

Homère Clément era un joven mulato martinico de Saint Pierre que se fue a estudiar medicina a Francia. Cuando volvió en 1885 se convirtió en un empresario ilustre al comprar estas tierras y fundar una de las destilerías más famosas de la isla. El lugar vale la pena una visita.
La vieja mansión, hoy restaurada y amueblada a la antigua, sirvió de nuevo como sede para otra de esas reuniones de jefes de estado, en esta ocasión entre François Mitterrand y George Bush, en la que discutieron sobre la guerra del golfo. Nosotros, los españoles, los llevamos a Doñana y los franceses se los traen a Martinica.
Merodeando por la fantástica habitation, me encuentro de sopetón con un majestuoso caballo negro, silencioso, ávido de caricias.

Prosigo hacia el sur, y me cruzo con otra habitation, la de Malevaut, pero saturado ya de tanta habitation, paso y me dejo tentar por las bellas playas de Macabou y sus aguas verdes. Allí me pego un baño improvisado pues con tanta visita, si me despisto un poco más igual no me baño ningún día en Martinica.

Más al sur, llego al Cap Chevalier, donde los manglares se alternan con las playas. Unas barcas de pescadores ponen la nota de color mientras una mujer limpia la pesca del día.


"¡Pues ahora!"
Mañana os cuento.
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