domingo, 13 de julio de 2014

¿Dijiste "viaje de placer"?


Atenas, Grecia

La acrópolis de Atenas, diez de la mañana, 35ºC a la sombra, sol de justicia, y cien mil turistas deambulando entre ruinas milenarias. ¡Oh qué placer!

Los destinos turísticos más populares de este planeta se están convirtiendo, sencillamente, en un hervidero de turistas de tal envergadura que han dejado de ser, en mi opinión, lugares agradables. Y si encima es Julio o Agosto, todavía peor. La Acrópolis de Atenas es, evidentemente, uno de esos lugares. ¿Quién viaja a Atenas y no visita el Partenón? Es como pasar por Barcelona sin ver la Sagrada Familia, a Paris y saltarse la torre Eiffel, o a Egipto y no ver ni una pirámide. Son estas "visitas obligadas".


Casi resulta más distraído pasar de las piedras y observar el comportamiento de los turistas. Por ejemplo, hoy he descubierto que existe el “brazo alargaselfies”, un genial invento que consiste en un palo que separa tu teléfono móvil bastante más que tu propio brazo para hacerte este inmortal (y seguramente envidiado por todos tus amigos de FB) “selfie”:

Pero…¿lograré sacar una foto sin nadie? Se me ocurre una idea: grito “todo el mundo fuera: hay una bomba!” y mirad lo que consigo:

Buen truco ¿no? Os lo aconsejo, pero ojo si hay policía, puede que no lo aprecien. Bromas aparte, consigo alguna foto más sin gente, o casi sin gente, pero es prácticamente imposible



Decido bajar poco a poco hasta el parking, disfrutando de tanta animación, y visitar tranquilamente el museo del lugar. Allí seguro que no habrá este gentío…

¡Socorro! Finalmente, opto por una foto más lejana, donde no se ve la gente no porque no la haya, sino porque están lejos. 

martes, 8 de julio de 2014

De excursión por Koufonissi



Pano Koufonissi, Cícladas menores, Grecia


Pano (o alta) Koufonissi es la única habitada de las tres islas que forman el archipiélago de Koufonissia (las otras son Kato (o baja) Koufonissi y Keros). Forman parte de las Cícladas menores y están ubicadas al sur de Naxos.
Naxos  ©2011www.grecevacances.com
Dos autobuses de inconfundible color dorado salen cada hora del pueblo principal hacia diferentes lugares de la isla. El destino más frecuentado es Pori, una espléndida playa en una bahía circular en el noreste de la isla, que esconde un chiringuito que parece sacado de un escaparate de agencia de viajes.


Pero hoy, aunque sigue haciendo un sol espléndido con un cielo absolutamente azul y carente de nubes, no es un buen día de playa: hace un viento que ralla lo insoportable. De hecho, desde el segundo día de mi estancia aquí, el viento ha ido en aumento hasta alcanzar niveles un poco preocupantes. Tanto es así que se ha cancelado el ferry que mañana me tenía que llevar a Atenas. Suerte que hay otro, más grande, unas horas más tarde, que parece que sí va a hacer el trayecto. La verdad es que el mar está muy encabritado.

Por la noche consulto con el tabernero si este viento es normal. “Es el meltemi ¿no?” -le pregunto haciéndome el entendido. “No” - me contesta sin dudar- “el meltemi arrecia por la noche y éste….ya ves: este es el tramuntana”. Nunca me hubiera esperado encontrarme con una tramontana de cal ample en una isla perdida de Grecia.

lunes, 7 de julio de 2014

Los suecos de Koufonissi



Pano Koufonissi, Cícladas menores, Grecia

Una de mis distracciones cuando viajo es intentar adivinar la nacionalidad de los turistas que veo (seguro que todos hemos “jugado” a esto alguna vez). En Pano Koufonissi, en este mes de Julio, la nacionalidad principal es la local, la griega, sin ninguna duda. Hasta aquí, más o menos lógico. Pero el segundo país de origen de los turistas de la isla ya no me resulta tan evidente: Suecia, y de largo. 

Vayas donde vayas, en todos los rincones se oye el sueco, que aunque no lo hablo, con un poco de entreno se acaba adivinando fácilmente. Hay tantos que cada tarde, a eso de las 7, se organiza en la playa un partido de fútbol infantil Grecia contra Suecia.


