jueves, 25 de febrero de 2016

Piratas del Indico



Canal der Mozambique

Nuestro siguiente destino es Isla Mozambique, a 560 millas náuticas al norte de Bazaruto, así que mucha paciencia porque no vamos a ver tierra durante día y medio. 


El MS Island Sky navega por aguas tranquilas a 10-12 nudos. Es día de lectura, conferencias, charlas, cafés, tés, fotografía y hasta un concurso de trivial o "quiz", por equipos. El nuestro queda segundo, y no gracias a mí precisamente, pues la mayoría de preguntas son de temas ingleses, y yo soy el único español. Otros se dedican a hacer "footing" por cubierta: 9 vueltas al barco son una milla, nos dicen.



Durante el trayecto, dos marines contratados por la compañía nos dan una charla sobre qué hacer en caso de ataque pirata. Sí, sí, poca broma: estamos navegando por la zona del planeta donde se registra una mayor frecuencia de asaltos por piratas. Este es el mapa de incidencias de los años 2010 y 2011:



Nuestros dos marines, que resultan ser muy simpáticos y chistosos, van equipados con todo tipo de armamento. No tarda en surgir un cierto nerviosismo entre los pasajeros, pues cuando alguien te dice cómo tienes que reaccionar en caso de que un pirata te apunte con su fusil, pues...hombre...como que te deja mal cuerpo. Aún así, al final nos tranquilizamos cuando nos aseguran que nunca antes un barco equipado con este sistema de seguridad ha sido atacado por piratas, pues al ver semejante despliegue de fuerza aseguran que se van pitando.



Por la noche tiene lugar una actividad inédita: nos anuncian que a las 21h salgamos todos al deck 6, nos sentemos o nos estiremos en el suelo y estemos preparados para observar el cielo estrellado del hemisferio Sur: el capitán apagará todas las luces del barco durante media hora. Y así es, solo apagar las luces, explota un cielo de estrellas y se escucha un ooooooooh colectivo. La Vía Láctea luce todo su esplendor, y se aprecian perfectamente las dos Nubes de Magallanes como dos manchones grises sobre el fondo negro del firmamento. Es curioso: no hay ninguna luz por ninguna parte, ni Luna ni nada de nada y, aún así, se percibe ligeramente la gente, la baranda, las hamacas...¿qué los ilumina? Increíble: es la luz de las mismísimas estrellas!


miércoles, 24 de febrero de 2016

Isla Santa Carolina, Bazaruto, Mozambique



Santa Carolina (Paradise Island), Bazaruto

Nuestra segunda escala en la costa mozambiqueña tiene lugar en la isla de Santa Carolina, recientemente bautizada como Isla Paradise, en el archipiélago de las Bazaruto:



Se trata de una pequeña isla coralina, perteneciente al Parque Nacional del Archipiélago de Bazaruto. Su principal curiosidad, que por un lado destroza el encanto pero que a la vez le da un aire misterioso, es un hotel en ruinas que floreció en la época de los 60, y en el que Bob Dylan compuso su tema Mozambique. También pasó por aquí Elton John, y muchas otras celebridades y millonarios de Rhodesia. Dicen que el hotel estaba siempre lleno. En 1974, justo antes de la independencia del país, el propietario y los empleados portugueses tuvieron que abandonar el lugar "con lo puesto", a punta de fusil. Hoy literalmente se está cayendo por piezas, azotado por los ciclones, la humedad, y la erosión. Una especie de Titanic terrestre.



Las zodiacs nos llevan a la playa. Dicen que este lugar ofrece una calidad de snorkel insuperable. Bueno, yo no sé si será que hoy el mar tiene un mal día o qué, pero a mí me resulta bastante normalito: hay mucha partícula en suspensión (con lo que el agua es poco transparente) y una relativa baja variedad de especies marinas.




Nos montamos en un dhow, la embarcación local, y circundamos la isla a vela en menos de una hora. El objetivo: divisar algún dugongo, esa especie de vaca marina que aquí tiene uno de sus últimos reductos africanos. Pero tampoco hay suerte, tan solo alguna garcilla y un águila pescadora.

