Pafos, Chipre. Descubrir en coche el interior de Chipre y sus tesoros culturales y paisajísticos, es todo un placer. Mi tour comienza en en el mismo Pafos, donde en medio de una plaza se encuentra la iglesia de Panagia Theoskepasti, dedicada a la virgen María (Panagia). La iglesia fue construida en el siglo X, cuando Chipre formaba parte del imperio bizantino.

Dirección a las montañas de Troodos, y a tan solo 10 km de Pafos, uno se encuentra con el Monasterio de Agios Neofitos (San Neófito). Neófito fue un monje y ermitaño chipriota que vivió en el siglo XII. Tras un viaje a Tierra santa, se vino a vivir a una cueva en este lugar. Los creyentes de Pafos le traían comida y regalos. Al morir un discípulo suyo fundó este monasterio.
Siguiendo hacia las montañas de Troodos, uno se encuentra con numerosos viñedos y pueblos perdidos.



En Troodos hay un conjunto de 10 iglesias bizantinas patrimonio de la Unesco, así como numerosos monasterios. Me llama la atención el de Kykko, el más grande de todo el país.

Su construcción se remonta al período bizantino, a finales del siglo XI, aunque a lo largo de la historia el conjunto ha experimentado varias reconstrucciones. Alberga numerosos frescos e íconos, así como antigios manuscritos, esculturas en madera, e importantes documentos relativos a la historia del Monasterio.
El ícono más precioso es uno de la Virgen María, obra del apóstol Lucas quién lo pintó habiendo conocido a María. Dicho ícono tiene su origen en Egipto de donde pasó a Chipre por donación del emperador Alejandro I Comneno. Apenas llegó a Chipre comenzaron a atribuírsele prodigios convirtiendo al monasterio de Kykko en meta de peregrinaciones. En 1576 el ícono fue recubierto de un revestimiento de plata y oro que lo oculta casi completamente.
En el monasterio abundan por doquier los mosaicos de escenas bíblicas.


El monasterio de Kykko ha sido siempre un faro de luz por la santidad y la ciencia de los monjes que allí han vivido, como el abad Makarios, monje antes de ser obispo y posteriormente Jefe de Estado, cuyo cuerpo descansa aquí.





Polis, Chipre. Desde la ciudad de Pafos se puede acceder a la de Polis, en la bahía de Chrysohou, por una bella carretera costera muy poco transitada y llena de paisajes mediterráneos que todavía huelen a los tiempos de los antiguos griegos. Olivo, pino, jara, romero, y tomillo se suceden sin parar. Es el parque natural de Akamas, en la costa oeste de Chipre.



Este es el hábitat natural de las currucas, esos tímidos pajarillos típicos del carrascal mediterráneo.

El trayecto está ribeteado de numerosas iglesias ortodoxas que aparecen por sorpresa en los lugares más insospechados, como la de Agios Georgios, bizantina, junto al mar.

Al final del trayecto uno llega a los baños de Afrodita, vigilados por el sempiterno "señor de las naranjas", un viejo hombre que siempre está allí, en la entrada del estanque, alabando las virtudes del coloreado fruto.

