

El avión a Nouméa sale con una hora de retraso. En el vuelo va toda una escuela, con una treintena de niños de unos 10 años. Por cierto, con la independencia seguramente también se les acabaría este chollo. ¿Cómo se podría permitir un país como este desplazar a sus niños aquí y allí en avión? Nada parecido existe en los países vecinos independientes: Vanuatu, Islas Solomon, Samoa, Tonga...

En Magenta cambio de avión para ir a la isla de Maré, mi segunda Île Loyauté. Es una pena pero no hay vuelos inter-islas. Uno debe pasar siempre por la capital para cambiar de Loyauté.

Una vez en Maré...nublado y, encima, viento. Me persigue el mal tiempo durante todo el viaje. Hay que resignarse. Tras 30 km de recorrido en bus desde el aeródromo llego al hotel, el Nengone Village, al sur de la isla. Al entrar en el bungalow me pego un resbalón de aquellos de videos de primera. Han limpiado el suelo de madera con uno de esos productos súper-resbaladizos...tanto, que literalmente no se puede caminar. Le pido por favor a la asistente que haga algo, que le pase la balleta o el mocho, lo que sea, pero que yo no puedo dar un paso en esta pista de patinaje. Acuden varias chicas a remediar el problema, pero, tal como me temía, el firme sigue resbaladizo. Cansado de tanta queja, resigno y les digo que OK, merci, ça va. Y nada...a caminar como las "muñecas de Famosa se dirigen al portal" durante dos días.

Voy a comer algo al restaurante y me alegro cuando veo que hay wi-fi. ¡Bien! Pero oh... falsa alarma: la camarera me informa de que hay wi-fi, efectivamente, pero que internet no funciona. Fuera, las nubes grises y el viento siguen en aumento. Casi hundido en el desespero total, el avistamiento fuera de dos alciones sagrados (Todirhamphus sanctus) de la subespecie local me proporcionan al menos la alegría ornitológica del día.

Hoy tengo mucho tiempo para pensar. La conclusión del día es que es muy importante elegir los destinos y fechas de los viajes poniendo el clima como una de las prioridades esenciales. Hace 11 días que salí de Barcelona y solo he visto el sol un día en Nouméa y otro en Poindimié.
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