El día acaba con una bonita puesta de sol que disfrutamos todos desde cubierta, rumbo a Isla Mozambique.


martes, 23 de febrero de 2016

Inhambane o Terra de Boa Gente, Mozambique



Inhambane, Mozambique

Primera modificación del trayecto original: no hay escala en Inhaca porque las autoridades portuarias de Sudáfrica no nos dejan zarpar hasta la madrugada. Bueno... se trataba de una isla en frente de la capital Maputo, con el agravamiento de que había un mega-crucero atracado en ella. Así que el capitán pone rumbo directo hacia Inhambane, una ciudad colonial en la costa sur de Mozambique.



Tras 36 horas de navegación non-stop, el MS Island Sky fondea frente a Ponta da Barra y comienza el desembarco en zodiacs hasta un punto del interior de la bahía donde el agua está más calmada y donde hay un pequeño embarcadero. Allí, una pasarela sobre el manglar lleva hasta un chiringuito en la playa.


El mar está movido y subir a las zodiacs a 88 personas, la mayoría ya de una cierta edad, es toda una odisea. Además, hace mucho calor y la humedad es altísima. ¡Ojo no se nos vaya a desmayar alguien!

Una vez en la zodiac, saco mi cámara de la bolsa y, oh sorpresa, está literalmente envuelta en una nube de vapor. Pronto aprendemos que, de ahora en adelante, deberemos dejar el material fotográfico a la intemperie una media hora antes de comenzar a tirar fotos pues el cambio súbito de la temperatura fresca del camarote a la de la sauna de afuera provoca un vaho que tarda un buen rato en dejar las lentes utilizables.



Al llegar, un grupo de flamencos se alimenta apaciguadamente en las aguas someras de la impresionante bahía. Desde la pasarela, llegamos al Neptune's lodge, en la playa, donde nos sirven unas fantásticas gambas frescas acompañadas de una cerveza local que entra como regalo caído del cielo.

 Al acabar, un minibus destartalado nos lleva por turnos hasta la vecina localidad de Inhambane. En 1498, el explorador portugués Vasco de Gama navegaba rumbo a la India cuando ancló delante de estas playas con sus 4 navíos. Llovía a cántaros. La tripulación tomó tierra y los nativos les dijeron "beka khu nyumbani", que en su dialecto local significa "protegeos de la lluvia". Ellos pensaron que les estaban indicando el nombre del pueblo, y de ese modo la localidad quedó bautizada como Inhambane, (o al menos eso dice la tradición). Hoy, la única estatua del pueblo es precisamente una de Vasco de Gama, y no está en una plaza como cabría esperar, sino en el patio de una casa:



También hay un museo...bueno...un sala con algún que otro objeto de la época colonial portuguesa. De hecho, el pueblo luce todo el encanto y la paz de los asentamientos coloniales portugueses. La catedral de Nuestra Señora de la Concepción, con más de 200 años, está vacía por dentro, pero conserva su belleza por fuera:



Los mozambiqueños son principalmente cristianos, aunque hay un 18% de musulmanes. Pertenecen a una gran variedad de etnias, todas de habla bantú. El portugués es el idioma oficial (menos mal, pues eso me permite comunicarme con los lugareños, aunque debo decir que tampoco los encuentro muy participativos en eso de hablar con forasteros).



La pesca es la principal actividad de la zona. De vuelta al barco, nos cruzamos con unos pescadores locales, subidos a sus dhows, que, o bien nos están saludando, o bien nos están diciendo que nos alejemos: no queda claro.

lunes, 22 de febrero de 2016

Viaje a Aldabra



Richard's Bay, Sudáfrica

Desde pequeños, mi hermano y yo
 coleccionábamos sellos apasionadamente y nos divertía localizar en los Atlas los países y los lugares en ellos ilustrados. Así nos aficionamos a la geografía y a los mapas. Pero había un sello que me causó un profundo impacto porque mencionaba una isla deshabitada, virgen, perdida en pleno océano Indico. Además, su nombre sonaba a fantasía, a magia: Aldabra.



Durante mucho tiempo, imaginé que un día podría visitarla. Pero con el paso de los años me fui percatando de que no sería tarea fácil pues ni tiene aeropuerto, ni hay dónde dormir, ni figura en ningún catálogo de viajes y además se necesita un permiso especial para visitarla, difícil de conseguir.

