viernes, 25 de julio de 2014

Visita a los sitios arqueológicos de Licia, Turquía


Fethiye, Turquía

Amanecemos en la bahía de la pequeña localidad de Fethiye, en la costa turca frente a la isla griega de Rodas. Estamos en la antigua región de Licia, en Asia Menor. Hoy visitaremos tres sitios arqueológicos: Patara, Letoon y Janto.

Map of Turkey

Por fin sin muchedumbres: nuestros autocares son los únicos en el parking. 

Dicen que Patara fue fundada por Patarus, hijo de Apolo, pero yo no me lo creo: cómo iba a fundar una ciudad el hijo de un dios que no existió!

Patara fue conocida durante mucho tiempo por su templo, segundo en fama después del de Delfi. Patara fue una de los principales ciudades de Licia, y la que tenía más votos de la Confederación licia, una especie de Comunidad Europea a la antigua. En 333 aC se rindió frente a Alejandro Magno, un individuo que se dedicaba a apoderarse de lo que no era suyo allí donde fuera.




Hay un pequeño teatro:


Y otro más grande:


Muchos años más tarde, en el 300 dC, nacería aquí en Patara un santo que se haría famoso en todo el mundo: San Nicolás, el que deja regalos en los calcetines de los niños la noche de Navidad. Es este:


A no confundir con este otro:

san nicolas y niño jesus

A continuación dejamos Patara y su Santa Klaus, y seguimos nuestro recorrido hasta el antiguo santuario de Letoon, a pocos quilómetros de aquí: 


En el lugar también hay un teatro (cómo no!) que daba cabida hasta 5.000 espectadores:


El tour acaba en Janto, la antigua capital de Licia, donde persisten las ruinas originales mezcladas con restos bizantinos, tumbas y mosaicos.



Después de un día caluroso e intenso de visitas arqueológicas, se agradece ver de nuevo el Aegean Odyssey esperándonos fondeado en la bahía de Fethiye: es hora de cambiar tanta ancient rocks por un martini on the rocks!

jueves, 24 de julio de 2014

Perge y Aspendos, Turquía



Antalya, Turquía


Nuestra primera parada en Asia Menor tiene lugar en la población de Antalya, hoy una gran urbe en la antigua región de Panfilia, y el punto más al este del itinerario de Aegean Odyssey. Un autocar nos lleva hasta dos importantes sitios arqueológicos de la zona: Aspendos y Perge.

Aspendos fue fundada en 1000 aC por los griegos, posiblemente procedentes de Argos. La población fue la más importante de la región durante el siglo V aC. Por aquel entonces, el vecino río de Eurymedon era navegable desde el mar hasta Aspendos, y aquí hervía el comercio de la lana, la sal y el aceite.

Hoy no queda mucho de la polis de Aspendos, excepto su impresionante teatro, el mejor preservado de toda la antigüedad. Con sus 96 m de diámetro, podía albergar hasta 7.000 espectadores:

Realmente solo mediante una foto aérea se aprecia la dimensión y el buen estado de esta joya de la antigüedad, así que os cuelgo esta sacada de la red:

Photograph

Unos pocos kilómetros más allá se encuentran las ruinas de Perge, más o menos de la misma época. Rodeada de los impresionantes montes Tauro, entre estas piedras predicó su primer sermón San Pablo el año 47 dC (Pablo, o Saulos, era oriundo de Tarso, a 500 km de aquí, y junto con Bernabé, que era de Chipre, no paraban de viajar). Los restos del estadio son también uno de los mejores conservados de Anatolia.



miércoles, 23 de julio de 2014

Rodas, dos millones de turistas al año


Rhodos, Dodecaneso, Grecia

Es como si el que ha diseñado el trayecto del Aegean Odyssey hubiera escogido minuciosamente los lugares más llenos de turistas para hacer nuestras paradas: madre mía! 

A la isla de Rodas, una de las más grandes de Grecia, y también una de las más alejadas de Atenas, acuden nada más y nada menos que 2 millones de turistas al año (el 11% de todos los que visitan Grecia) y casi todos lo hacen entre junio y septiembre. 


