lunes, 3 de marzo de 2014

Tromsø, la capital del ártico

Tromsø, Isla de Tromsøya, Noruega

Tromsø es la mayor ciudad al norte del circulo polar ártico. Sus 70.000 habitantes están repartidos entre la parte insular (Tromsøya) y la parte continental (Tromsdalen), ambas conectadas por un magnífico puente.

La ciudad tiene universidad propia y es centro reconocido de congresos y festivales. La mayoría del ambiente (por no decir el único ambiente) se encuentra en su calle principal, Storgata, donde se concentran las tiendas, bares y restaurantes. Cuando sale un rato el sol, como ha ocurrido esta tarde, la calle es un festival.



Tromsø tiene varias iglesias. La más famosa
es la denominada Catedral del Artico (en realidad no es una catedral porque no tiene obispo), un edificio moderno a base de triángulos en serie construido en 1965. La verdadera catedral, es la de la foto de abajo, protestante, de madera y acabada en 1860.



El edificio de las oficinas del banco de la ciudad también tiene un aire curioso, como de lejano oeste.

Otro de los edificios insignia de la ciudad es la nueva biblioteca, de arquitectura vanguardista:

Al tratarse de una ciudad tan norteña, una de las cosas que uno podría pensar es que aquí debe hacer un frío insoportable. Resulta que no es así. Hoy, un 2 de marzo, estamos a 3ºC, una temperatura seguramente mucho más alta que en la mayoría del territorio español. El récord de temperatura mínima registrada en Tromsø está en -18ºC, una tontería comparado con los mínimos históricos registrados en España de -30ºC en Calamocha (1963), o los -24ºC de Albacete (1971). Y todo gracias a la corriente del Golfo, ese regalito caliente que nos llega del Caribe y que mantiene el oeste europeo en unas temperaturas invernales mucho más llevaderas que las hay en las mismas latitudes en el resto del mundo.

Tromsø es parada obligada de todos los cruceros del ártico. Es además una escala importante de los barcos del Hurtigruten, que no paran de ir y venir animando la vista de la habitación del hotel.



Las vistas más bellas tienen lugar al anochecer, cuando las luces se reflejan en las mansas aguas del estrecho que separa Tromsøya de Tromsdalen.



Una de las actividades obligadas en esta ciudad consiste en montarse en el teleférico que lleva a un monte desde donde se contempla unas vistas maravillosas. Hoy, por desgracia, está nublado y no hay auroras. Si las hubiera habido, vamos... ya habría sido una pasada.

domingo, 2 de marzo de 2014

Northern Lights safari




Tromsø, Isla de Tromsøya, Noruega

Nunca me habría imaginado que mirar auroras boreales pudiera ser un negocio tan productivo como el que presencié anoche.

Fue llegar a la ciudad norteña de Tromsø, a 400 km al N del círculo polar ártico, y darme cuenta enseguida que, como yo, había miles de turistas que habían venido hasta aquí con un único objetivo: ver y fotografiar las auroras boreales.

Las numerosas agencias que aquí en Tromsø organizan las salidas comienzan a recibir un montón de gente a eso de las 6 de la tarde. Docenas de autocares repletos de turistas de todo el mundo (aunque los japoneses dominan) esperan fuera con los motores encendidos, listos para la caza de la aurora.



Mi agencia es la Arctic Guide Service, una de tantas en la ciudad. La salida cuesta unos 100 euros por persona. Un rápido cálculo me dice que solo esta compañía, con tres autocares ahí fuera, con cabida para unas 50 personas cada uno, debe facturar unos 15.000€ por noche, non-stop, desde octubre hasta mayo, lo que equivale a un total aproximado por temporada de 3 a 4 millones de euros. ¡Eso sí que es business! Ricardo y Fernando, dos españoles simpatiquísimos y super amables con el personal, parecen haber encontrado aquí la solución a la crisis. Van a ser nuestros guías en el autocar.

Ante un negocio tan industrializado y masificado, uno inevitablemente piensa que la salida puede acabar en una memorable turistada. Pues no: resulta que una vez fuera de Tromsø, los autocares se dispersan y recorren durante más de 6 horas varios puntos idóneos del interior y de la costa buscando cielos despejados, bellos fondos para las fotos, ausencia de contaminación lumínica y, naturalmente, máxima intensidad de las auroras.

Nuestro autocar hace tres paradas. La primera es de tipo "más vale pájaro en mano...", es decir, aunque el lugar no era el ideal, el cielo estaba tan despejado y las auroras tan intensas que Ricardo pide al conductor que pare en una zona de parking de la carretera, no sea caso que luego se nuble y no veamos nada. Estos son los primeros resultados:






¡Increíble!