No obstante, hace un par de años cayó en mis manos un folleto de una compañía británica, Noble Caledonia, que organizaba un viaje con uno de sus barcos, el MS Island Sky por el oeste del Indico e incluía una visita a la isla, entre otras muchas.  Escribí y me dijeron que ya no había sitio para el 2015, que éste era uno de los viajes más solicitados, y que en el barco había sitio solo para 100 pasajeros, pero que si quería me podían reservar una cabina para el 2016. Me decidí, no sin antes pensármelo muy mucho pues se trataba de un viaje nada barato.




Así que dos años después de leer aquel folleto aquí me tenéis en Richard's Bay, Sudáfrica, embarcando en el MS Island Sky, dispuesto a navegar 15 días por este lado del Indico, visitando islas perdidas y aisladas pertenecientes a tres países: Mozambique, Comores y Seychelles.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La isla de Nosy Be



Nosy Be, Madagascar


Después de visitar una plantación colonial de cacao y café cercana a la costa, nos embarcamos en el pequeño muelle de Ankify, rumbo a la isla de Nosy Be, a 45 minutos. Durante el tramo de 15 km que separa la isla, nos cruzamos con varias embarcaciones pesqueras a vela, características de estas costas.


Cansados del intenso trayecto que comenzó antes de la salida del sol en Ankarana y prosiguió por los red Tsingys, disfrutamos de un merecido descanso en un hotel situado en la zona turística. Por fin un poco de confort y relax. Es la primera vez que contemplamos una puesta de sol desde una hamaca y con una copa en la mano (que de vez en cuando también se agradece... pues, al fin y al cabo, estamos de vacaciones, aunque no lo parezca con el ritmo que llevamos). 

Al día siguiente, excursión al vecino islote de Nosy Tanikely, integrado en una reserva marina, un lugar ideal para practicar el snorkling... o al menos, eso pone en la guías.




Resulta que tras colocarme la máscara, no tardo ni un minuto en notar un desagradable quemazón por todo el cuerpo. No falla: tienen que ser esa infinidad de medusillas, que pululan por toda la zona y que, junto con una gran densidad de microorganismos, entorpecen la visión submarina. Total, tras aguantar estoicamente el picor durante casi una hora, envío el snorkling a paseo y regreso a la playa. Enseguida compruebo que la mayoría de mis colegas han experimentado esa misma desagradable sensación, pero han tenido menos paciencia.

Es la hora de dar de comer a los turistas, y los guías de los diferentes grupos comienzan a cocinar. El irresistible olor de carne a la brasa inmediatamente atrae a todos los lémures de la la isla, que, seguramente, ya saben que a esa hora, cada día hay teca.



De regreso a Nosy Be, visitamos la ca pital, Hell-ville. El paseo comienza por la avenida de la Liberación, flanqueada por antiguos cañones y edificios coloniales. Acabamos en el mercado, donde el bullicio de gente es impresionante.




La isla de Nosy Be es la más grande del país, con unos 300 km2 de superficie. Fue poblada por comerciantes indios y swahili durante el siglo XVI, aunque se convirtió pronto en un polo de atracción para todo tipo de refugiados, comerciantes y colonos de procedencia diversa.


Actualmente es uno de los principales destinos turísticos del país, si no el primero. No obstante, me parece que pocos turistas deben alojarse en hoteles como este:



Por la tarde, los 4x4 nos llevan al monte Passot, la montaña más alta de la isla (329m) para contemplar la puesta de sol (todo un clásico). Lo celebramos con un buen ron oscuro de Madagascar, que nos ayuda a entrar el calor.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El Red Tsingy de Madagascar



Ankarana, Madagascar

La carretera principal que comunica Diego Suárez con la capital es un auténtico desastre. No solo está plagada de agujeros sino que el deterioro es tal que en algunos tramos solo queda un pasillo central asfaltado, de no más de un metro de ancho. Nuestra velocidad media es de unos 20-30 km/h. Las distancias son largas y el tiempo eterno.



Por fin llegamos a Joffreville, a la entrada del Parque Nacional de Amber Mountain. Allí nos instalamos en el Nature Lodge, rodeado de vegetación y frente a un barranco. A lo lejos, la gran bahía de Diego Suárez, tan cercana a la vista pero tan distante en coche.