Los de aquí reivindican que Rhodos, la capital, es una de las ciudadelas medievales más bien conservadas del mundo. Habría que definir eso de “bien conservadas” porque si bien las piedras sí se conservan, el ambiente de tiendas de souvenirs, bares, heladerías y demás ha transformado todo el encanto original en un lugar impersonal.




Tampoco se “conservó” el famoso coloso, una estatua de bronce de 32 m de altura, clasificada como una de las 7 maravillas de la antigüedad, que fue destruida por un terremoto en 226 aC y re-fundida a continuación. Su escultor fue Cares de Lindos, el pueblo que visitamos a continuación, 30 km al sur de la capital. Allí estaremos solos -pienso por mis adentros- por fin.

De lejos, el pueblo parece hacer honor a su nombre: Lindos


Pero no hay manera, el trayecto es un sinfín de hoteles de playa, desde la ciudad hasta poco antes de llegar a Lindos. Al llegar, de nuevo llegamos a un parking abarrotado de autocares. Ríos y ríos de turistas bajan por la única calle que lleva al pueblo, mezclados entre burros que transportan a los más mayores y que, lógicamente, hacen sus necesidades en la calle cuando les apetece (los burros).


En Lindos hay poca cosa que ver aparte de la acrópolis, a la cual se asciende en religiosa cola escalando 300 peldaños, y las tiendas de souvenirs. Solo una iglesia, la de San Juan, que data de cuando Colón llegó a América, atrae mi interés, en especial sus frescos:



De vuelta al parking, me aparto un poco de la gente y consigo una foto de la acrópolis, esta vez con un local en primer plano:

martes, 22 de julio de 2014

La isla de Cos, patria de Hipócrates, padre de la medicina



Cos, Dodecaneso, Grecia


Al poco de estar en Grecia uno va descifrando el significado de muchas palabras en las que anteriormente no había reparado. Dodecaneso es una de ellas: dodeca = 12, y nisi = isla. Así que esta región al este del Egeo y tocando a la costa turca, es la región de las 12 islas, y Cos es una de ellas.




Esta mañana un autobús nos lleva hasta el
Asclepeion de la isla, uno de los diversos templos curativos que los griegos erigían en honor a Asclepius, hijo de Apolo, y dios de la medicina y curación. El complejo data de 400 aC y consta de tres niveles: en el inferior se hallaba la escuela de medicina, donde un joven de esta isla, Hipócrates, aprendió medicina.
A pesar del calor decido subir la dura escalinata de mármol hasta arriba de todo. En el nivel intermedio se encuentra un templo en honor a Apolo y los baños, y en el tercer y último nivel, los restos de un templo todavía mayor.




Al acabar la visita, el autobús nos lleva a un pueblecito de montaña, de nombre Zia, de nuevo cargado de tiendas de souvenirs que no hacen otra cosa que estropear la originalidad del lugar. Me despego del grupo y comunico al guía que regresaré al barco por mi cuenta, en transporte local. Me mira como si fuese un bicho raro. 

Así que subo por una callejuela hasta que desaparecen las tiendas y consigo aislarme un poco del dichoso ambiente turístico. Un poco más allá, diviso una taberna que parece auténtica. Sin dudarlo ni un minuto subo y pido una ensalada griega y una kanela bien fría, una bebida buenísima que hacen aquí. Le pregunto a la señora si me puede dar la receta, y aquí os la paso (probadla, os encantará):

En una cazuela añadir 1 L de agua, 1 kg de azúcar, 4-6 barras de canela, 10 clavos y 5 gotas de limón. Hervir unos 30-60 minutos hasta conseguir un jarabe. Dejar reposar y filtrar. Diluir una parte del jarabe en 5-7 partes de agua fría con hielo y servir. 

domingo, 20 de julio de 2014

Santorini, la locura del turismo

Santorini, Cícladas, Grecia

De nuevo un día de estos en que las masas y el turismo a escala industrial son capaces de arruinar un lugar maravilloso.

La isla de Santorini, o Thera, es lo que queda de una descomunal erupción volcánica que tuvo lugar en 1600 aC en medio del Egeo. Fue una de las más espectaculares de todas las catástrofes de este tipo que jamás haya conocido el ser humano, con una fuerza algo así como 10 veces la explosión del Krakatoa en Indonesia en 1883, o 100 veces la bomba atómica de Hiroshima, que ya es decir. Aparte de eliminar todo vestigio de vida de la isla, el tsunami que le siguió borró del mapa a buena parte las culturas de este lado del Mediterráneo, entre ellas la minoica.