No hacen falta camisetas diferentes, con el color del pelo basta: los suecos todos rubios, los griegos todos morenos. hace ya dos días que vienen ganando los suecos, y me parece a mí que es porque los griegos no miran mucho a la pelota:



¿Por qué será que hay tanto sueco en esta isla? No consigo averiguarlo. Mirando el partido, sentado en el mismo banco que yo hay un hombre que, aunque no diga nada, tiene una cara de cantante de Abba que tira patrás. Le transmito la pregunta, pero no sabe darme una respuesta convincente. El es el primer sorprendido. “It seems downtown Stockholm”, me dice riendo.

Las siguientes nacionalidades, por este orden son la italiana, francesa, alemana, inglesa y norteamericana. No hay más: ni un holandés, ni un ruso (que ahora están por todas partes), y, todavía más raro, ni un español.

domingo, 6 de julio de 2014

La vida en la calle de los pueblos griegos


Pano Koufonisi, Cícladas menores, Grecia

El Egeo tiene un doble encanto: durante el día te permite disfrutar del sol, las playas de arena dorada, las aguas turquesas o el buceo. Y desde el atardecer hasta altas horas de la noche te ofrece el encanto y personalidad de sus callejuelas blanquiazules, llenas de flores, vida, gente y bullicio. 




Quiero aquí tirar una lanza a favor de esta gente, excepcionalmente amable y siempre preocupados por que estés bien. En los restaurantes (por cierto, puestos con mucho encanto) la amabilidad continúa, y se acostumbra a comer bien y barato. Naturalmente, la especialidad en las islas es el pescado, aunque en ninguno falta el souvlaki, los yogures, o la ensalada de tomate, pepino, pimiento y queso. Un plato que está en casi todos los restaurantes, y que yo particularmente desconocía, es espaguetis con langosta. Algunos, como éste en el pequeño muelle de Loutro, muestran el “pescado del día” para que tú lo elijas directamente.




En las tabernas, situadas a lo largo de la calle principal, las sillas y mesas están fuera, donde la gente se toma un ouzo (a base de anís) o un rakomelo caliente (con hierbas y cardamomo).



Le pregunto al camarero hasta qué hora tienen abierto. "Uyy, no cerramos hasta las 3:30 de la madrugada" -me contesta. Pero yo no soy de tanto trasnoche, así que me vuelvo para el hostal a una hora mucho más prudente, y me quedo un buen rato en el balcón, admirando la belleza de este lugar.

jueves, 3 de julio de 2014

Mi día de suerte




Pano Koufonissi, Cícladas menores, Grecia

En Koufonisi me alojo en un hotel del pueblo de Stroubos, que está muy bien, pero no frente al mar. En una de mis frecuentes visitas al paseo del pueblo, me fijo en una pareja que están tomando algo, sentados en una mesa disfrutando de la puesta de sol, entre una casita blanqui-azul y el mar turquesa. Parecían estar fuera de este mundo:

Al día siguiente, vencido por la curiosidad de si ese cuarto estaría por casualidad libre, entro en el patio y me encuentro una señora griega cuidando a su nieto en la terraza de arriba. Su nombre María. No habla inglés, pero su hija Johanna sí. La llama. Le pregunto si alquilan habitaciones y me dice que sí, una, la única que tiene, esa frente al mar. Sin pensármelo dos veces le digo que me gustaría pasar una noche aquí. “Pues precisamente me acaban de anular una reserva” -me contesta. ¡Hoy debe ser mi día de suerte! Encontrar este chollo sin reserva previa, en pleno mes de Julio...En una hora ya estaba ocupando la habitación.




¡Qué afortunado! aquí, en el corazón del Egeo, en una casita de pescadores frente al mar, sencilla y agradable, qué más puedo pedir. Al igual que mis predecesores, saco la mesita y la silla y me instalo en el paseo. Dejo pasar el tiempo lentamente, saboreando los colores verdiazules de estas aguas transparentes, el movimiento de vaivén de las barcas de pesca, y las risas de las gaviotas que parecen jugar contra el meltemi, el viento local perenne del verano griego.

Mientras, ocurren cosas: un pescador acude a reponer gasoil. Un poco más y se deja el cuerpo en el salto final:


Luego, al atardecer, un joven saca a pasear su moto provocando la admiración de los niños:



La gente, al pasar, me mira con sorpresa y hacen comentarios en noruego o en sueco. “Mira qué bien se lo ha montado éste” -adivino perfectamente sin saber una palabra de escandinavo. Una alemana insiste en que quiere hacerme una foto. Natürlich!