Al día siguiente visitamos el Parque Nacional de Montaña d'Ambre, una extensión de 18.000 hectáreas de selva lluviosa de montaña, con una altura máxima de 1.500 m. Mis colegas recorren un circuito a pie, bajo la lluvia, y yo me acerco a una de sus famosas cascadas:



A su regreso me comunican que han visto una pareja de Roqueros de Lavauden. Excitado pregunto ¿dónde, dónde?. Allí, a la vuelta de la esquina -me contesta el guía. Voy corriendo y miro, y miro, y miro, y requetemiro... pero la pareja se ha esfumado. No me lo acabo de creer. No es posible; era mi única oportunidad de avistar este ave cuyo hábitat en nuestro planeta se limita a este parque, y ellos, sin buscarla, la han visto, y yo no. Ese día me queda un mal humor de fondo todo el día.

La visita se acaba y volvemos a nuestros 4x4. Yo sigo mirando por la ventana, pero el roquero no se deja ver. Al cabo de un rato llegamos al Red Tsingy. Los tsingys son formaciones cársticas en las que la erosión ha moldeado formas que recuerdan a bosques de piedra. En el centro del país se encuentran los más conocidos, como el tsingy negro de Bemaraha, que no visitamos. En cambio, hoy nos encontramos en el denominado Red Tsingy, de color rojizo, cuyo origen se encuentra en la deforestación provocada por el hombre. Hace 50 años no existía nada de lo que hoy vemos aquí:





Improvisamos un pic-nic y descendemos hasta el sendero que transcurre por las espectaculares formaciones que parecen esculpidas por algún artista modernista. Del mismo modo que han aparecido en solo medio siglo, la erosión provocada por la lluvia y el viento las borrará del mapa en los próximos años. Así que ahí van esas fotos para la posteridad.







lunes, 7 de septiembre de 2015

Diego Suárez, la ciudad del norte de Madagascar



Diego Suárez, Madagascar

Hoy de buena mañana emprendemos vuelo desde la capital hasta la punta norte de la isla, desde donde descenderemos en coche hasta Nosy Be en los próximos días. El vuelo tiene lugar con Air Madagascar, la compañía aérea local cuyas huelgas recientes han hundido el turismo del país. Efectivamente, la incertidumbre de si "mañana va a salir mi vuelo o no" han hecho que una gran mayoría de turistas hayan optado por no pasar sus vacaciones en este país en favor de otros donde puedan programar sus desplazamientos con seguridad. La hora de salida del vuelo de hoy, por ejemplo, no la supimos hasta las 21h de ayer. Y eso es así SIEMPRE para todo vuelo interno.



Diego Suárez (Antsiranana en malgache) es una ciudad colonial situada en una gran bahía comparable en tamaño y belleza a las de Río de Janeiro o la de Sydney (bueno... al menos eso dicen por aquí), con su "pan de azúcar" incluido, para ellos un lugar sagrado donde todavía se celebran ceremonias tradicionales. A mí me recuerda a un gigantesco panallet 
de coco de los que hacía mi madre per Tots Sants.




Nos distribuimos en los 4x4 y nos adentramos por los caminos polvorientos que nos llevarán a las Trois Baies (tres bahías). La primera parada tiene lugar cerca del pueblecito de Ramena, en el faro de Cap Mine, junto a la fortificación abandonada de Orangea. Es la entrada a la gran bahía que fue un punto militar estratégico durante la 2ª Guerra Mundial. El 5 de mayo de 1942 acogió  a 13.000 soldados, con tanques y artillería, más de 40 barcos de guerra y 100 cazas: los británicos se habían propuesto tomar la bahía a los franceses en la operación Ironclad como primer paso hacia la ocupación de toda la isla. 


No lo consiguieron y hoy, aquí fuera se divisa otro panorama: una gran laguna verde de nombre Mer Emeraude, en calma pero azotada por un fuerte viento.




Al cabo de poco llegamos a una playa de arena blanca en donde improvisamos un picnic. Los niños juegan con las olas en una estampa que exhala felicidad.




Este debe ser un lugar de parada obligada para los que visitan la zona a juzgar por los tendederos de pareos y los atuendos de las chicas.




Algo muy habitual en esta tierra es la peluquería local: las mujeres pasan una buena parte de su tiempo peinándose unas a otras.




Nuestro recorrido prosigue por las Trois Baies al este de la Gran Bahía: la bahía de Sakalava, la de las Palomas y la de de las Dunas. Sopla el viento y los windsurfistas lo aprovechan. Los niños, en cambio, pasan el rato con lo poco que tienen.