Cuenta la leyenda que Afrodita, tras bañarse en las aguas color turquesa de esta bahía, acudía frecuentemente a este estanque, rodeado de un paisaje idílico y del olor dulce de las flores salvajes. Es aquí donde se encontró a su bello y amado Adonis por primera vez. Se ve que Adonis estaba cazando en el bosque de Akamas cuando llegó hasta aquí para calmar su sed. Al ver a Afrodita desnuda se quedó maravillado y ambos quedaron prendados por la belleza del otro. Afrodita, por aquel entonces, estaba casada con Hefesto, el malhumorado dios del fuego y la forja, con lo que la cosa estaba complicada.
Adonis murió destrozado por los colmillos de un jabalí enviado por Artemisa como represalia por la implicación de Afrodita en la muerte de Hipólito. Cuando Afrodita corrió a socorrerle se hirió con unas zarzas y sus gotas de sangre se transformaron en unas flores parecidas a las rosas que se llamaron adonis.
Pafos, Chipre. A 50 km al oeste de Limassol se encuentra la ciudad costera de Pafos, una de las más turísticas de Chipre.
Aunque habitada desde tiempos del neolítico, Pafos comenzó a ser un lugar especial cuando por allí el siglo XII aC, los micénicos la declararon lugar de nacimiento de Afrodita, la diosa del amor. Por todas partes se respira el espíritu de la diosa: en la roca de Afrodita, en los baños de Afrodita, en el templo de Afrodita... incluso el propio nombre de Pafos está relacionado con ella, pues Pafos era el hijo de Pigmalión, el héroe chipriota que se dedicaba a hacer estatuas de mujeres bellas. Un día, mediante la intervención de Afrodita, soñó que una de ellas, Galatea, cobraba vida.
Pafos fue, sin lugar a dudas, centro de atención de toda esta parte del Mediterráneo. También fue ciudad bíblica: en el primero de sus viajes, los apóstoles Pablo y Bernabé zarparon de Antioquía hacia Chipre, desembarcando primero en Salamina, para luego partir hacia Pafos. Aquí San Pablo se enfrentó al “mago” Elimas, el cual quiso tratar de impedir que Pablo convirtiera a un cónsul al cristianismo. Pablo dejó tan patente la superioridad del Espíritu Santo frente a los “poderes” de Elimas (lo deja ciego al pobre), que un cónsul presente en la escena, “quedó impresionado por la doctrina”, tal como queda relatado en los Hechos de los Apóstoles, 13, 8-12.
En tiempo de los romanos, Pafos fue la capital de la isla. Aquí, frente a mi hotel y en un encuadre 100% mediterráneo dominado por un faro, se encuentran los restos de la ciudad, sus templos y su anfiteatro, construido en el siglo II dC.




Dicen que sus mosaicos son de los mejor preservados de la isla. Mirad qué perfección:





Hoy Pafos, con una población de alrededor de 30.000, es un centro turístico popular, que alberga un atractivo puerto pesquero. Ktima es el principal distrito residencial, mientras que Kato Pafos, al lado del mar, está construido alrededor del puerto medieval y contiene la mayoría de los hoteles de lujo y la infraestructura de ocio de la ciudad.



Omodos, Chipre. Omodos es un pequeño pueblo del interior de Chipre, a unos 40 km de Limassol, conocido por ser la sede del monasterio de la Santa Cruz, uno de los más antiguos de la isla y cuyos orígenes se remontan a 327 dC.
Cuenta la leyenda que por aquellas épocas los habitantes de los pueblos contiguos veían aquí, noche tras noche, unos fuegos que se esfumaban en cuanto se acercaban a curiosear. Un buen día decidieron cavar en el lugar de los hechos y se encontraron con una pequeña cueva que escondía una cruz. Para agradecer al altísimo este encuentro erigieron una capilla que con el tiempo acabó siendo un lugar de adoración.
Una anciana del pueblo (que de llevar gafas sería una copia idéntica a la blasa de José Mota) me enseña orgullosa uno de las joyas del lugar, la cruz Panaretos (la virtuosa), original del monasterio medieval de Anogyra y trasladada aquí por motivos de seguridad (foto de portada).
Poco después de su construcción, la capilla fue visitada por Santa Helena (la madre del emperador Constantino), en su viaje de regreso de Palestina. La santa trajo con ella un trozo de la cuerda con la que los romanos ataron a Cristo en la cruz y la depositó aquí.


El monasterio conserva también varias otras reliquias, como la calavera del apóstol Felipe, guardada en una caja piramidal de plata y oro, y sellada por el emperador bizantino Teodosio el Grande. Fue guardada en Constantinopla hasta 1204, y luego trasladada a Paphos, más tarde robada, posteriormente encontrada y finalmente depositada aquí. El pobre apóstol nunca se hubiera imaginado que viajaría tanto una vez muerto.
El monasterio también acoge un trozo de la cruz de Cristo, una piedra del Gólgota, y reliquias de hasta 26 santos. A pesar de toda esa santidad en la atmósfera, los habitantes de Omodos viven su día a día como pueden, intentando salir de la crisis, tejiendo bordaditos o vendiendo helados.



