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sábado, 19 de julio de 2014

A bordo del Aegean Odyssey



Syros, Cícladas, Grecia

Hoy comienza mi segunda experiencia en el mundo de los cruceros (la primera fue con el Aranui, en las Marquesas). Tras horas y horas googeleando, buscando un crucero de tamaño mediano, instructivo y cercano, encontré éste de la compañía inglesa Voyages to Antiquity, que me convenció. Su propuesta: un viaje por la Grecia clásica, de 15 días, de Atenas a Istanbul, recorriendo los lugares históricos del Egeo griego y turco, con conferencias, visitas guiadas y tiempo libre en los puertos.

El pack en sí comenzó ayer en Atenas, donde hicimos la visita a la Acrópolis mencionada en mi post anterior. Hoy, ya a bordo, amanecemos en la ciudad de Ermoupolis (la ciudad de Hermes), en la isla de Syros, nuestro primer port of call. 

Syros es una de las Cícladas principales, situada a 140 km al SE de Atenas. Su puerto fue, durante el siglo XIX, incluso más importante que el de El Pireo ateniense.



Un bus nos lleva a recorrer y visitar la ciudad. Tras la revolución griega de 1821 una gran multitud de gente proveniente de otros lugares se vino a vivir a Syros, y reconstruyeron la ciudad bajo un estilo neoclásico. 

Incluso hicieron un teatro de la ópera (el Apollon) donde esta noche precisamente se interpreta Romeo y Julieta de Tchaikovski. Gentilmente, el director de orquesta nos permite asistir un rato al ensayo.




Otra de las curiosidades del lugar fue el descubrimiento relativamente reciente (años 30) de un cuadro de El Greco en la basílica de la Asunción. Resulta que el cuadro siempre había estado allí, bajo un estado muy deteriorado por el humo y la corrosión, sin que nadie supiera quien era su autor. Un buen día, durante la restauración, recuperaron el nombre del pintor en el pie del cuadro: Δομήνικος Θεοτοκόπουλος, o, en "normal", Doménikos Theotokópoulos. No se lo podían creer: tenían todo un Greco en esta pequeña basílica.


La visita continúa por la iglesia de San Nicolás, el museo arqueológico y las calles de la ciudad, por cierto, libres de turistas.




En fin, un día agradable y un buen comienzo de viaje.

domingo, 11 de agosto de 2013

Navegando de Bora Bora a Raiatea

Raiatea, Polinesia Francesa. Esta mañana, tras elevar anclas en la calmada bahía Matira de Bora Bora, el Fanoeta pone rumbo a Vaitapé, el pueblo principal de la isla.

Vaitapé está triste: no solo han finalizado las festividades del Heiva i Bora Bora (las de la isla) y del Heiva Raromatai (las de entre-islas) sino que además anteayer hubo una desgracia: un cortocircuito en una de las baraques desató un incendio que arrasó con 4 de ellas. Afortunadamente no hubo daños personales, pero 4 de esas obras de arte se transformaron en humo para siempre.

El capitán nos concede solo una hora de visita. Qué pena, no me da tiempo de ir a saludar a Rosina, así que merodeamos un rato por la calle principal y acompaño a mis compañeros de barco al supermercado.

A continuación zarpamos para Raiatea. En la passe Teavanui las olas rompen con furia:

Desde el océano las olas rompen contra el arrecife por delante nuestro dando una perspectiva nueva.


Al llegar a Raiatea, penetramos por la passe Rautoanui y fondeamos dentro del lagon, frente a Uturoa, cerca del motu Ofetaro. El Ote Manu de Bora, omnipresente, nos vigila de lejos.

Y también la isla de Raiatea, que queda iluminada por los últimos rayos de sol de este día de navegación.

Hoy la puesta de sol no ha sido espectacular, pero al cabo de un rato, durante solo 5 minutos, han aparecido unos reflejos rojos carmesí en las nubes como no recuerdo haberlos visto nunca: ¡qué belleza!

sábado, 10 de agosto de 2013

Segundo día de navegación por la Perla del Pacífico

Bora Bora, Polinesia Francesa. Amanece despejado delante del St. Régis. Sus inquilinos, multimillonarios, todavía duermen...y se pierden la maravillosa tonalidad crimson del volcán iluminado por las primeras luces del día.

Nosotros vamos a bucear con las mantarrayas a primera hora, para estar solos. O eso pretendíamos: efectivamente somos los únicos, pero el agua está turbia y hay una corriente importante, con lo que no vemos ni una.

Al acabar de almorzar el capitán del Faunotea pone rumbo a Punta Matira por el este, en sentido contrario a las agujas del reloj. Punta Matira queda aquí al lado, a menos de media milla, pero debido a la poca profundidad de las aguas en esta zona no podemos alcanzarla directamente y debemos circundar toda la isla. Aprovechamos para hacer una "regata" con los otros dos catamaranes que nos acompañan.




Nuestro capitán, que es un fiera, hace que se imponga nuestro barco. Mientras tanto, aprovechamos para hacernos alguna fotografía con este maravilloso telón de fondo que son el lagon y el Ote Manu.



Una vez en Matira, fondeamos en la tranquila bahía que queda frente a las antiguas instalaciones del hotel Bora Bora, primero en construirse en la isla y cerrado desde hace 4 años. Allí esperamos tranquilamente la puesta de sol.

