
Esmirna, Turquía
Después de un día y medio de navegación ininterrumpida desde Bodrum, el Aegean Odyssey amarra en el muelle de Esmirna a primera hora de la tarde. Las gaviotas nos han acompañado durante la segunda parte del viaje, aprovechando las corrientes de aire que levanta el navío para desplazarse sin ningún realizar un solo aleteo.
Esmirna (Izmir en turco) es la tercera ciudad en tamaño de este país, después de Istanbul y Ankara, con más de 4 millones de habitantes. Se trata pues de una de esas grandes urbes que a mi particularmente no me atraen demasiado. Eso sí, con 5.000 años de edad, rebosa historia por los codos.
Efeso fue una enorme ciudad fundada por los griegos en el siglo XI aC que llegó a albergar 200.000 almas. Hoy es un complejo arqueológico de grandes dimensiones que conserva todavía muchos de sus tesoros originales. Por desgracia no es el caso de otra de las 7 maravillas de la antigüedad, el Templo de Artemisa, que fue destruido por un incendio en el año 350 aC (por cierto, justo la noche en que en la lejana Macedonia nacía Alejandro Magno). El templo fue reconstruido y finalmente arrasado de nuevo por los godos. Hoy solo quedan unas cuantas columnas coronadas con nidos de cigüeña.
Pero lo bello de esta ciudad en ruinas es pasearse por sus antiguas calles columnadas, observar sus teatros, sus palacios, e imaginar la vida aquí hace milenios: los mercados, el trajinar de la gente, las escuelas, los lavabos.









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