Contrariamente a lo que me esperaba, fuera hace un frío soportable, con tan solo 3-4º C. El ambiente reinante es óptimo porque ante semejante espectáculo todo el mundo está impresionado y contento. Todos queremos inmortalizar ese momento con una foto nuestra y aurora, la reina de la noche. Fernando y Ricardo, con toda la paciencia del mundo y sin recargo, nos van haciendo las fotos para que luego uno se las pueda bajar de Facebook. Estos son algunos ejemplos (la mía todavía no la han colgado...sigh):


Otra de las cosas que me deja parado es la calidad de las instantáneas obtenidas por todos. La mayoría ha venido con su trípode y llevan cámaras que van desde buenas a muy del montón. Da igual, hoy en día la fotografía digital permite obtener buenos resultados sin tener un gran conocimiento de la técnica y con cámaras relativamente baratas. Ojo los profesionales porque el amateur se está poniendo las pilas en eso de la fotografía: ¡la gente saca cada vez mejores fotos! 



La primera parada dura más de una hora. Al acabar, todo el mundo está contento y en el autocar se respira buen rollo. Un grupo de andaluces de Jerez animan el ambiente con sus comentarios salerosos, ¡hasta se han traído vino de la península!

El bus re-emprende la marcha y durante hora y media nos lleva por carreteras del interior hasta un lugar perdido en el monte. Allí tiene lugar nuestra segunda sesión. De verdad...yo no tengo palabras para describir esto. Es realmente de las cosas más bonitas que he visto en la vida. 



La tercera parada se produce en un fiordo: por desgracia se ha nublado un poco y las auroras casi no se ven. Da igual, la noche ha sido muy productiva. Llegamos de vuelta a Tromsø tocada la 1 de la madrugada. 

Realmente esta ha sido una de esas noches inolvidables. Os lo recomiendo, si podéis venid algún día a contemplar esta maravilla de la naturaleza: no os arrepentiréis.

sábado, 1 de marzo de 2014

Hurtigruten, el mejor medio de desplazamiento por el litoral noruego


Tromsø, Isla Tromsøya, Noruega

Una manera muy popular de desplazarse por el litoral del ártico noruego es con los barcos de la compañía marítima Hurtigutren, activa desde 1893. Originalmente el Hurtigruten (o vía rápida en noruego) se utilizaba para transportar carga y gente. Hoy se le ha sumado el turismo.



Esta noche he dormido en un hotelucho de Harstad, una ciudad con cero encanto pero bueno...es donde me dejó el avión anoche. Pronto por la mañana desayuno en el hotel y me voy arrastrando las maletas por una calle con un piso fatal, lleno de hielo y piedrecitas que no dejan rodar bien las ruedas de mi equipaje. Afuera estamos a 2ºC y está nublado. Consigo llegar como puedo, no sin antes maldecir al dios Thor por semejante clima nefasto, hasta el muelle donde está amarrado el
MS Polarlys, que me llevará en algo más de 6 horas de Harstad a Tromsø, la denominada capital del ártico.

Los barcos del Hurtigruten son grandes y espaciosos, con 7 pisos de altura. Solo subir me voy al piso de arriba, que no podía llamarse de otra manera que "panoramic". Sus salones son de lo más espectacular. No hay mucha gente, y la poca que hay casi me dobla en edad. Rápidamente percibo que eso del Hurtigruten es cosa de la tercera edad.

El MS Polarlys hace una parada de media hora en Finnsnes. La ciudad conecta mediante un bonito puente con la isla de Senja, la segunda más grande del país.


Realmente, este país es de una belleza extrema. Los paisajes de montañas nevadas y pueblecitos costeros de casas rojas se suceden sin cesar. Pero en esta vida nada es gratis: esa belleza la pagan con un clima duro de pelar. 

Al llegar a Tromsø, bajo del barco y me acerco directamente al centro de excursiones de auroras para reservar una plaza: he leído en internet que esta noche volverá a ser muy buena, mientras que a partir de mañana va a bajar notablemente la actividad. Así que mañana os cuento.

viernes, 28 de febrero de 2014

En busca de la aurora boreal


Harstad, Isla de Hinnøya, Vesterålen, Noruega

Cuando era niño mi imaginación volaba como loca ante las que eran mis tres únicas ventanas al mundo exterior: Tintín, los cromos, y un coleccionable que salía los domingos de nombre Enciclopedia de Ciencias Naturales, de la editorial Bruguera. De entre la multitud de imágenes que iban grabando ese disco duro recién formateado que era mi cerebro, hubo una que me impactó de por vida, la de una extraña cortina de luz de colores que aparecía de vez en cuando en las noches del invierno polar y que tenía el misterioso nombre de aurora boreal.

Han debido pasar 50 años para que esta imagen grabada en mi mente por fin se hiciera realidad. Y no ha sido precisamente por casualidad. Hace ya un tiempo que me rondaba por la cabeza ir a buscarla. Pero había que planear muy bien el lugar y el momento, pues no siempre se ven auroras.