Al oeste, el inconfundible perfil multiescalonado de Maupiti, mi querida y amada Maupiti donde hace dos años decidí afincarme tres semanas. Si os apetece, podéis pinchar aquí y de ahí a sucesivos posts para ver cómo me fue.

jueves, 8 de agosto de 2013

Bora Bora desde el mar

Bora Bora, Polinesia Francesa. A eso de las 9 de la mañana el capitán del Fanotea pone rumbo desde Raiatea hacia Bora Bora. Salimos por la passe de Rautoanui, en el oeste. Por fin el primer contacto con te moana, el gran océano. Hasta luego turquesas y esmeraldas del lagon. Hola azul profundo.


Ayudados por los aliseos que nos empujan desde popa, alcanzamos Bora Bora en algo menos de 3 horas. Una familia de ballenas yubarta hace guardia en la passe de Teavanui, la única de la isla.

Una vez dentro del lagon, vuelven a imperar los turquesas, esta vez todavía con más brío pues es bien sabido que esta isla produce los colores de lagon más impresionantes del planeta.

Seguidamente fondeamos delante del motu Toopua para darnos unos baños entre rayas y tiburones.


Al mediodía el Fanotea pone rumbo al otro lado de la isla bordeando la costa oeste. El lugar elegido por el capitán es frente al hotel St. Régis, el más lujoso de Bora Bora. 
En él la suite Royal Estate cuesta la friolera de 10.700 € la noche, y el bungalow más barato no baja de los 1.000 €. No es de extrañar, por tanto, que a menudo haya un jet aparcado en el aeropuerto de la isla, seguramente de algún jeque, sultán, marajá...¡o futbolista!

Nosotros disfrutaremos de un atardecer mucho más "asequible" que el de los inquilinos de al lado. Y encima estaremos solitos, sin vecinos.

lunes, 5 de agosto de 2013

Navegando por las islas de la Sociedad


Taha, Polinesia Francesa. Ya son varias las veces que he visitado Tahiti pero nunca había navegado entre sus islas. Así que, como punto final de este viaje, decido apuntarme a un paseo de una semana en catamarán por las islas del este del archipiélago de las Sociedad (Raiatea, Taha, Bora Bora y Huahine).



El rendez-vous tiene lugar en la marina de Uturoa, la capital de Raiatea y centro neurálgico de las Islas de Sotavento. Son las 12 del sábado y llueve. Una vez a bordo me presentan a los que serán mis compañeros de barco: un matrimonio alemán con su hijo de 15 años, una pareja de recién casados españoles y otra de italianos. El capitán es francés, y su ayudante y cocinera, de Taha. Todos comentamos lo mismo: ¿cuánto va a durar el mal tiempo?

Tras las clásicas introducciones e instrucciones de seguridad, nuestro catamarán zarpa dirección al motu Tapuamu, en Taha, donde haremos una bañada en su famoso "jardín de coral". Allí, en la vecindad, se encuentra el lujoso Taha Island Resort & Spa, probablemente el hotel más prestigioso de todo el Pacífico Sur. Parece que hemos dejado las nubes atrás.

Lo mejor de este hotel es su impresionante vista de la vecina Bora Bora. Esta estampa representa, para mí, el icono de la Polinesia y es una de los escenarios más bellos que jamás haya contemplado. Nosotros no estamos en el hotel, pero disfrutamos igual, o mejor, de la vista desde el barco.

De regreso a Raiatea, siempre navegando dentro del lagon, nos cruzamos con la bonita iglesia de Tiva, en Taha.

Esta noche la pasamos fondeados en las vecidandes de Uturoa, no sin antes disfrutar de una bellísima puesta de sol, con la sempiterna Bora Bora en el horizonte.

La tormenta parece haber decidido migrar a otros lugares dejando que los rayos de sol irrumpan con fuerza de entre los restos de nubes. Mañana iremos a Bora Bora.

domingo, 21 de julio de 2013

Ferry Moorea-Papeete

Tahiti, Polinesia Francesa. Moorea y Tahiti distan solo 17 km entre sí, un pelo más que Africa de España. El canal que las separa, sin embargo, tiene más de 2.000 m de profundidad. Debe haber pocos lugares en el mundo donde en una distancia tan corta se abra una brecha tan honda.

Tres navíos, el Aremiti Ferry (55 min), el Aremiti 5 (30 min) y el Terevau (30 min), conectan de una forma continua las dos islas, de manera que los tahitianos se trasladan de una a otra como quien coge el metro.

En el muelle de Moorea, mientras espero al Aremiti 5, veo llegar y zarpar el Terevau, con su característico color rojo, en menos de 30 minutos.

Un poco más tarde, a las 15:20 llega el Aremiti 5, cargado de pasajeros que han finalizado su semana laboral en Papeete y vuelven a sus hogares en Moorea. 

Realmente el ajetreo de ferries que van y vienen por este canal es impresionante.

También se puede hacer en avión, que tarda 7 minutos, pero casi todos prefieren el ferry por su practicidad: sin esperas y desde Papeete directamente, no desde el aeropuerto de Faa'a. Realmente, no entiendo muy bien la existencia de ese vuelo.

Al llegar a Papeete, el sol ha comenzado a bajar y los edificios se tiñen de esa luz tan bonita de los atardeceres del Pacífico.


Una vez en Tahiti, el perfil de Moorea al atardecer es sobrecogedor. A esa hora, muchos jóvenes salen a practicar su deporte favorito, el remo (va'a).

Las últimas luces dan el toque final fotográfico del día.