



Este es el hábitat natural de las currucas, esos tímidos pajarillos típicos del carrascal mediterráneo.

El trayecto está ribeteado de numerosas iglesias ortodoxas que aparecen por sorpresa en los lugares más insospechados, como la de Agios Georgios, bizantina, junto al mar.

Al final del trayecto uno llega a los baños de Afrodita, vigilados por el sempiterno "señor de las naranjas", un viejo hombre que siempre está allí, en la entrada del estanque, alabando las virtudes del coloreado fruto.

Cuenta la leyenda que Afrodita, tras bañarse en las aguas color turquesa de esta bahía, acudía frecuentemente a este estanque, rodeado de un paisaje idílico y del olor dulce de las flores salvajes. Es aquí donde se encontró a su bello y amado Adonis por primera vez. Se ve que Adonis estaba cazando en el bosque de Akamas cuando llegó hasta aquí para calmar su sed. Al ver a Afrodita desnuda se quedó maravillado y ambos quedaron prendados por la belleza del otro. Afrodita, por aquel entonces, estaba casada con Hefesto, el malhumorado dios del fuego y la forja, con lo que la cosa estaba complicada.

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