Limassol, Chipre. A principios de este milenio tenía lugar en Limassol, Chipre, un congreso de química médica al cual tenía el privilegio de asistir. Las ponencias se acababan el viernes por la tarde con lo que uno disponía del fin de semana para volverse a casa o hacer turismo. Yo, ni que decir tiene que elegía siempre lo segundo.
Chipre ocupa un enclave estratégico muy importante del Mediterráneo. Es por eso que las diferentes pueblos se la han ido sorteando a lo largo de los siglos: primero fue habitada por micénicos, fenicios, griegos, egipcios, asirios y persas, hasta que Alejandro Magno la reconquistó en el año 331 aC para devolverla a los griegos.
Luego, en el año 57 aC pasó a manos de los romanos, y más tarde fue visitada por San Pablo y San Bernabé. Tras la caída de Roma pasó a ser bizantina, luego árabe, luego veneciana, luego turca y, finalmente en 1878, británica, donde permaneció bajo su dominio hasta 1960, año que obtuvo, por fin, la independencia.
Pero a Chipre todavía le quedaba una sorpresa...bueno...dos. La primera es que en 1974 un ejército de 30.000 soldados turcos toma la parte norte y la declara unilateralmente República Turca del Norte de Chipre, un país no reconocido por nadie. Desde entonces la isla está dividida en dos. Chipre forma parte de la Comunidad Europea desde 2004.
La segunda sorpresa es mucho más reciente (hace ahora justo un año), cuando Chipre pide formalmente el rescate económico para hacer frente a su grave crisis financiera provocada -dicen- por la crisis griega. A partir de ahí, todos más o menos conocemos el resto del episodio.
Pero en 2000, cuando yo estaba por allí, Chipre era una maravilla de país: tranquilo, turístico, con mucho inglés y mucho ruso que invertían su dinero negro a sus anchas. Pero bueno, yo no sé de política, así que me cerniré a mis fotitos para no meterme el líos.
Limassol, donde se celebraba el congreso, es una ciudad costera bastante fea, con edificios de un gusto nefasto, y sin pintar. Me alquilo un coche y me voy bordeando la costa hacia el oeste. Tras pasar la península de Akrotiri, donde hay una base militar inglesa y donde reina la bandera británica por todas partes (!), llego al mirador de la Roca de Afrodita, ahora sí, de una belleza espectacular.


Dice la leyenda que aquí, en la Roca de Afrodita, o petra Tou Romiou, nació la famosa diosa del amor, lujuria, belleza, sexualidad y reproducción, a partir de los genitales del dios Urano, cortados y lanzados al mar por su hijo Saturno (esa gente era muy mala...). Según el mito, sus "partes" formaron un nuevo ser entre la espuma y el mar, que fue llevado hasta la superficie en una enorme concha marina. No he encontrado ninguna foto que lo acredite, pero sí un cuadro que todo el mundo conoce.

Si queréis saber más de la vida sexual de Afrodita, podeís leer este corte-y-pega de la wiki. Resulta increíble la capacidad de invención de los griegos clásicos:
Debido a su inmensa belleza, Zeus temía que Afrodita fuera la causa de violencia entre los otros dioses. Por ello la casó con Hefesto, el severo y malhumorado dios del fuego y la fragua. Otra versión de esta historia cuenta que Hera, la madre de Hefesto, lo arrojó del Olimpo al considerarlo feo y deforme. Éste obtuvo su venganza atrapándola en un trono mágico y exigiendo a cambio de su liberación la mano de Afrodita. Hefesto estaba contentísimo de haberse casado con la diosa de la belleza y forjó para ella hermosa joyería, incluyendo el cesto, un cinturón que la hacía incluso más irresistible para los hombres.
La infelicidad de Afrodita con su matrimonio hizo que buscase la compañía de otros, normalmente Ares, pero también Adonis. Hefesto fue informado del adulterio que su esposa mantenía con Ares por Helios. Como venganza, atrapó ingeniosamente a Ares y Afrodita con una red de finas cadenas que había dispuesto sobre el lecho para que cayeran al más mínimo contacto. Entonces llamó a todos los demás dioses olímpicos para burlarse de ellos (sin embargo, «las diosas se quedaron en casa, todas por vergüenza»); algún dios desenfadado comentó que no le habría importado sentir tal vergüenza. Hefesto no los liberó hasta que Poseidón le prometió que Ares pagaría desagravios, pero ambos escaparon tan pronto como levantó la red y no mantuvieron su promesa.
Seguramente mañana ya no os acordaréis de nada de toda esta historia...pero espero que sí quede en vuestra memoria la belleza de ese lugar
