
Solo doblar la passe, ya se podían oír por el lagon sus cánticos al son de los ukeleles. El Maupiti Express era una fiesta.
Desembarcaron cuatro clanes, cada uno identificable por el color de su camiseta: roja, azul, blanca o amarilla.




Tras el desembarque, se fueron en procesión hasta la escuela, donde se había habituado una gran sala con colchones en el suelo. Ancianos con niños, los bien acomodados con los no tan bien acomodados, todos mezclados, pues aquí no saben de manías.
De lo que sí saben, en cambio, es de pasárselo bien. Durante el día no cesan las actividades. Por las noches, a eso de las 8, después de cenar, el patio de la escuela se transforma en un festival. Yo ya espero ese momento del día para coger mi bici, acercarme y participar de la fiesta. Juegos, bromas, burlas, parodias teatrales, bailes, cantos y más cantos, y risas explosivas sin límite se suceden entre las paredes del recinto, de donde cuelgan largas listas genealógicas, para que cada uno “descubra” a sus familiares lejanos.




No hay comentarios:
Publicar un comentario