

Durante la mañana, la fuente pública del pueblo es un lugar muy concurrido. Todos van a buscar el agua potable del día, desalinizada en una gran central en el norte de la isla. Resulta impresionante ver cómo niños y niñas todavía muy jóvenes cargan con kilos y kilos de agua hasta sus casas. Cerca siempre hay un futbolín, quizás para hacerles la vida un poco más agradable.



Al atardecer, el malecón es un excelente lugar para pasar el rato e intentar sacar alguna buena foto. Siempre ocurren cosas. Los pescadores rascan las escamas de su botín, los jóvenes se tiran al agua con saltos acrobáticos, otros pescan, otros se deslizan con una tabla de madera sobre las olas de la playa, o, en un momento dado, de repente uno se encuentra con un regimiento de militares que vuelve a su barco. En cada ocasión ocurren cosas diferentes, por lo que nunca dejo de acercarme a curiosear.





No hay comentarios:
Publicar un comentario