
Me despierto en mi celda, con una vista fantástica del Ilheu (islote). Aunque no se ve desde tierra, el Ilheu alberga una preciosa bahía circular, una especie de atolón, con playas paradisíacas. Yo lo contemplo por fuera, tomando un copioso desayuno en el que, como en todas partes que los portugueses han dejado huella, no falta el queixo fresco.

Es domingo de ramos y se nota movimiento en Vila Franca do Campo. Los jóvenes organizan desfiles callejeros, tocan la pandereta y cubren las calles de flores.

En Furnas vale la pena visitar su parque botánico, la piscina de agua sulfurosa y caliente, y sus numerosas caldeiras donde emana agua hirviendo saturada de derivados sulfurosos. Al cabo de un rato, tuve que abandonar el lugar porque el hedor era demasiado fuerte.

Pero mi destino era la Sierra da Tronqueira, lo confieso, donde vive el camachuelo de las Azores o priôlo (Pyrrhula murina) el último hábitat de esta especie endémica del archipiélago. Voy y vengo por el camino que cruza la sierra, llego hasta Nordeste, me subo al pico Bartolomé, bajo, miro, escucho, y...nada de nada. El lugar es una maravilla, pero el priôlo no se ha dejado ver.


Resignado, me vuelvo a mi convento. En el trayecto de vuelta, Vila Franca do Campo y su Ilheu parecen prepararse tranquilamente para la noche. Desde lo alto lucen preciosas.

Pero la historia del priôlo no podía acabar así: ¡mañana lo vuelvo a intentar!
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