Así que si alguna vez decidís venir a esta isla, no dudéis en alquilar este cuarto. Su precio 60€. La señora: María Skopelitou, y su hija, Johanna. El e-mail para hacer una reserva skopeliti01@hotmail.com, y el tf: +306978085105. Pedid la habitación de abajo, la que da al paseo (no hay otra). Ojo, su hermana también alquila habitaciones justo al lado (habitaciones Akrogiali), con terrazas y vistas al mar, pero no a ras de suelo, que es lo que a mí me gusta (aunque esto va a gustos). A evitar el mes de agosto: me dice Johanna que la isla se llena de italianos y que en la playa no se cabe. Nada que ver con esta foto de ayer:



Esta noche, me acerco al chill-out de la esquina (el Sorokos) y tomo un rakómelo (bebida local a base de raki, miel, canela y cardamomo) disfrutando de una magnífica y espectacular vista de la Vía Láctea.

miércoles, 2 de julio de 2014

La vida sigue igual




Pano Koufonisi, Cícladas menores, Grecia

Una de las cosas que nos encanta a los que nos gusta la fotografía cuando repetimos lugar es volver a tomar una foto anterior, con una luz diferente, un clima diferente, o, simplemente, una edad diferente. Así que cuando me dirigía ayer tarde a cenar a mi restaurante preferido de la isla, el Capitán Nikolas, me encontré con una cara conocida: el señor que descansaba y se distraía con el paso de la gente desde su terraza blanqui-azul. Increíblemente, allí estaba, en el mismo lugar y a la misma hora que hacía tres años. Esta es la foto que le hice entonces:


Y esta es la que le he hecho ahora:




¿Habrá estado en su terraza todos los días todo ese tiempo? ¿qué misterios encierra la vida de este señor? ¿será un antiguo pescador? Intento hablar con él, pero evidentemente no entiende el inglés...su expresión parece responder a mi sorpresa: ¿por qué iba a hacerlo?

martes, 1 de julio de 2014

Pano Koufonissi, la perla de las Cícladas



Koufonissia, Cícladas menores, Grecia


Tras un parón de varios meses, retomo mi actividad bloguera en búsqueda y captura de nuevas islas.

En esta ocasión comienzo con un retiro de cuatro días a una de las más calmadas, auténticas, pequeñas y desconocidas islas del Egeo: Pano Koufonisi (abajo en el mapa mal-nombrada como Ano Koufonissi):



Se trata de una de la Cícladas menores, situada al sur de Naxos. Miento al decir lo de “nuevas islas”: ésta, de hecho, la descubrí hace tres años (ver link). Aquello fue un visto-y-no-visto, de apenas medio día. Y ya entonces me dije que este rincón merecía una estancia más prolongada. Así que aquí estoy, dispuesto a saborear la ínsula con calma.

Llegué a Grecia ayer tarde, en un Barcelona-Atenas de Vueling. Un autobús me lleva hasta el Pireo, el puerto de la capital desde donde zarpan la mayoría de los ferries. Me alojo en un hotelito sencillo pero recién renovado, muy recomendable (el Phydias), cerca del puerto. Ya en el bus, y luego paseando por el Pireo, resulta evidente que la crisis griega es mucho, muchísimo más pronunciada y preocupante que la española. Aparte del abandono generalizado en la limpieza y mantenimiento de la ciudad, la mayoría de comercios están cerrados, algunos como si el personal se hubiera ido por piernas en el último momento, dejándolo todo “tal cual”. Los edificios están que se caen, invadidos por una vegetación reseca, los cristales rotos, la pintura colgando en capas... y no estoy hablando de barrios deprimidos sino de toda una ciudad. Para colmo, veo pasar un bus turístico de esos de “Athens city tour” de dos pisos, con solo dos personas. Me viene un pensamiento fatalista a la cabeza: este país no va a recuperarse en décadas, si es que algún día se recupera.

El ferry de Hellenic Sea Ways, el Highspeed 4, me lleva en 5 horas a Koufonisi, previa escala en Paros y Naxos. Realmente se trata de un navío muy rápido, yo diría que va a la velocidad de un coche. Las paradas también son rápidas y expeditivas: se nota que lo han hecho toda la vida.



Con una puntualidad helvética, llegamos a Koufonisi, con sus aguas azul turquesa y paisaje pelado. Es tan pequeña que hasta resulta extraño que el ferry haga escala aquí. Al llegar, la vista del pueblo y la playa no puede ser más relajantes. 

Relativamente pocos pasajeros descienden del ferry. Buena señal: aquí se viene a estar tranquilo. En el muelle cada uno se va para su pensión u hotel. Una vez en el mío, mientras espero la habitación, se me presenta el camarero del bar: “my name is Kostas”, me dice con un inglés algo macarrónico. “Encantado”, le respondo en mi lengua para que vea que soy español. “Güelcon míster Cantado”, me contesta educadamente. No puedo contener una carcajada.