
La isla fue comprada en 1922 por James Dole, un empresario de Boston por poco más de 1 millón de dólares. Aquí plantó piñas y mandó construir un pueblo para acoger a los trabajadores japoneses y filipinos de las plantaciones. También construyó un puerto para poder exportar la producción.
La Hawaian Pineapple Co. de Dole prosperó y mucho. En 1987, el multimillonario David Murdock (a no confundir con el magnate de los medios Rupert Murdoch) compró parte de la empresa y mandó construir hoteles, campos de golf, complejos recreativos, etc... Al principio continuó el negocio de las piñas, llegando a poseer la plantación más grande del mundo con 5.200 hectáreas. Me imagino que cuando vio que los hoteles para millonarios y el golf le daban más dinero y menos quebraderos de cabeza que las piñas, decidió reducir su plantación a tan solo 400 hectáreas, justo lo necesario para los clientes del hotel.
Alojarse en uno de esos hoteles es prácticamente imposible a no ser que uno sea multimillonario o...político. Nosotros, turistas de a pie, nos limitamos a desembarcar en una de sus playas y a pasear por los alrededores.

Pasadas unas horas de relax, toca retorno a Maui. Hace algo de viento y el capitán decide izar velas. Fuera, las ballenas van y vienen. Hay tantas que ya no prestamos atención.


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