La isla principal tiene la forma de una gran C, con un lado escarpado (el del interior de la caldera) y otro menos pronunciado (por cierto repleto de unas viñas a ras de suelo que más que vid parecen mala hierba). Las clásicas fotos que todos hemos visto en cualquier agencia de viajes corresponden a los pueblos de Oia y Fira, con sus lujosos resorts en las paredes del cráter, lugares de ensueño si no fuera porque durante el verano hay un gentío descomunal.






Una vez consumido nuestro “tiempo libre”, el bus nos lleva hasta el punto más elevado de la isla, en el extremo sur, el monte Profitis, desde donde se divisan los dos lados del volcán.



Nuestra odisea turística acaba en Fira, donde no cabe un alma y hace un sol de justicia. Para colmo, hay que bajar hasta el puerto en teleférico, de 36 en 36, y hoy han coincidido nada más y nada menos que 5 grandes cruceros en la isla. La cola es descomunal. La expresión en la cara de la gente no es precisamente de “viaje de placer”. Una vez más, me pregunto qué sentido tiene identificar un lugar bello para inmediatamente masificar su visita, transformar sus antiguas calles en bazares de souvenirs made in China, llenarlo de turistas de todo el mundo, y acabar aniquilando su identidad. Un absurdo y un sinsentido.



Definitivamente, si el turismo sigue creciendo a este ritmo, al final no quedará un solo lugar en el planeta que conserve su encanto natural, lo cual es muy preocupante para las generaciones venideras: ¿qué mundo les vamos a dejar? desde luego no el que nos encontramos cuando éramos niños. 

sábado, 19 de julio de 2014

A bordo del Aegean Odyssey



Syros, Cícladas, Grecia

Hoy comienza mi segunda experiencia en el mundo de los cruceros (la primera fue con el Aranui, en las Marquesas). Tras horas y horas googeleando, buscando un crucero de tamaño mediano, instructivo y cercano, encontré éste de la compañía inglesa Voyages to Antiquity, que me convenció. Su propuesta: un viaje por la Grecia clásica, de 15 días, de Atenas a Istanbul, recorriendo los lugares históricos del Egeo griego y turco, con conferencias, visitas guiadas y tiempo libre en los puertos.

El pack en sí comenzó ayer en Atenas, donde hicimos la visita a la Acrópolis mencionada en mi post anterior. Hoy, ya a bordo, amanecemos en la ciudad de Ermoupolis (la ciudad de Hermes), en la isla de Syros, nuestro primer port of call. 

Syros es una de las Cícladas principales, situada a 140 km al SE de Atenas. Su puerto fue, durante el siglo XIX, incluso más importante que el de El Pireo ateniense.



Un bus nos lleva a recorrer y visitar la ciudad. Tras la revolución griega de 1821 una gran multitud de gente proveniente de otros lugares se vino a vivir a Syros, y reconstruyeron la ciudad bajo un estilo neoclásico. 

Incluso hicieron un teatro de la ópera (el Apollon) donde esta noche precisamente se interpreta Romeo y Julieta de Tchaikovski. Gentilmente, el director de orquesta nos permite asistir un rato al ensayo.




Otra de las curiosidades del lugar fue el descubrimiento relativamente reciente (años 30) de un cuadro de El Greco en la basílica de la Asunción. Resulta que el cuadro siempre había estado allí, bajo un estado muy deteriorado por el humo y la corrosión, sin que nadie supiera quien era su autor. Un buen día, durante la restauración, recuperaron el nombre del pintor en el pie del cuadro: Δομήνικος Θεοτοκόπουλος, o, en "normal", Doménikos Theotokópoulos. No se lo podían creer: tenían todo un Greco en esta pequeña basílica.


La visita continúa por la iglesia de San Nicolás, el museo arqueológico y las calles de la ciudad, por cierto, libres de turistas.




En fin, un día agradable y un buen comienzo de viaje.