Por de pronto, hay que hacerlo durante los máximos de actividad magnética solar, algo que ocurre cada 11 años. Perfecto: 2013-2014 coincide con uno de esos máximos. Segundo, hay que ir al ártico a buscarlas (o al antártico, pero eso ya son palabras mayores). Tercero, debe ser cuando allí hay noche polar, entre octubre y marzo. Cuarto, mejor al final de este período, en febrero-marzo, porque la costa noruega acostumbra a estar menos nublada (con nubes no se ven, claro), y quinto y último, mejor que no haya luna llena porque la luz de nuestro satélite roba la de la aurora.

Total, finales de febrero-principios de marzo de 2014 parecía el momento óptimo, así que en Noviembre del año pasado me puse a buscar vuelos en internet y encontré una compañía low cost, Norwegian, recientemente asentada en Barcelona, que por 260€ me enviaba ida y vuelta a Trømso, la capital del ártico.


File:Norway-Vesteraalen.pngEl día antes de mi partida consulto la web de previsión de auroras: para el día de mi vuelo anuncian actividad 4 en una escala del 1 al 9. El viaje no podía comenzar mejor pues para la semana anterior la escala estuvo marcando actividad solo de 1-2 todo el tiempo.


Llega el día y tras una escala en Oslo, subo a bordo del avión de Norwegian que me lleva a Harstad, en el archipiélago de Vesteralen, a 6h en barco de Trømso (isla en rojo en el mapa de arriba). Son las 21h. Me aseguro una ventanilla. Al cabo de poco de despegar, una vez superadas las nubes, miro por la ventana y no puedo evitar pegar un grito: allí estaba, un inmenso tejido de velos de luz verde y roja, que caían del cielo pintando todo el firmamento y que parecían desplazarse de izquierda a derecha, como si de una nube eléctrica empujada por el viento se tratara.

Le pido a mi vecino, un noruego con pinta de pescador, que por favor apague la luz para evitar reflejos en la ventana y coloco mi cámara portátil en M, subo el ISO a 3200, abro el diafragma al máximo y tiro a 1" de exposición manteniendo el objetivo pegado al cristal. Sorpresa: las fotografías son incluso más espectaculares que la realidad!!

Me espera una semana de mucho frenesí. Este ha sido solo el comienzo. Si una simple foto, hecha con mi cámara auxiliar desde el avión y en malas condiciones, ha dado este resultado, no me imagino lo que puede salir con la réflex y el trípode en los días venideros.

domingo, 5 de enero de 2014

Ilha de Sao Vicente


Mindelo, I. Sāo Vicente, Cabo Verde

Hoy decido alquilar un coche, algo que todavía tenía pendiente en este país. Me acerco a la oficina local ubicada en el primer piso del sobrado azul de Praça Dom Luis. La señora dice que se acuerda de mi: hace dos años, por carnaval, alquilamos un coche con unos amigos. Les queda un solo vehículo, un Jimmy. Le dice a su hijo que soy “un cliente habitual” y que me trate bien. Y sí, salgo contento, con un precio total para tres días de 90€, un 25% menos de lo oficial.

Contento de mi deal, me recorro la pequeña isla de Sāo Vicente. Comienzo por el pequeño pueblo de Salamansa, en la costa norte de la isla. La canción de Cesária Evora “minhinas de Salamansa” me viene a la cabeza... Hace mucho viento. Al llegar y acercarme a un chiringuito surfero en la playa, me quedo clavado en la arena. Ups...pensaba que estaba más dura. Por suerte en el chiringo hay un par de surfistas tomando algo, y con la ayuda de la patrona, una chica polaca, muy enrollada, me ayudan a salir del apuro. 


Mi próxima parada es Bahía das Gatas, célebre por su festival de música veraniego. La mayoría de las carreteras de Cabo Verde siguen adoquinadas, tal como las construyeron los esclavos hace un par de siglos. Espero que sigan así mucho tiempo pues dan al país un aire fuera de este mundo.


En Bahía das Gatas reina la calma. Cuesta creer que aquí, en verano y durante tres días, tiene lugar uno de los festivales musicales más famosos de toda Africa.

Hace unos años el gobierno construyó una carretera por la parte noreste de la isla. Esta sí está asfaltada. Las vistas aquí son impresionantes. Siempre hace viento aquí arriba. No me puedo imaginar esta costa calmada. 



En la pequeña población costera de Calhau, donde vive el músico Vasco Martins, me encuentro con el campo de fútbol local. Toda una maravilla como sacada de un cuento, con la isla de Santa Lucía, deshabitada, de fondo.

De vuelta a Mindelo me encuentro con paisajes dignos de grandes fotos.

Ya en Mindelo subo a uno de los montículos desde donde se divisa la ciudad y su famosa Praia Laginha.





Una vez en el centro, el sol se está poniendo y los antiguos edificios coloreados portugueses resaltan con la luz vespertina.

Me dirijo al hotel. Aparco el coche y me siento en uno de los bancos de Praça Nova. La gente pasea felizmente, los jóvenes patinan y los niños se me acercan para que les tire unas fotos. Qué pena que hayamos perdido toda esta naturalidad en nuestra sociedad que, por alguna extraña razón, llamamos avanzada.