, barba de dos días, gorra de béisbol, gafas de sol megafashion, y look desenfadado...bueno, gente con aspecto surfero, sin ir más lejos.

Como no tengo ninguna foto mía del campeonato, os dejo aquí un par bajadas de la red, todas tomadas en este lugar. Como podréis comprobar, el tamaño de la ola es tan descomunal que algunas parecen trucadas.